TODOS LOS SANTOS

sábado, 27 de diciembre de 2008

DEL OFICIO DIVINO


Himno: TÚ QUE REVELASTE A JUAN.

Tú que revelaste a Juan
tus altísimos decretos
y los íntimos secretos
de hechos que sucederán,
haz que yo logre entender
cuanto Juan ha contado.
Déjame, Señor, poner
mi cabeza en tu costado.

Tú que en la cena le abriste
la puerta del corazón,
y en la transfiguración
junto a ti lo condujiste,
permíteme penetrar
en tu misterio sagrado.
Déjame, Señor, posar
mi cabeza en tu costado.

Tú que en el monte Calvario
entre tus manos dejaste
el más santo relicario:
la carne donde habitaste;
tú que le dejaste ser
el hijo bienadoptado.
Déjame, Señor, poner
mi cabeza en tu costado.

Y tú, Juan, que a tanto amor
con amor correspondiste
y la vida entera diste
por tu Dios y tu Señor,
enséñame a caminar
por donde tú has caminado.
Enséñame a colocar
la cabeza en su costado. Amén.

ORACIÓN

Dios nuestro, que nos descubriste los arcanos de tu Verbo por medio del apóstol san Juan, concédenos alcanzar una debida comprensión de todo aquello que él ha hecho llegar a nuestros oídos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

viernes, 26 de diciembre de 2008

Himno: CRISTO ES LA VIDA (FIESTA DE SAN ESTEBAN)



Ant. A Cristo recién nacido, que ha otorgado a Esteban la corona de la gloria, venid, adorémosle.

Cristo es la vida que, viniendo al mundo,
con sus heridas extirpó la muerte,
y, vuelto al Padre, a su derecha goza
reino perenne.

A él sigue Esteban, su primer discípulo,
galardonado de gloriosa suerte,
aquella que al morir le dio el Espíritu
benignamente.

Nube de piedras su existencia apaga,
sin que la rabia de los malos cese,
piadoso acaba perdonando a aquellos
sayones crueles.

Oh, te pedimos, santo protomártir,
hoy habitante de la paz celeste,
que, desde el alto empíreo, nos depares
gratas mercedes.

Gloria a la Trinidad hoy entonemos,
que a Esteban coronó en dichosa muerte:
luchó el mártir, triunfó, y reina en los cielos
gloriosamente. Amén.


ORACIÓN

Concédenos, Señor, imitar las virtudes de san Esteban, cuya entrada en la gloria celebramos; y, así como él supo rogar por sus mismos perseguidores, sepamos nosotros amar a nuestros enemigos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.


SAN ESTEBAN PROTOMARTIR


Dichoso tú Esteban: que por proclamar tu amor a Cristo
en la tierra te fuiste a acompañarlo a Él en el cielo.
Haz que seamos muchos, muchísimos los que con
nuestras palabras y buenas obras nos declaremos
amigos y seguidores de Jesús en esta vida y
seamos sus compañeros en el gozo eterno del Paraíso. Amén.


Se le llama "protomartir" porque tuvo el honor de ser el primer mártir que derramó su sangre por proclamar su fe en Jesucristo.

Después de Pentecostés, los apóstoles dirigieron el anuncio del mensaje cristiano a los más cercanos, a los hebreos, despertando el conflicto por parte de las autoridades religiosas del judaísmo.

Como Cristo, los apóstoles fueron inmediatamente víctimas de la humillación, los azotes y la cárcel, pero tan pronto quedaban libres, continuaban la predicación del Evangelio. La primera comunidad cristiana, para vivir integralmente el precepto de la caridad fraterna, puso todo en común, repartían todos los días cuanto bastaba para el sustento. Cuando la comunidad creció, los apóstoles confiaron el servicio de la asistencia diaria a siete ministros de la caridad, llamados diáconos.


Entre éstos sobresalía el joven Esteban, quien, a más de desempeñar las funciones de administrador de los bienes comunes, no renunciaba a anunciar la buena noticia, y lo hizo con tanto celo y con tanto éxito que los judíos “se echaron sobre él, lo prendieron y lo llevaron al Sanedrín. Después presentaron testigos falsos, que dijeron: Este hombre no cesa de proferir palabras contra el lugar santo y contra la Ley; pues lo hemos oído decir que este Jesús, el Nazareno, destruirá este lugar y cambiará las costumbres que nos transmitió Moisés”.



