TODOS LOS SANTOS

viernes, 27 de febrero de 2009

SAN LEANDRO ARZOBISPO (AÑO 600)



Leandro significa: hombre con fuerza de león. (Le = león, Andro = fuerza).

San Leandro se ha hecho famoso porque fue el que logró que se convirtieran al catolicismo las tribus de visigodos que invadieron a España y el que logró que su rey se hiciera un fervoroso creyente.

Su madre era hija Teodorico, rey de los Ostrogodos, que invadieron a Italia. Tuvo tres hermanos santos. San Fulgencio, obispo de Ecija. San Isidoro, que fue el sucesor de Leandro en el arzobispado de Sevilla, y Santa Florentina.



LOS HERMANOS: SAN LEANDRO, SAN ISIDORO, SAN FLUGENCIO, SANTA FLORENTINA.


Desde niño se distinguió Leandro por su facilidad para hablar en público y por la enrome simpatía de su personalidad. Siendo muy joven entró de monje a un convento de Sevilla y se dedicó a la oración, al estudio ya la meditación.

Cuando murió el obispo de Sevilla, el pueblo y los sacerdotes lo eligieron a él para que lo reemplazara. Desde entonces Leandro se dedicó por completo a convertir a los arrianos, esos herejes que negaban que Jesucristo es Dios. El rey de los visigodos, Leovigildo, era arriano, pero San Leandro obtuvo que el hijo del rey, San Hermenegildo, se hiciera católico. Esto disgustó enormemente al arriano Leovigildo, el cual mandó matar a Hermenegildo. El joven heredero del trono prefirió la muerte antes que renunciar a su verdadera religión y murió mártir. La Iglesia lo ha declarado santo. La conversión de Hermenegildo fue un fruto de las oraciones y de las enseñanzas de San Leandro.

Leandro fue enviado con una embajada o delegación a Constantinopla y allá trabó amistad con San Gregorio Magno, que era embajador del Sumo Pontífice. Desde entonces estos dos grandes santos y sabios tuvieron una gran amistad que fue de mucho provecho para el uno y el otro. Se escribían, se consultaban y se aconsejaban frecuentemente. Y se cumplió lo que dice la Sagrada Escritura: "Encontrar un buen amigo, es mejor que encontrar un tesoro".

El rey desterró al obispo Leandro por haber convertido a Hermenegildo al catolicismo. Y el santo aprovechó el destierro para escribir dos libros contra el arrianismo, probando que Jesucristo sí es verdadero Dios y que los herejes que dicen que Cristo no es Dios, están totalmente equivocados.

El rey Leovigildo estando moribundo se dio cuenta de la injusticia que había hecho al desterrar a Leandro y lo mandó volver de España y antes de morir le recomendó que se encargara de la educación de su hijo y nuevo rey de España, Recaredo. Y esto fue algo providencial, porque el santo obispo se dedicó a instruir sumamente bien en la religión a Recaredo y lo hizo un gran católico. Y luego San Leandro demostró tal sabiduría en sus discusiones con los jefes arrianos que logró convertirlos al catolicismo. Y así toda España se hizo católica: El rey Recaredo , sus ministros y gobernadores y los jefes de los arrianos. El que más alegría sintió por esto fue el Sumo Pontífice San Gregorio Magno, el cual envió a San Leandro una carta de felicitación y lo nombró Arzobispo.



San Leandro reunió a todos los obispos de España en un Concilio en Toledo y allí dictaron leyes sumamente sabias para obtener la santificación de los sacerdotes, y el buen comportamiento de los fieles católicos. Para recordarle a la gente que Jesucristo es Dios como el Padre y el Espíritu Santo, mandó este buen arzobispo que en la Santa Misa se recitara el Credo que ahora se dice en las Misas de los domingos (costumbre que después siguió la Iglesia católica en todo el mundo).

Dios, a las personas que quiere hacer llegar a mayor santidad las hace sufrir más, para que ganen más premios en el cielo. San Leandro sufrió de muchas enfermedades con gran paciencia. Y uno de los males que más lo atormentó fue la gota, en las piernas (o inflamación dolorosa de las articulaciones por cristalización del ácido úrico). El Papa San Gregorio, que también sufría de ese mismo mal, le escribió diciéndole: "Dichosa enfermedad que nos hace ganar méritos para el cielo y al obligarnos a estar quietos nos brinda la ocasión de dedicarnos más al estudio y a la oración".

San Leandro murió en el año 596 y España lo ha considerado siempre como un gran benefactor y como Doctor de la Iglesia.

San Leandro bendito: que también los gobernantes de ahora se conviertan como tu discípulo Recaredo, en fervientes católicos. Amen.

Quien aparta a un pecador de su mal camino, asegura su propia salvación (Apóstol Santiago)

jueves, 19 de febrero de 2009

LOS SANTOS OBRA MAESTRA DEL ESPÍRITU SANTO


VATICANO - “AVE MARÍA” por mons. Luciano Alimandi - Los Santos: ¡obra maestra del Espíritu Santo!
Ciudad del Vaticano (Agencia Fides) – Los Santos y las Santas que nos acompañan a lo largo del Año litúrgico y cuya memoria celebramos, nos dicen claramente que el Evangelio que proclaman, no sólo con los labios sino también con el testimonio de su vida, que llega en los mártires hasta la efusión de sangre, ha tenido el poder de transformar esa vida en una existencia llena de Dios.
Toda promesa evangélica se realiza porque Quien la ha hecho es Dios y quienes corresponden a sus deseos, manifestados plenamente por el Señor Jesús, llegan a ser realmente sus hijos, ciudadanos de su Reino y participan en la vida de gracia que vivifica su Iglesia que es en la tierra el signo visible de este Reino. Como las promesas contenidas en las Bienaventuranzas, que en los Santos se ven realizadas espléndidamente, así también toda palabra del Señor, que encuentra eco en la vida del discípulo, da frutos abundantes, a veces el treinta, a veces sesenta, a veces cien (cf. Mt 13, 8). Todo depende de cuan adherente es el comportamiento del creyente, tanto interior como exterior, a la palabra del Evangelio. La semejanza con Jesús es, en efecto, santidad: cuanto mayor imitación de Cristo tanto mayor santidad. Es por esto que la Iglesia, antes de proclamar la heroicidad de las virtudes de un siervo o de una sierva de Dios, estudia a fondo su comportamiento, escrutando su testimonio integral. La santidad evangélica, en efecto, está totalmente encarnada en la vida, no es teórica sino práctica, genera obras de santidad, más o menos escondidas, pero reales, como son reales las virtudes. Estas obras justas de los santos forman la vestimenta brillante de lino puro que adorna a la Iglesia, Esposa del Cordero (cf. Ap 19, 8-9).
Sólo quienes ponen en práctica el Evangelio son reconocidos como verdaderos discípulos del Cordero y se sientan en su banquete de bodas, es decir, comparten con Él, en el Cielo, la gloria, el honor y el poder que el Padre le ha dado. Son estos los “Siervos de Dios” que iluminan el mundo como las estrellas iluminan la noche, son ellos los más grandes benefactores de la humanidad, porque “no hay amor más grande que dar la vida por los amigos” (Jn 15, 13). Ellos, los Santos, eran amigos de todos los hombres, sin distinción de ningún tipo. Que hermoso saber que en Jesús, un San Francisco, un Santo Domingo, una Santa Teresa del Niño Jesús… han dado la vida también por nosotros, para que podamos tener el coraje de hacer como ellos, de llegar a ser auténticos amigos de Jesús: sin ninguna reserva por Él, con un amor incondicionado que se dona sin reservarse nada para sí no para el mundo. ¿Quién más, sino Dios mismo, en Jesucristo, es digno de este amor?
El camino de la santidad cristiana es posible, sin embargo, sólo cuando se instaura con el Espíritu Santo una relación tan esencial que Él se convierte verdaderamente, en modo permanente, el Huésped dulce del alma.
San Pablo nos recuerda que sólo por medio del Espíritu de Jesús es posible invocar a Dios como nuestro Padre (cf. Rm 8, 15; Gal 4, 6). La invocación al Espíritu Santo debería impregnar la vida de todo auténtico discípulo del Señor que anhele la santidad. El Espíritu Santo, en efecto, ilumina nuestra mente e infunde fuerza a nuestra voluntad para discernir el bien del mal y escoger siempre aquello que es agradable a Dios. Para cada uno de nosotros es imposible vencer esta batalla espiritual que atraviesa completamente nuestra existencia humana, sin el apoyo buscado y acogido por la Fuerza que viene de lo Alto.
Cuando, en la Secuencia de Pentecostés, invocamos “lava lo que es sórdido, riega lo que es árido, sana lo que está enfermo, dobla lo que está rígido, calienta lo que está helado, endereza lo que está desviado”, le pedimos al Espíritu Santo que nos sane, nos libere, nos convierta, nos transforme. ¿Dónde, en efecto, hay que lavar, sanar, doblar, calentar, enderezar, si no en lo íntimo de nuestros corazones, allí donde se basa la verdadera vida del hombre, justamente en su alma? El Santo Padre, en modo magistral, ha indicado a los jóvenes reunidos en Sydney esta acción maravillosa del Espíritu Santo, al Que ha dedicado todo el encuentro mundial de la juventud 2008:
“La fuerza del Espíritu Santo jamás cesa de llenar de vida a la Iglesia. A través de la gracia de los Sacramentos de la Iglesia, esta fuerza fluye también en nuestro interior, como un río subterráneo que nutre el espíritu y nos atrae cada vez más cerca de la fuente de nuestra verdadera vida, que es Cristo. San Ignacio de Antioquía (...) ha hablado del Espíritu como de una fuente de agua viva que surge en su corazón y susurra: ‘Ven, ven al Padre’ (cf. A los Romanos, 6,1-9). Sin embargo, esta fuerza, la gracia del Espíritu Santo, no es algo que podamos merecer o conquistar; podemos sólo recibirla como puro don. El amor de Dios puede derramar su fuerza sólo cuando le permitimos cambiarnos por dentro. Debemos permitirle penetrar en la dura costra de nuestra indiferencia, de nuestro cansancio espiritual, de nuestro ciego conformismo con el espíritu de nuestro tiempo. Sólo entonces podemos permitirle encender nuestra imaginación y modelar nuestros deseos más profundos. Por esto es tan importante la oración: la plegaria cotidiana, la privada en la quietud de nuestros corazones y ante el Santísimo Sacramento, y la oración litúrgica en el corazón de la Iglesia.
Ésta es pura receptividad de la gracia de Dios, amor en acción, comunión con el Espíritu que habita en nosotros y nos lleva, por Jesús y en la Iglesia, a nuestro Padre celestial. En la potencia de su Espíritu, Jesús está siempre presente en nuestros corazones, esperando serenamente que nos dispongamos en el silencio junto a Él para sentir su voz, permanecer en su amor y recibir ‘la fuerza que proviene de lo alto’, una fuerza que nos permite ser sal y luz para nuestro mundo” (Benedicto XVI, Homilía en Sydney del 20 de julio del 2008). (Agencia Fides 18/2/2009; líneas 64, palabras 1016)

miércoles, 18 de febrero de 2009


de 1844 a las dos de la tarde, en Lourdes, una pequeña ciudad de Francia meridional, en el departamento de los Altos Pirineos, nació una niña cuyos padres, Luisa Castérot y Francisco Soubirous, le impusieron el nombre de María Bernarda; Bernadette, como todos la llamarían después y como la conocería luego el mundo entero

Bernadette, la primogénita, nacía en una pequeñísima y humilde casa, el molino de Boly, a orillas del torrente Lapaca. Pronto salió de ahí. Tenia pocos meses cuando su madre, que aguardaba otro hijo, sufrió graves quemaduras en el fuego del hogar. Bernadette es entonces llevada a Bartrés, a unos 4 kilómetros de Lourdes, a casa de María Laguës que acababa de perder a su hijito Juan, de tan solo dieciocho días. Bernadette, acompañada por su madrina Bernarda, llega a la casa Burg en la que permanece un año. El 1 de abril de 1846 vuelve a Boly. Pero la situación de la familia Soubirous no es buena; las dificultades económicas cada vez mayores obligan a Francisco Soubirous a buscar otra vivienda más pobre y modesta que la anterior. Se trasladan provisoriamente a la casa Laborde.