Esteban, como se lee en el capítulo 7 de Los Hechos de los apóstoles, “lleno de gracia y de fortaleza”, se sirvió de su autodefensa para iluminar las mentes de sus adversarios. Primero resumió la historia hebrea desde Abrahán haste Salomón, luego afirmó que no había blasfemado contra Dios ni contra Moisés, ni contra la Ley o el templo. Demostró, efectivamente, que Dios se revela aun fuera del templo, e iba a exponer la doctrina universal de Jesús como última manifestación de Dios, pero sus adversarios no lo dejaron continuar el discurso, porque “lanzando grandes gritos se taparon los oídos...y echándolo fuera de la ciudad, se pusieron a apedrearlo”.


Doblando las rodillas bajo la lluvia de piedras, el primer mártir cristiano repitió las mismas palabras de perdón que Cristo pronunció en la cruz: “Señor, no les imputes este pecado”. En el año 415 el descubrimiento de sus reliquias suscitó gran conmoción en el mundo cristiano.


Cuando parte de estas reliquias fueron llevadas más tarde por Pablo Orosio a la isla de Menorca, fue tal el entusiasmo de los isleños que, ignorando la lección de caridad del primer mártir, pasaron a espada a los hebreos que se encontraban allí. La fiesta del primer mártir siempre fue celebrada inmediatamente después de la festividad navideña, es decir, entre los “comites Christi”, los más cercanos a la manifestación del Hijo de Dios, porque fueron los primeros en dar testimonio de él.

sábado, 20 de diciembre de 2008

SANTO DOMINGO DE SILOS


Presbítero y abad
(+ 1073)

La vida de Santo Domingo de Silos la conocemos bien, pues la escribió un monje contemporáneo suyo, Grimaldo. Con estos materiales, Gonzalo de Berceo, coterráneo suyo, escribió un hermoso poema en "cuaderna vía" sobre la vida del Santo.

Nació Domingo en la villa riojana de Cañas, dominio entonces de los reyes de Navarra. Sus padres se llamaban Juan Manso y Toda. Fue pastor de niño, y repartía su merienda entre otros muchachos y con la leche de las ovejas restauraba las fuerzas de los peregrinos que iban a Compostela.

BOTICA DEL MONASTERIO

Luego se entregó con todo entusiasmo al estudio, no con afán de medros humanos, sino para santificarse y servir mejor a la Iglesia. Y fueron tales sus progresos que el obispo le ordenó sacerdote. Había subido poco a poco las gradas del altar. "Tal era como plata, mozo casto Gradero". (Era el primer grado, tonsura o rito de admisión). La plata tornó en oro, cuando fue Epistolero. (Cuando ya podía leer la Epístola o primera lectura de la Misa). El oro en margarita, cuando Evangelistero. (Cuando podía leer el Evangelio). Y cuando subió a Preste, se semejó a un lucero", (Berceo).

Un día Domingo se retiró a la soledad. Se encontró con Domingo de la Calzada, que construía puentes o calzadas para los peregrinos. Luego acudió a San Millán de la Cogolla y pidió el hábito benedictino.



Le encomendaron restaurar el monasterio de Cañas. En dos años lo levantó. Pronto entraron en él como monjes su padre y sus hermanos. Luego los monjes de San Millán lo reclaman como prior. Relizó allí una gran labor en todos los órdenes. Luchó para defender el monasterio de las apetencias del rey de Navarra, don García, que pretendía los tesoros del cenobio, con el pretexto de que los habían regalado sus antepasados.

Domingo le plantó cara: "Lo que una vegada es a Dios ofrecido, nunca en otros usos debe ser metido. Rey, guarda la tu alma, non hagas tal pecado, causaría sacrilegio, un crimen muy vedado". El rey se enfurece. Domingo le responde: "Puedes matar el cuerpo, la carne maltraer, mas non has en el alma, rey, ningún poder. Dizlo el Evangelio, que es bien de creer. El que las almas juzga, ese es de temer". Así se expresaba ya entonces la libertad interior. Idea que luego repetiría Calderón.


Domingo se vio obligado a expatriarse a Castilla, donde reinaba el hermano de García, Fernando, quien, al ver las cualidades de Domingo, le encargó la restauración del monasterio de San Sebastián de Silos, fundado o restaurado hacia el 919 por el conde Fernán González.