Pero no son años fáciles. Durante el otoño de 1855 Bernadette es alcanzada por la epidemia de cólera, que en pocos meses cobró treinta víctimas. La salud de la niña, endeble por las privaciones sufridas en la primera infancia, recibe un nuevo golpe. Durante toda su breve existencia Bernadette llevará impresas en su frágil cuerpo las huellas de sus varias dolencias, principalmente el asma. Pero parece que las enfermedades, al debilitar el cuerpo de Bernadette, fortalecían al mismo tiempo su espíritu. Al cabo de un año, otro traslado. Esta vez, a un nuevo molino distante 4 kilómetros de Lourdes. Bernadette se ocupa de la hermana Toinette y de los hermanitos Juan María y Justino. Los peregrinajes, sin embargo, no han terminado. Francisco Soubirous tiene un primo, Andrés Sajous, propietario de la vieja prisión ahora fuera de uso. Y aquí, en la parte mas triste de la cárcel, en el llamado cachot (4,40 m por 4), es donde vivirá Bernadette algunos años de su vida.




En septiembre de 1857, María Lagues, que ya la había acogido en Bartrés, la llama nuevamente para que la ayude en las labores de la casa, en las faenas del campo y en el cuidado del rebaño de ovejas. En Bartrès se ve obligada a interrumpir la modesta educación religiosa que había iniciado en Lourdes. Todavía no sabe leer ni escribir pero está empeñada en recibir la Primera Cornunión. Por la noche, después de largas horas de labor, la niña repite de memoria las fórmulas de catecismo. Finalmente, en enero de 1858 vuelve Bernadette a Lourdes y al cachot en la calle des Petits Fossés. Llega en febrero de ese año, es un jueves. En la casa se ha terminado la leña y Bernadette se ofrece para ir a recogerla, allá abajo, hacia el torrente Gave, con su hermana Toinette y Juana Abadie, a quien llaman Baloum. Las tres niñas descienden hasta el lugar denominado Masse-Vieille (hoy llamado Massabielle): es une fuerte roca que cubre una gruta alargada, de unos ocho metros de ancho.

Exactamente en este lugar las tres niñas divisan un haz de leña que la corriente del Gave había arrastrado hasta allí, pero para alcanzarlo es necesario atravesar el torrente, y Bernadette, temerosa de internarse en el agua helada, vacila un momento y mientras las otras, decididas, cruzan el torrente, ella demora aún y se retrasa para quitarse las medias. Narró después Bernadette que en ese instante oyó un fuerte rumor de viento, pero al volverse vio que todo estaba tranquilo y que los árboles no se habían movido.


Otra vez oyó el mismo rumor pero entonces vio a una Señora en el interior de la gruta. La describió vestida de blanco, con un velo blanco que le cubría la cabeza, un lazo celeste, dos rosas sobre cada pie y un rosario de cuentas blancas. La Señora comenzó a recitar el rosario seguida pronto por la niña. De golpe, y después de haberle sonreído, desapareció. Fue ésta la primera visión de Bernadette Soubirous: tan sólo la primera de una larga serie de visiones, dieciocho, que se sucedieron desde aquel 11 de febrero de 1858 hasta el 16 de Julio.




Durante las apariciones de la Señora (que Bernadette había llamado aquello, es decir aquello), Bernadette entra en éxtasis, reza, sonríe y habla con aquella aparición que ella, y sólo ella, puede contemplar en toda su belleza. A quien mucho tiempo después le preguntará si la Señora era realmente tan hermosa, Bernadette responderá: Tan hermosa que después de haberla visto una vez se desea morir para poder volver a verla . Pero Bernadette, sola en sus éxtasis, no estará nunca sola en la gruta.

La gente, que ha sabido de las apariciones de la Señora vestida de blanco a la pequeña Bernadette, la sigue cuando desciende a la gruta para orar. Están los curiosos, los guardianes, el párroco de Lourdes, pero están también, y son los mas numerosos, los que creen en las visiones de Bernadette. Aumentan rápidamente: de pocas decenas alcanza en poco tiempo a varios millares.

El martes 2 de marzo Aqueró pide dos cosas a Bernadette: que se hagan procesiones a la gruta y se construya ahí mismo una capilla en su honor. Pero, en honor de quien? preguntan los altos prelados a quienes Bernadette ha referido el coloquio. Es una pregunta que hallará respuesta el 25 de marzo; la Señora es la Inmaculada Concepción. Esto es lo que Bernadette refiere al clero.



Es la cumbre, el punto más alto en su significado, de las apariciones de Massabielle. Estas terminarán el 16 de julio, Un viernes; pero antes de ese día Bernadette habrá realizado su gran sueño, recibir la Primera Comunión el día de la fiesta del Santísimo Sacramento. A pesar del acontecimiento sobrenatural que ha sacudido la simplicidad de su vida, Bernadette sigue siendo la misma. Humilde como siempre, ha continuado sus tareas domésticas y ha seguido sus estudios. También su salud sigue siendo la misma.
En Julio de 1860, invitada por las religiosas se dirigen el Hospicio de Nevers, Bernadette deja la casa y permanece como enferma dos años entre ellas (1861 y 1862).

En agosto de 1864 solicita ser admitida en la congregación de las hermanas de Nevers y así, el 3 de junio de 1866, abandona para siempre su pequeña ciudad y, sobre todo, deja su gruta. el 30 de octubre de 1867, en Nevers, Bernadette pronunció sus votos temporarios y, finalmente, con los votos a perpetuidad, se transforma en Sor María Bernarda.


La enfermedad no le dio tregua: el 15 de abril de 1879, aproximadamente a las tres de la tarde, expiró.

Bernadette podía decir en verdad que mora feliz, ante todo porque finalmente volvería a ver a su Señora (en Nevers repetía siempre que en Lourdes la gruta era mi Cielo). Luego, porque desde el 13 de enero de 1862 se había publicado una Ordenanza Episcopal en la que se afirmaba la autenticidad de las visiones aparecidas a Bernadette Soubirous y finalmente porque ya se había levantado la capilla. La iglesia, de grandes proporciones, acogía a los peregrinos y a los fieles de todo el mundo, a los enfermos procedentes de todas partes de la tierra que buscaban aquí, en el agua surgente de la roca, su última esperanza de curación.



Los milagros se multiplicaban en el tiempo y la Iglesia, la oficial, debía reconocer e inclinarse ante un milagro más alto, el de la revelación de la Virgen a la humilde pastorcita de Lourdes.

lunes, 16 de febrero de 2009

SANTA JULIANA

Cuando llegó la paz de Constantino, la matrona Sofronia tomó las reliquias del cuerpo de la mártir Juliana con la intención de llevarlas consigo a Roma. Por una tempestad, tuvo que desembarcar en Puzoli donde le edificó un templo que luego destruyeron los lombardos. Las reliquias se vieron peligrar y prudentemente se trasladaron a Nápoles donde reposan y se veneran con gran devoción.