El monasterio tomaría el nombre de Domingo, por nuestro Santo, al que dio el apellido de Silos. Pronto fue un foco de espiritualidad, de arte y de cultura. En él se levanta el maravilloso claustro románico, ahora adornado con el esbelto ciprés, cantado por Gerardo Diego. Se enriquece la biblioteca con preciosos códices, como el Silense. Pero el principal tesoro es su abad, modelo de oración y penitencia y poder taumatúrgico.



Se le atribuyen muchas conversiones y curaciones y la libertad de cautivos. "Si fuéremos a Dios leales e derecheros, ganaremos coronas, que val más que dineros". El 20 de Diciembre de 1073 algunos monjes jóvenes vieron subir al cielo el alma de Domingo, con triple corona de luz.

Muchos peregrinos acudían a venerar sus reliquias y se multiplicaban los milagros. Entre ellos, acudió un día desde Caleruega la Beata Juana de Aza, esposa del señor de Guzmán. Entendió que tendría un hijo que sería luz del mundo. Y en gratitud le puso el nombre de Domingo, que luego sería Santo Domingo de Guzman.


miércoles, 10 de diciembre de 2008

SANTA EULALIA DE MÉRIDA


Mártir, nacida en Mérida y martirizada en esta misma ciudad en el año 304.

Cuando Eulalia cumplió los doce años apareció el decreto del emperador Diocleciano prohibiendo a los cristianos dar culto a Jesucristo, y mandándoles que debían adorar a los falsos ídolos de los paganos. La niña sintió un gran disgusto por estas leyes tan injustas y se propuso protestar entre los delegados del gobierno.

Viendo su madre que la joven podía correr algún peligro de muerte si se atrevía a protestar contra la persecución de los gobernantes, se la llevó a vivir al campo, pero ella se vino de allá y llegó a la ciudad de Mérida.

Eulalia se presentó ante el gobernador Daciano y le protestó valientemente diciéndole que esas leyes que mandaban adorar ídolos y prohibían al verdadero Dios eran totalmente injustas y no podían ser obedecidas por los cristianos.


Daciano intentó al principio ofrecer regalos y hacer promesas de ayudas a la niña para que cambiara de opinión, pero al ver que ella seguía fuertemente convencida de sus ideas cristianas, le mostró todos los instrumentos de tortura con los cuales le podían hacer padecer horriblemente si no obedecía a la ley del emperador que mandaba adorar ídolos y prohibía adorar a Jesucristo.


Y le dijo: "De todos estos sufrimientos te vas a librar si le ofreces este pan a los dioses, y les quemas este poquito de incienso en los altares de ellos". La jovencita lanzó lejos el pan, echó por el suelo el incienso y le dijo valientemente: "Al sólo Dios del cielo adoro; a El únicamente le ofreceré sacrificios y le quemaré incienso. Y a nadie más".

Entonces el juez pagano mandó que la destrozaran golpeándola con varillas de hierro y que sobre sus heridas colocaran antorchas encendidas. La hermosa cabellera de Eulalia se incendió y la jovencita murió quemada y ahogada por el humo.


Dice el poeta Prudencio que al morir la santa, la gente vio una blanquísima paloma que volaba hacia el cielo, y que los verdugos salieron huyendo, llenos de pavor y de remordimiento por haber matado a una criatura inocente. La nieve cubrió el cadáver y el suelo de los alrededores, hasta que varios días después llegaron unos cristianos y le dieron honrosa sepultura al cuerpo de la joven mártir. Allí en el sitio de su sepultura se levantó un templo de honor de Santa Eulalia, y dice el poeta que él mismo vio que a ese templo llegaban muchos peregrinos a orar ante los restos de tan valiente joven y a conseguir por medio de ella muy notables favores de Dios.


El culto de Santa Eulalia se hizo tan popular que hasta el gran San Agustín hizo sermones en honor de esta joven santa. Y en la muy antigua lista de mártires de la Iglesia Católica, llamada "Martirologio romano", hay esta frase: "el 10 de diciembre, se conmemora a Santa Eulalia, mártir de España, muerta por proclamar su fe en Jesucristo".


Himno a Santa Eulalia

Gloria y Honor a la mártir de Cristo

Que en la arena luchando valiente,

Esmaltó con su sangre inocente

de pureza el virgíneo cendal:

Que en el cielo su triunfo pregona,

Mientras Cristo su frente corona

Con la gloria del lauro inmortal.

Pura azucena, morado lirio,

Rosa fragante; flor de martirio;

Flor que embalsamas de auras de cielo

Nuestros hogares: Cuando tu velo

Como paloma posaste aquí,

Tú ser quisiste desde ese día,

Amparo siempre, consuelo y guía,

del que en sus penas se acoge a ti.

Tú nos bendices desde la altura

Donde en tu ermita, radiante y pura,

Luce tu imagen como la aurora,

Mirando a un pueblo que canta y ora

E implora siempre tu protección:

Que allí tu trono fijar Dios quiso

Como trasunto del Paraíso,

Como promesa de bendición.

Martir de Cristo, Virgen Sagrada,

A quien Dios hizo nuestra abogada:

Por ti alentados, la vida entera

Seguir queremos nuestra carrera

Bajo tu sombra; y en tu loor

Cantar fervientes himnos de gloria,

Como trofeo de tu victoria,

Como tributo de nuestro amor.

sábado, 6 de diciembre de 2008

SAN NICOLÁS DE BARI OBISPO

Este santo fue tan popular en la antigüedad, que se le han consagrado en el mundo más de dos mil templos. Era invocado en los peligros, en los naufragios, en los incendios y cuando la situación económica se ponía difícil, y la gente conseguía por su intercesión favores admirables.

Por haber sido tan amigo de la niñez, en su fiesta se reparten dulces y regalos a los niños, y prácticamente con esta fecha se empezaban las festividades de diciembre. Como en alemán se llama "San Nikolaus", lo empezaron a llamar Santa Claus, y lo pintan como un anciano vestido de rojo, con una barba muy blanca, que pasaba de casa en casa repartiendo regalos y dulces a los niños (entre nosotros lo llamaron Papá Noel).

De San Nicolás escribieron muy hermosamente San Juan Crisóstomo y otros grandes santos. Su biografía la escribió San Metodio, Arzobispo de Constantinopla, y de ella sacamos los siguientes datos curiosos.

Nació en Licia, Turquía, de padres muy ricos. Desde niño se caracterizó porque todo lo que conseguía lo repartía entre los pobres. Decía a sus padres: "sería un pecado no repartir mucho, siendo que Dios nos ha dado tanto".

Tenía un tío que era obispo y este lo consagró como sacerdote. Al morir sus padres atendiendo a los enfermos en una epidemia, él quedó heredero de una inmensa fortuna. Entonces repartió sus riquezas entre los pobres y se fue de monje a un monasterio. Después quiso visitar la Tierra Santa donde vivió y murió Jesús, y al volver de allá llegó a la ciudad de Mira (en Turquía) donde los obispos y sacerdotes estaban en el templo discutiendo a quién deberían elegir como nuevo obispo de la ciudad, porque el anterior se había muerto. Al fin dijeron: "elegiremos al próximo sacerdote que entre al templo". Y en ese momento sin saber esto, entró Nicolás y por aclamación de todos fue elegido obispo. Por eso se le llama San Nicolás de Mira.

La especialidad de este santo fueron los milagros tan numerosos que logró conseguir de Dios. Lo pintaban con unos niños, porque los antiguos contaban que un criminal hirió a cuchillo a varios niñitos, y el santo al rezar por ellos obtuvo su curación instantánea. También pintan junto a él a una señorita, porque en su ciudad había un anciano muy pobre con tres hijas y no lograba que se casaran por ser en tan extremo pobres. Entonces el santo por tres días seguidos, cada noche le echó por la ventana una bolsa con monedas de oro, y así el anciano logró casar a sus hijas muy bien.

Es Patrono de los marineros, porque estando unos marineros en medio de una terribilísima tempestad en alta mar, empezaron a decir: "Oh Dios, por las oraciones de nuestro buen Obispo Nicolás, sálvanos". Y en ese momento vieron aparecer sobre el barco a San Nicolás, el cual bendijo al mar, que se calmó, y en seguida desapareció.

Otro día iban a condenar injustamente a tres amigos suyos que estaban muy lejos. Ellos rezaron pidiendo a Dios que por la intercesión de Nicolás su obispo los protegiera. Y esa noche en sueños el santo se apareció al juez y le dijo que no podía condenar a esos tres inocentes. Y fueron absueltos.