SANTA JULIANA EN LA FACHADA DE LA COLEGIATA


En Nicomedia tuvieron lugar los hechos, de mil maneras narrados y con toda clase de matices comentados, en torno a esta santa que hizo un proyecto de su vida contrapuesto al deseado por su padre. Los narraré escuetamente adelantando ya que fue por la persecución de Maximiano.

Juliana es hija de una conocida familia ilustre pero con un padre pagano metido en el ejercicio del Derecho - que cuando llega el momento llega a convertirse en perseguidor de los cristianos - y una madre agnóstica. Ella, por la situación del entorno familiar nada favorable para la vivencia cristiana, se ha hecho bautizar en secreto. Además se le ha ocurrido entregarse enteramente a Cristo y no entra el casamiento en sus planes de futuro. Este es el marco.

COLEGIATA ROMÁNICA DE SANTA JULIANA


La dificultad del caso comienza cuando Eluzo, que es un senador joven, quiere casarse con Juliana. La cosa se pone aún más interesante porque, conociendo que Eluzo bebe los vientos por su hija, ya ha concertado el padre el matrimonio entre el senador y la joven, comprometiendo su honorabilidad.

La supuesta novia lo recibe amablemente y con cortesía haciendo gala de su esmerada educación. Pero, al llegar el momento culminante de los detalles matrimoniales, salta sobre el tapete una condición al aspirante con la intención de desligarse del compromiso. No lo aceptará -le dice- mientras no sea juez y prefecto de la ciudad. Claro que eso era como pedir la luna; pero se vio pillada en sus palabras ya que en poco tiempo, gracias a influencias, dinero y valía personal, Eluzo se ha convertido en juez y prefecto de Nicomedia; además, continúa insistiendo en sus pretensiones matrimoniales con Juliana. La doncella mantiene la dignidad dándole toda clase de felicitaciones y parabienes, al tiempo que le asegura no poder aceptar el matrimonio hasta que se dé otra condición imprescindible para cubrir la sima que los separa: debe hacerse cristiano.


Ante tamaño disparate es el propio Eluzo quien pondrá al padre al corriente de lo que está pasando y de la «novedad» que se presenta. «Si eso es verdad, seremos juez y fiscal para mi hija». Juliana sólo sabe contestar a su padre furioso que ansía ser la primera dama de la ciudad, pero que sin ser cristiano, todo lo demás lo estima en nada.

«Por Apolo y Diana! Más quiero verte muerta que cristiana».

Convertida al cristianismo, se destacó por su entusiasmo y ardor en la difusión de la fe, por lo que fue encarcelada, torturada y finalmente decapitada el año 305. Su cuerpo fue trasladado a Cumas, en Italia, y posteriormente su reliquias llegaron a España, donde en su honor los condes de Castilla levantaron el célebre monasterio de Santillana (Santa Ileana), uno de los mejores monumentos de la Edad Media española


FACHADA DE LA COLEGIATA DE SANTA JULIANA EN SANTILLANA (SANTA ILEANA) (SANTANDER)

En la conversación tratará a su padre con respeto y amor de hija, pero... «mi Salvador es Jesucristo en quien tengo puesta toda mi confianza». Vienen los tormentos esperados cuando las razones no son escuchadas. Estaño derretido y fuego; además, cárcel para darle tiempo a pensar y llevarla a un cambio de actitud. Finalmente, con 18 años, se le corta la cabeza el 16 de febrero del 308.

INTERIOR DE LA COLEGIATA

sábado, 14 de febrero de 2009

SAN CIRILO Y SAN METODIO


CIRILO.

Apóstol de los eslavos.
Nacido en Tesalónica, en la nobleza griega. Hizo brillantes estudios en Constantinopla y enseñó filosofía en esa ciudad. Como monje tomó el nombre de Cirilo. Evangelizó en Rusia con gran éxito.

En el 863, se dirigió con su hermano Metodio a evangelizar a Moravia en la lengua nativa. Algunos del clero occidental se les opusieron y rehusaron ordenar a sus candidatos al sacerdocio.

Desarrollaron el alfabeto de la lengua eslava. Después de críticas por usar este lenguaje en la liturgia, fue aceptado.

Entre los dos publicaron los textos litúrgicos en lengua eslava escritos en caracteres "cirílicos", como después se designaron en honor a San Cirilo. Promovieron grandemente la cultura y la fe.

Llamados a Roma, Cirilo murió allí el 14 de febrero del año 869. Puede que haya sido obispo o que se haya muerto antes de la consagración.

METODIO
Consagrado obispo, marchó a Panonia, donde desarrolló una infatigable labor de evangelización. Tuvo que sufrir mucho a causa de los envidiosos, pero contó siempre con el apoyo de los papas. Evangelizó en Moravia, Bohemia, Panonia y Polonia. Bautizó a San Ludmila y al duke Boriwoi. Fue arzobispo de Vellehrad, Eslovaquia, donde fue apresado en el 870 por la oposición del clero alemán. Algunos le acusaron de hereje, pero siempre fue liberado de cargos. Tradujo la Biblia a la lengua eslava.

Murió el 6 de abril del año 885 en la ciudad eslovaca de Vellehrad.

Acrecienta tu Iglesia, y reúne a todos sus miembros en la unidad
De la Vida eslava de Constantino Cirilo
(Cap. 18: Denkschriften der kaiserl. Akademie der Wissenschaften 19, Viena 1870, p. 246)

Cargado de trabajos, Constantino Cirilo cayó enfermo; estuvo muchos días con fiebre y un día tuvo una visión de Dios y empezó a cantar así:

«Qué alegría cuando me dijeron: «Vamos a la casa del Señor»; se regocijan mi corazón y mi espíritu».

Revestido de sus ornamentos, se pasó todo aquel día lleno de contento, diciendo:

«Desde ahora ya no soy siervo ni del emperador ni de hombre alguno sobre la tierra, sino sólo de Dios todopoderoso. Primero no existía, luego existí, y existiré para siempre. Amén».

Al día siguiente se vistió con el santo hábito monástico y, como quien añade luz a la luz, se impuso el nombre de Cirilo. Permaneció con este hábito durante cincuenta días.

Llegada la hora de recibir el merecido descanso y emigrar a las moradas eternas, levantó las manos hacia Dios, diciendo entre sollozos:

«Señor Dios mío, que creaste todas las jerarquías angélicas y las potestades incorpóreas, desplegaste el cielo y afirmaste la tierra y trajiste todas las cosas de la inexistencia a la existencia, que escuchas continuamente a los que hacen tu voluntad, te temen y guardan tus preceptos: escucha mi oración y guarda a tu fiel rebaño, que encomendaste a este tu siervo inepto e indigno.

Líbralos de la impiedad y del paganismo de los que blasfeman contra ti, acrecienta tu Iglesia y reúne a todos sus miembros en la unidad. Haz que tu pueblo viva concorde en la verdadera fe, e inspírale la palabra de tu doctrina, pues tuyo es el don que nos diste para que predicáramos el Evangelio de tu Cristo, exhortándonos a hacer buenas obras que fueran de tu agrado. Te devuelvo como tuyos a los que me diste; dirígelos con tu poderosa diestra y guárdalos bajo la sombra de tus alas, para que todos alaben y glorifiquen el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén».

Y, besando a todos con el ósculo santo, dijo:

«Bendito el Señor, que no nos entregó en presa a sus dientes; hemos salvado la vida como un pájaro de la trampa del cazador; la trampa se rompió, y escapamos».

Y con esto se durmió en el Señor. Tenía cuarenta y dos años de edad.

El papa ordenó que todos los griegos residentes en Roma, así como los romanos, asistieran con cirios al funeral de aquel santo varón, y que lo hicieran como si del mismo papa se tratase.

Oración

Dios, que iluminaste a los pueblos eslavos mediante los trabajos apostólicos de los santos hermanos Cirilo y Metodio, concédenos la gracia de aceptar tu palabra y de llegar a formar un pueblo unido en la confesión y defensa de la verdadera fe. Por nuestro Señor Jesucristo.

www.corazones.org

viernes, 13 de febrero de 2009

BEATO JORDÁN DE SAJONIA (1237)


Nació en Sajonia (al sur de Alemania) en el Castillo de Bochergue hijo de los condes de Ebersteins.
En 1210, a los 20 años lo envían a Francia, a estudiar en la Universidad de Paris.
Allí estudia: Matemáticas, Literatura, Filosofía, Derecho Canónico, Sagrada Escritura, Teología. Es un joven muy piadoso e inteligente.

Año de 1219- Jordán tiene 29 años, es subdiácono y bachiller en Teología.

Santo Domingo de Guzmán le envió a un hombre de toda su confianza (a Fray Reginaldo) a que le propusiera hacerse religioso dominico, y aceptó. El Miércoles de Ceniza del año 1220 entró a la Comunidad de Santo Domingo.

El caso de Jordán de Sajonia es uno de los más impresionantes de la historia. Un hombre que entra a una comunidad y a los solos tres años de estar de religioso reemplaza al santo Fundador y llega a ser Superior General de toda la Comunidad.

Jordán sobresalía por su gran elocuencia y por la eficacia maravillosa de su palabra para conmover los corazones de los creyentes.

Fue el sucesor de Santo Domingo de Guzmán, y el gran propagador de la Comunidad de Padres Dominicos.

Primero fue nombrado superior Provincial de la región más difícil de gobernar que tenía esa comunidad, que era la Lombardía, Italia.

Luego al morir santo Domingo, en 1222, los delegados de toda su Orden religiosa lo eligen como Superior General y reemplazo del fundador. Y en este cargo dura 15 años, hasta su muerte en 1237. Santo Domingo tiene el honor de haber sido el fundador de la Comunidad de Padres Dominicos, pero Jordán de Sajonia fue el gran propagador de esta comunidad. Basta con recordar que durante su mandato se fundaron 249 Casas de Congregación y se hicieron seis nuevas provincias de religiosos.

Dicen que Jordán de Sajonia es el Patrono de los Capellanes de Universidades, porque este santo sacerdote recibió de Dios unas cualidades admirables para lograr ejercer influencia entre los universitarios. Por nueve años había estudiado en la más famosa Universidad de La Sorbona en Paría, y allí aprendió muchas técnicas para lograr influir en favor de los estudiantes. Su gran preocupación fue siempre lograr hacer mejores a los que estudiaban en las Universidades.

Un año predicaba la cuaresma en la Universidad de París y al año siguiente en la concurridísima Universidad de Bolonia y al tercer año se dirigía a predicar a la Universidad de Oxford, en Inglaterra, y en todas partes los frutos espirituales que cosechaba eran admirables. En la Universidad de Alemania conquistó para su comunidad al más grande sabio en ciencias naturales de su época, a San Alberto Magno. Y conquistó también a Pedro de Tarantasia, que llegó a ser después el Pontífice Inocencio Quinto.

Un famoso profesor de universidad previno a sus alumnos para que no se dejaran convencer por los discursos de Jordán, pero al oírle uno de sus elocuentes sermones, se convirtió él también en uno de sus más fervientes admiradores.

Uno de los antiguos biógrafos, compañero suyo, dice: "Las casas religiosas donde habitaba el Padre Jordán parecían colmenas, por los muchos jóvenes que entraban a hacerse religiosos, y por los muchos que de allí salían para ser superiores de otras casas religiosas. Por eso él al llegar a un convento mandaba hacer muchos hábitos religiosos, teniendo confianza en que Dios le enviaría muy numerosas vocaciones, y así le sucedía en todas partes".

El Padre Jordán no sólo se iba a las universidades a conseguir jóvenes muy bien instruidos, para que se hicieran religiosos, sino que también se iba a los campos y a los barrios obreros a invitar muchachos sanos, aunque fueran ignorantes, a que entraran en la comunidad. Y esto le valió la acusación de que él recibía a gentes que no le iban a dar gloria a su Congregación.
Y sucedió una vez que recibió a unos 60 muchachos tan poco estudiados que casi no eran capaces ni de leer los salmos en la oración de la comunidad. Y a quienes lo criticaban por recibir esta clase de gentes, les respondió con unas palabras que resultaron ser una profecía o anuncio de lo que iba a suceder en el futuro: "Ténganles paciencia por ahora y concédanles tiempo para instruirse poco a poco, que un día se convertirán en grandes predicadores". Y esto se cumplió exactamente varios años después.

Cuando Dios le confía a una persona un oficio especial, le concede las cualidades que para ese oficio necesita. Y al Padre Jordán le confió Dios el oficio de conseguir muchísimas vocaciones para la vida religiosa, y por eso le concedió unas cualidades admirables. Recordemos algunas:

El Padre Jordán tenía unas cualidades que excedían a las que posee el común de las gentes. Dicen los que vivieron junto a él que la austeridad en el dominio de su lengua, de sus ojos y de la gula era algo impresionante, pero que sobre todo llamaba la atención el modo heroico como dominaba su ira para no ofender a nadie ni amargar la vida a ninguno.