El emperador Licino decretó una persecución contra los cristianos y Nicolás fue encarcelado y azotado, pero siguió aprovechando toda ocasión que se le presentaba, para enseñar la religión a cuantos trataban con él. Más tarde llegó el emperador Constantino y lo liberó a él junto con todos los demás prisioneros cristianos.

Luego apareció la herejía de Arrio que decía que Jesucristo no es Dios. San Nicolás se opuso con toda su sabiduría y con su gran ascendiente y no permitió que los arrianos entraran a su ciudad de Mira.

Dicen que el santo murió el 6 de diciembre del año 345.

En oriente lo llaman Nicolás de Mira, por la ciudad donde estuvo de obispo, pero en occidente se le llama Nicolás de Bari, porque cuando los mahometanos invadieron a Turquía, un grupo de católicos sacó de allí en secreto las reliquias del santo y se las llevó a la ciudad de Bari, en Italia.

En esa ciudad se obtuvieron tan admirables milagros al rezarle a este gran santo, que su culto llegó a ser sumamente popular en toda Europa. Es Patrono de Rusia, de Grecia y de Turquía. En Roma ya en el año 550 le habían construido un templo en su honor.

San Nicolás bendito, ruégale a Dios que nos libre de todo peligro del alma y del cuerpo.

HIMNO

Desde este mar proceloso
Oh Padre San Nicolás,
Conduce al puerto seguro
Desde la patria celestial.


De las luchas de la vida
Y mortales tempestades
Sálvanos por tu favor
Y virtudes singulares.


Siempre acudes en socorro
De cuantos tu auxilio imploran
Enfermos y navegantes
Pobres o ricos te invocan.


Por tu santidad eximia
E intercesión poderosa,
Haz que elegidos seamos
A la eternidad dichosa.


A los fieles que devotos
Vuestro culto propagamos
Haznos merecer la gloria
Amando a nuestros hermanos. Amén

Oración. Imploramos, Señor, suplicantes, tu misericordia, y por tu intercesión de San Nicolás, Obispo, guárdanos de todos los peligros, para que se nos muestre expedito el camino de salvación. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.

miércoles, 3 de diciembre de 2008

SAN FRANCISCO JAVIER



El 7 de abril de 1506 nació en el Castillo de Javier un niño al que llamaron Francisco. Sus padres eran dos nobles locales, María de Azpilcueta y Juan de Jaso, aunque en el futuro Francisco utilizaría siempre el apellido Javier.

Fue enviado a estudiar Literatura y Filosofía en la Sorbona de París. Hasta entonces, y aún durante algunos años, su mayor ambición era devolver a su familia el honor de antes de la guerra, en la que resultó empobrecida y humillada por la derrota.

Después de ocho años, a punto ya de terminar sus estudios, conoció al que desde entonces sería su mejor amigo, Iñigo de Loyola. Con paciencia, habilidad y muchos ejemplos personales, Iñigo fue mostrando a Francisco lo banal de los bienes materiales, repitiendo una frase del evangelio que terminó por convencerle de lo absurdo de su posición: "¿De qué te sirve ganar todo el mundo, todos los honores y riquezas si luego pierdes tu alma?"

Decidido ya a dedicar su vida a predicar el evangelio, viajó con Iñigo a Roma, donde se presentó ante el Papa Pablo III y fue ordenado sacerdote. Fue uno de los siete primeros religiosos con los que Iñigo, que con el tiempo sería canonizado como San Ignacio de Loyola, fundó la Compañía de Jesús o Comunidad de Padres Jesuitas.

Algún tiempo después, Javier expresaría muy gráficamente las nuevas prioridades de su vida: "¡Qué descanso vivir muriendo cada día, por ir contra nuestro propio querer, buscando no los propios intereses sino los de Jesucristo!"

La vocación misionera de Francisco le llevó primero a Italia y Portugal, para luego embarcar con rumbo a las Indias Orientales en calidad de nuncio del Papa. En La India predica tres años y tres meses, atendiendo una leprosería.

Realizó trece viajes de evangelización por La India, donde obtuvo entre las clases populares un éxito abrumador. Dormía en sus pobres chozas, compartía su arroz y sólo bebía agua. Viajó a Malaca durante seis meses y en varias islas de Las Molucas se detuvo durante un año y medio.

Su único equipaje eran su libro de oraciones y su incansable ánimo para enseñar, curar a enfermos, aprender idiomas extraños y bautizar conversos por millares. Dedicaba las noches a la oración y, si no lograba vencer el sueño, se acostaba unas horas en el suelo, junto al sagrario.

También solía dormir en los hospitales para estar cerca de los enfermos y le gustaba dar catequesis a los niños. Muy lejos ya de sus ambiciones materiales, solía exclamar: "Basta Señor: si me mandas tantos consuelos me vas a hacer morir de amor".

Cuando los enfermos eran demasiados para poder atenderlos a todos, entregaba a los niños su rosario, que llevaba siempre al cuello, y su solo contacto curaba a muchos de ellos de su enfermedad. Estas curaciones milagrosas las atribuía al poder de Dios, y en ningún modo a su propia santidad, que la gente solía atribuirle ya en vida.

Su predicación era constante y tenaz, regresando una y otra vez con diferentes medios hasta conseguir transmitir la fe a las personas a que se dirigía. Todos los que lo conocieron le describieron como una persona muy alegre y optimista, dispuesta a trasmitir a los demás la felicidad que le producía haber sido escogido por Dios para difundir su palabra.

Entonces regresa durante algo más de un año a La India y Malaca, donde conoce a Yajiro, samurai japonés al que bautizará como Paolo de Santa Fe. El le habló de un país en que tenían universidades y la gente se guiaba por la razón.

La isla había sido ya citada por Marco Polo con el nombre de Cipango, y algunos pocos occidentales la habían visitado unos años antes. Acompañado por sus compañeros jesuitas Cosme de Torres y Juan Fernández, embarcó en Cochin para un viaje de cuarenta y dos días a bordo de un junco pirata, enfrentándose a tifones y temporales.


Llegaron a Kagosima el 15 de agosto de 1549. Arropados por la familia de Yajiro y más tarde autorizados por el caudillo Shimazu Takahisa, fueron los primeros difusores del cristianismo entre "la mejor gente hasta ahora descubierta", como los definió Javier, pero con creencias profundamente arraigadas en el budismo y el sintoísmo.

Los propios sacerdotes bonzos del templo Fukushoji mantuvieron con ellos y sus prédicas una actitud benevolente y receptiva, manteniendo intensos debates filosóficos y religiosos. Los problemas entre ambas culturas empezarían tras la partida de Javier, culminando en una persecución y masacre de cristianos que se desarrolló durante siglos. En la actualidad menos del 1 % de la población japonesa es cristiana.

Javier tuvo que vestirse elegantemente y ejercer los títulos de nuncio papal y embajador del rey de Portugal porque los caciques japoneses despreciaban su pobre atuendo de misionero. En Hirado, Yamaguchi y Miyako estará dos años y tres meses, para luego regresar a La India.

Emprendió su último viaje con rumbo a China, país cerrado a los extranjeros pero en el que Javier depositaba grandes esperanzas. Fue abandonado y enfermó en la isla de Sancian, donde soportó estoicamente los sufrimientos de su enfermedad entre oraciones a Jesús y María.

Murió allí mismo el 3 de diciembre de 1552. A su entierro asistieron únicamente un catequista que lo acompañaba, un portugués y dos negros. Ese mismo día, el Cristo de nogal del siglo XIV, que aún se conserva, sudó sangre en la capilla del castillo de Javier.

Fue canonizado por el Papa Gregorio XV en 1622 y Pío X lo nombró Patrono de todos los misioneros. Sus restos, que fueron encontrados incorruptos al realizar su traslado, se conservan en Goa, ciudad portuguesa de la India donde situó su centro de evangelización.

En la carretera a Yesa se sitúa una Exposición Misional que relata las andanzas de San Francisco Javier por medio de paneles y dioramas. Este santo, patrono de la Comunidad Foral de Navarra, está considerado el más representativo de los misioneros cristianos y, en una época de peligros e incógnitas, uno de los primeros viajeros de la historia.

domingo, 30 de noviembre de 2008

SAN ANDRÉS APOSTÓL


San Andrés nació en Betsaida, población de Galilea, situada a orillas del lago Genesaret. Era hijo del pescador Jonás y hermano de Simón Pedro. La familia tenía una casa en Cafarnaum, y en ella se hospedaba Jesús cuando predicaba en esta ciudad.