Y no es que no fuera valiente. Cuando el emperador Federico II empezó a atacar ferozmente al Sumo Pontífice y a la religión, el Padre Jordán se fue al palacio y le dijo frente a frente al Emperador que ésta conducta era reprensible y que si no cambiaba de modo de proceder le llegarían desgracias muy grandes.

Pero con los pequeños sabía hacerse pequeño y con los débiles era extraordinariamente comprensivo. El tenía por cierto lo que más tarde afirmará y repetirá San Francisco de Sales, que "más moscas se logran cazar con una cuchara de dulce miel que un barril de amarga hiel".

Sus contemporáneos alababan mucho "las dotes de buen amigo" que poseía el Padre Jordán. Comprensivo, lleno de caridad, con deseos continuos de amoldarse a los demás para poder hacerles mayor bien. El mismo lo dice en uno de sus escritos: "Siempre me esforcé por tratar de estar de acuerdo con los demás en todo lo bueno y por tratar de no chocar contra nadie.

Quise colocarme en el sitio de los otros para poder comprenderlos mejor.
Nunca preferí mis propios gustos en contraposición de los de los demás.
Con los soldados traté de amoldarme a ellos como si yo fuera un soldado.
Con los campesinos como si fuera un campesino. Y sobre todo me propuse ser extremadamente comprensivo con los que sufren tentaciones, angustias y depresiones".

San Pablo recomienda a los seguidores de Cristo: "Rían con los que ríen, y lloren con los que lloran" (Rom. 12, 15). Es lo que hizo siempre Fray Jordán. Leamos un ejemplo: Una noche estaba rezando los salmos con un grupo de jóvenes recién llegados a su Comunidad, y de pronto a uno de ellos le vino una risa nerviosa y no fue capaz de controlarla, y enseguida los demás compañeros se contagiaron también y empezaron a reír todos, y no se pudo seguir el rezo. Uno de los superiores quiso regañarlos, pero el Padre Jordán les dijo: "Mis buenos jóvenes: tenemos que reírnos alegremente porque hemos logrado salirnos de la esclavitud del pecado y de los vicios en que nos tenía presos el mundo y ahora hemos llegado a ser del grupo de los preferidos de Dios. ¡Riámonos pues alegremente! Y él personalmente participó de aquella alegría juvenil.

Alguien le preguntó si un Padrenuestro rezado por un ignorante valía menos que uno rezado por un gran doctor de la Teología, y él respondió: "Un diamante vale lo mismo si está en manos de un sabio, que si está en manos de un analfabeta". Otro le preguntó: ¿Qué es más necesario para la vida del alma: rezar o meditar? Y le dijo: "Eso es como preguntar qué es más necesario para la vida del cuerpo si comer o beber. Ambas cosas son sumamente necesarias". Alguien le dijo: ¿Cuál es la posición mejor para rezar, sentado, arrodillado, de pies o postrado? Y respondió: "La mejor posición para rezar es aquella en la cual cada uno se siente mejor, con más fervor y con más inclinación a rezar bien". (Esta frase la repitió textualmente el Papa Pío XI, 700 años después de haber sido pronunciada por nuestro santo). El superior de una Comunidad le pidió que le quitara aquel cargo, aduciendo que ese oficio le traía cuatro males: orgullo, honores, trabajos y humillaciones. El Padre Jordán le respondió: "Los dos primeros sí son males y de ellos te libre Dios, y esfuérzate por evitarlos. Los otros dos, el trabajo y las humillaciones, son grandes bienes que te conseguirán un puesto altísimo en el Reino de los cielos".

El Padre Jordán, aprovechando que Dios le había concedido tal eficacia de la palabra que dondequiera que predicaba o hablaba la gente, conseguía vocaciones, fue recorriendo ciudades y países predicando y consiguiendo que muchísimos jóvenes entraran de religiosos. El Señor le concedió la inmensa alegría de que el fundador de la Comunidad, Domingo de Guzmán, fuera declarado santo por el Sumo Pontífice en 1234. Con esta bella noticia ya Jordán podía irse al cielo tranquilo. Y dispuso viajar a Jerusalén para visitar los Santos Lugares donde vivió y murió Nuestro Señor Jesucristo, y para visitar a los Padres Dominicos que trabajaban en esas tierras.

Pero en el viaje de regreso, el barco que lo transportaba fue lanzado por una violenta tempestad a las costas de Siria, frente a la ciudad de Tolemaida y Fray Jordán y los demás pasajeros murieron ahogados. Era el 13 de febrero del año 1237.

Las olas llevaron a las orillas del mar el cadáver del Padre Jordán y sus religiosos lo sepultaron con toda solemnidad. Después las gentes empezaron a conseguir milagros por su intercesión, y el Papa León Doce lo declaró Beato.

Padre Jordán: Gran promotor de vocaciones: recuérdanos siempre aquella frase de un gran Pontífice: "Las vocaciones existen. Lo que hay que hacer es cultivarlas."

Escudo de Santo Domingo de Guzmán.

jueves, 12 de febrero de 2009

SANTA EULALIA DE BARCELONA (304)



Barcelona tiene como Patrona celestial de la ciudad a esta valerosa mujer que se enamoró de Jesucristo y no temió los atroces tormentos a los que fue sometida.

Pertenecía a una familia de senadores. Sus padres se llamaban Fileto y Leda y habitaban en una quinta cerca de la ciudad. Allí pasó su niñez y los primeros años de su adolescencia.




Siendo aún muy niña oyó hablar a su cristiana madre del valor de la virginidad y un día ella oró ante Jesucristo a la vez que le decía: "Señor, si me queréis feliz, consentid que muera en la cruz como Vos". Nuestro Señor aceptó gustoso aquel generoso ofrecimiento.

Esta Eulalia catalana, aunque hay quien afirme que no es más que un doblete de la de Mérida, pero puede ser qué sí esistiran las dos, Sea como fuere, el asunto de Eulalia de Barcelona, de Eulalia de Mérida, de una misma o de dos Eulalias —el estado actual de la investigación no permite ir más allá de la constatación aceptada de dos santas vírgenes mártires—, el hecho es que tanto en una ciudad como en la otra se honra a Dios por la fortaleza intrépida de una joven cristiana que proclama la verdad ante el mundo y cuyo nombre era Eulalia.