Andrés tiene el honor de haber sido el primer discípulo que tuvo Jesús, junto con San Juan el evangelista. Los dos eran discípulos de Juan Bautista, y este al ver pasar a Jesús (cuando volvía el desierto después de su ayuno y sus tentaciones) exclamó: "He ahí el cordero de Dios". Andrés se emocionó al oír semejante elogio y se fue detrás de Jesús (junto con Juan Evangelista), Jesús se volvió y les dijo: "¿Qué buscan?". Ellos le dijeron: "Señor: ¿dónde vives?". Jesús les respondió: "Venga y verán". Y se fueron y pasaron con Él aquella tarde. Nuca jamás podría olvidar después Andrés el momento y la hora y el sitio donde estaban cuando Jesús les dijo: "Vengan y verán". Esa llamada cambió su vida para siempre.


Andrés se fue luego donde su hermano Simón y le dijo: "Hemos encontrado al Salvador del mundo" y lo llevó a donde Jesús. Así le consiguió a Cristo un formidable amigo, el gran San Pedro.

Al principio Andrés y Simón no iban con Jesús continuamente sino que acudían a escucharle siempre que podían, y luego regresaban a sus labores de pesca. Pero cuando el Salvador volvió a Galilea, encontró a Andrés y a Simón remendando sus redes y les dijo:


"Vengan y me siguen", y ellos dejando a sus familias y a sus negocios y a sus redes, se fueron definitivamente con Jesús. Después de la pesca milagrosa, Cristo les dijo: "De ahora en adelante serán pescadores de almas".


El día del milagro de la multiplicación de los panes, fue Andrés el que llevó a Jesús el muchacho que tenía los cinco panes. Andrés presenció la mayoría de los milagros que hizo Jesús y escuchó, uno por uno, sus maravillosos sermones. Vivió junto a Él por tres años.

En el día de Pentecostés, Andrés recibió junto con la Virgen María y los demás Apóstoles, al Espíritu Santo en forma de lenguas de fuego, y en adelante se dedicó a predicar el evangelio con gran valentía y obrando milagros y prodigios.


Una tradición muy antigua cuenta que el apóstol Andrés fue crucificado en Patrás, capital de la provincia de Acaya, en Grecia. Que lo amarraron a una cruz en forma de X y que allí estuvo padeciendo durante tres días, los cuales aprovechó para predicar e instruir en la religión a todos los que se le acercaban. Dicen que cuando vio que le llevaban la cruz para martirizarlo, exclamó: "Yo te venero oh cruz santa que me recuerdas la cruz donde murió mi Divino Maestro. Mucho había deseado imitarlo a Él en este martirio. Dichosa hora en que tú al recibirme en tus brazos, me llevarán junto a mi Maestro en el cielo".

Reliquia de San Andrés.

La tradición coloca su martirio en el 30 de noviembre del año 63, bajo el imperio cruel de Nerón.

La Iglesia romana ha concedido siempre dentro de su culto un lugar escogido para aquel a quien ella presenta con estos términos: «Andrés, siervo de Cristo, digno Apóstol de Dios, hermano de Pedro y compañero en el martirio» (Antífona del Magníficat). En efecto, si se da fe a las narraciones, los dos hermanos padecieron la misma clase de suplicio: Andrés fue crucificado en Patras (Grecia) en presencia del pueblo, como Pedro lo fuera en Roma en el circo de Nerón. La Iglesia de Constantinopla, por su parte, eligió por patrono al Apóstol, al que saluda como «el Primer llamado». Por eso, las dos «Iglesias hermanas» han querido hacer del icono del Beso de Pedro y Andrés la imagen de su camino hacia la unidad. Fue el obsequio del patriarca Atenágoras I al papa Pablo VI cuando ambos intercambiaron el ósculo de la reconciliación en el Monte de los Olivos el día de la Epifanía de 1964.


Cruz de San Andrés

La llamada Cruz de San Andrés es una cruz en forma de aspa muy utilizada en heráldica y en vexilología. Representa el martirio de San Andrés Apóstol, según una tradición muy antigua que cuenta que el apóstol fue crucificado en Patrás, capital de la provincia de Acaya, en Grecia. Lo amarraron a una cruz en forma de X y allí estuvo padeciendo durante tres días, los cuales aprovechó para predicar e instruir en la religión a todos los que se le acercaban.

Es representación de humildad y sufrimiento y en heráldica simboliza caudillo invicto en combate.

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