En cualquier caso hoy es Santa Eulalia de Barcelona.
Tiene una personalidad muy definida, con rasgos que no son prestados; por ejemplo, una nerviosa impaciencia por desafiar al mundo con la verdad.

Al desatarse la persecución de Diocleciano y llegar a la ciudad su prefecto Daciano, se dijo a sí misma que la fe tenía que plantarle cara.

No es ya una niña que no sepa lo que se hace, tiene veinticinco años.

La Passio, Leccionario Barcinonense dice de ella "que amaba a Cristo con toda su alma y que era para las otras doncellas de su edad norma cierta de salvación por el ejemplo de sus virtudes". El Arzobispo de Milán, San Ambrosio, comentando la vida de Santa Eulalia escribió: "Su devoción y arrojo era mayor de lo que suponía su edad, y su virtud sobrepasaba cuanto cabía esperar de su débil naturaleza"


JUAN PALO II ORANDO ANTE LA CRIPTA DE SANTA EULALIA EN SU PRIMER VIAJE A ESPAÑA.


Al primer canto del gallo sale de su casa, que la tradición sitúa en el Desierto de Sarriá o tal vez en lo que hoy es santa Eulalia de Provençana, en cualquier caso muy lejos de las antiguas murallas, y recorre a pie este larguísimo trecho, entre campos, torrentes y casas de labor, andarina y madrugadora.

Tiene prisa por proclamar ante el siniestro Daciano: "Soy Eulalia, sierva de Cristo, rey de reyes y señor de señores".

Para hacerla apostatar se recurre a la persuasión, a amenazas, a azotes y potro. Por fin, dentro de un tonel lleno de cuchillas rueda por una calle en pendiente, la "bajada" que lleva su nombre.


Ya muerta, su cuerpo se expone en una cruz extramuros (¿en la plaza del Padró?) y una nevada milagrosa viste su desnudez. La entierran cerca de donde en la actualidad se levanta el Arco de Triunfo y con el tiempo descansará en la cripta de la catedral. En su recorrido de mártir Eulalia santificó barrio por barrio la ciudad, que todavía es suya en misteriosos perfumes de virgen que no podía callar su fe y que anduvo muchísimo por gritarla.

LA CATEDRAL DE LA SANTA CRUZ Y SANTA EULALIA EN BARCELONA.

martes, 10 de febrero de 2009

SANTA ESCOLÁSTICA VIRGEN


Sólo un capítulo de los Diálogos de San Gregorio Magno ha salvado del olvido el nombre de Escolástica, su narración referente a la postrera entrevista de San Benito y su hermana al pie de Montecasino resulta tan emotiva que le ha valido un lugar de predilección entre las vírgenes consagradas.




Al pie del Apenino Central, en la ciudad de Nursia - Italia - a finales del siglo V, nacía esta hermana gemela de San Benito, Padre del monacato Occidental. Parece ser que sus padres se llamaron Eutropio y Abundancia y que pertenecían a las familias más distinguidas de aquellas montañas.

Tendría unos veinte años cuando Benito, después de empaparse bien de la vida y doctrina de los famosos eremitas de Oriente, San Atanasio, San Jerónimo, etc... trató de imitarles en Roma... Para ello se retiró y huyó del mundanal ruido. No fue fácil la fundación y los primeros pasos - como suele suceder a casi todos los fundadores, - se vieron cuajados de abrojos y espinas que muchas veces procedían de sus mismos discípulos...



Mientras, Escolástica rumia y medita el Testamento que su buena madre, que murió siendo ella muy niña, le dejó: "Sabe, hija mía, que los adornos postizos, los ricos vestidos y los collares de perlas, no valen nada delante de Dios. El mayor elogio que puede hacerse de una doncella es su modestia y piedad"... Nunca olvidó Escolástica tales consejos... Trató de llevarlos a la práctica desde su más tierna edad. Renunció a cuantas lisonjas le ofrecía el mundo, su belleza y su alta alcurnia, y se entregó de lleno a su Amado, a Jesucristo, a quien consagró toda su vida y para siempre...



Sabemos pocas cosas de su infancia. No hay duda de que caminaría al unísono con la de su hermano gemelo Benito, unidos ya antes de nacer y hermanos gemelos también en su alma...
Nos podemos preguntar: ¿Quién de los dos influyó más en el otro? Parece ser que Escolástica, imitando a su hermano que ya había dado vida y forma a los benedictinos, fundó el primer monasterio femenino para benedictinas.



Inspirado por Dios, Benito, y ayudado por su hermana, fundó el primer convento de religiosas benedictinas pero un poco distante del de los religiosos. A pesar de estar tan cercanos habían puesto un muro de separación y tan sólo se veían una vez al año antes de la Cuaresma , y aun separados de ambos Monasterios, en una casita que había entre ambos. Cuenta San Gregorio esta admirable entrevista:



Era por el año 543. Escolástica preve que va a ser esta la última entrevista que va a tener con su hermano, con el que compartió su vida desde la niñez. Pasan todo el día hablando de cosas espirituales. Al atardecer ya, se levanta su hermano y le dice: -"Adiós, hermana. Hasta el año que viene".
-Hermano mío - le suplica Escolástica - no te marches. Pasemos toda la noche hablando de cosas de Dios...-¿Qué dices, Escolástica? ¿Ignoras que no puedo pasar la noche fuera de la clausura del Monasterio?



Escolástica no responde. Baja la cabeza, la coloca entre sus manos y ora fervorosamente al Señor. En un santiamén se encapota el cielo y se oyen truenos y cae una copiosa lluvia como nunca se había visto en aquellos parajes.



"¿No te vas? - ¿Qué has hecho, hermana mía? - Te lo pedí con insistencia y no me escuchaste. Se lo pedí a Dios y me ha escuchado enseguida. Hermano mío, Dios ha preferido el amor a la Regla. . . " Y pasaron toda la noche en pláticas espirituales...
San Gregorio nos ha contado la famosa anécdota de la última vez que se vieron ambos hermanos, episodio tan conmovedor como el diálogo nocturno entre san Agustín y su madre bajo la noche de Ostia, y que, realidad o leyenda, constituye una viñeta inolvidable de lo que podríamos llamar las florecillas benedictinas.

Tres días después muere ella, y desde su celda Benito ve subir el alma de Escolástica al Cielo en forma de una paloma envuelta en luz.
Ambos fueron enterrados en el mismo sepulcro «para que la muerte no separe el cuerpo de los que siempre han tenido unidas sus almas en el Señor».



Fuera de esta narración, baste con situar a Escolástica dentro de su medio ambiente y siglo ( 547), en aquel Latium por el que cruzan y recruzan los ejércitos godos y bizantinos, en que las ciudades y aldeas son sistemáticamente devastadas a cada cambio de dueño, para adivinar en ella una santa de unos momentos difíciles, un alma esforzada, capaz de conservar la lozanía y la serenidad en medio de los peores cataclismos y de «servir al Señor con un corazón puro y alcanzar así los saludables efectos de su amor» en medio de las pruebas, pues su esperanza se hallaba puesta por entero más allá de las apariencias del mundo que pasa.

Benito y Escolástica nos muestran que no es necesario estar seguro del mañana para edificar el hoy.



Oración
Te rogamos, Señor, al celebrar la fiesta de santa Escolástica, virgen, que, imitando su ejemplo, te sirvamos con un corazón puro, y alcancemos así los saludables efectos de tu amor. Por nuestro Señor Jesucristo.

viernes, 6 de febrero de 2009

SANTOS PABLO MIKI Y COMPAÑEROS MARTIRES


Pablo Miki nació en Japón el año 1566 de una familia pudiente; fue educado por los jesuitas en Azuchi y Takatsuki. Entró en la Compañía de Jesús y predicó el evangelio entre sus conciudadanos con gran fruto.

Al recrudecer la persecución contra los católicos, decidió continuar su ministerio y fue apresado junto con otros. En su camino al martirio, el y sus compañeros cristianos fueron forzados a caminar 600 millas para servir de escarmiento a la población. Ellos iban cantando el Te Deum. Les hicieron sufrir mucho.



Finalmente llegaron a Nagasaki y, mientras perdonaba a sus verdugos, fue crucificado el día 5 de febrero de 1597. Desde la cruz predicó su último sermón.

Junto a el sufrieron glorioso martirio el escolar Juan Soan (de Gotó) y el hermano Santiago Kisai, de la Compañía de Jesús, y otros 23 religiosos y seglares. Entre los franciscanos martirizados está el beato Felipe de Jesús, mexicano.

Todos ellos fueron canonizados por Pío IX en 1862.

jueves, 5 de febrero de 2009

SANTA AGUEDA VIRGEN Y MÁRTIR, Y SAN FELIPE DE JESÚS.


Un himno latino sumamente antiguo canta así: "Oh Agueda: tu corazón era tan fuerte que logró aguantar que el pecho fuera destrozado a machetazos y tu intercesión es tan poderosa, que los que te invocan cuando huyen al estallar el volcán Etna, se logran librar del fuego y de la lava ardiente, y los que te rezan, logran apagar el fuego de la concupiscencia.".

Agueda nación en Catania, Sicilia, al sur de Italia, hacia el año 230.

Como Santa Inés, Santa Cecilia y Santa Catalina, decidió conservarse siempre pura y virgen, por amor a Dios.

En tiempos de la persecución del tirano emperador Decio, el gobernador Quinciano se propone enamorar a Agueda, pero ella le declara que se ha consagrado a Cristo.

Para hacerle perder la fe y la pureza el gobernador la hace llevar a una casa de mujeres de mala vida y estarse allá un mes, pero nada ni nadie logra hacerla quebrantar el juramento de virginidad y de pureza que le ha hecho a Dios. Allí, en esta peligrosa situación, Agueda repetía las palabras del Salmo 16: "Señor Dios: defiéndeme como a las pupilas de tus ojos. A la sombra de tus alas escóndeme de los malvados que me atacan, de los enemigos mortales que asaltan.

El gobernador le manda destrozar el pecho a machetazos y azotarla cruelmente. Pero esa noche se le aparece el apóstol San Pedro y la anima a sufrir por Cristo y la cura de sus heridas.




Al encontrarla curada al día siguiente, el tirano le pregunta: ¿Quién te ha curado? Ella responde: "He sido curada por el poder de Jesucristo". El malvado le grita: ¿Cómo te atreves a nombrar a Cristo, si eso está prohibido? Y la joven le responde: "Yo no puedo dejar de hablar de Aquél a quien más fuertemente amo en mi corazón".

Entonces el perseguidor la mandó echar sobre llamas y brasas ardientes, y ella mientras se quemaba iba diciendo en su oración: "Oh Señor, Creador mío: gracias porque desde la cuna me has protegido siempre. Gracias porque me has apartado del amor a lo mundano y de lo que es malo y dañoso. Gracias por la paciencia que me has concedido para sufrir. Recibe ahora en tus brazos mi alma". Y diciendo esto expiró. Era el 5 de febrero del año 251.



Desde los antiguos siglos los cristianos le han tenido una gran devoción a Santa Agueda y muchísimos y muchísimas le han rezado con fe para obtener que ella les consiga el don de lograr dominar el fuego de la propia concupiscencia o inclinación a la sensualidad.



Propósito: Digámosle a Dios: "Señor, aquí están todas mis concupiscencias y malas inclinaciones. Mi vida se puede convertir fácilmente en un desorden. Toma en tus manos estas mis malas inclinaciones y cálmalas y cúralas, tu que curaste las heridas de tu sierva Agueda y le diste fortaleza para resistir al fuego.
Creo que el poder y la bondad de mi Dios podrán obtener lo que mis pobres fuerzas no han logrado. Dios puede mejorar radicalmente mi personalidad. ¿Cuántas veces pondré en manos de Dios mis concupiscencias y malas inclinaciones para que El las cure y las calme? ¿Cuántas veces cada día?



Siempre que haga falta hay que pedir por la templanza, y la perseverancia y si hay caídas no demorar en levantarnos y pedir perdón con humildad.


Pedir la intercesión de ésta Santa a Nuestro Señor Jesucristo.
Santa Agueda, ruega por nosotros.
*********************


SAN FELIPE DE JESÚS.

Primer mártir mexicano. Hijo de Alonso Casas y Antonia Martínez, quienes, recién casados, llegaron de Sevilla, España, y a base de trabajo lograron hacer fortuna en la entonces Nueva España. Procrearon once hijos uno de éstos fue bautizado con el nombre de Felipe en la catedral metropolitana de México. Recibió formación católica. Gustaba de los juegos y las travesuras propias de un niño sano y feliz. Tenía una nana negra, quien lo atendía con cariño y esmero repitiendo: "... Cuando la higuera reverdezca, Felipillo será santo", en alusión a una vieja y seca higuera del jardín hogareño.




Cursó sus primeros estudios en el Colegio de San Pedro y San Pablo. En su juventud, el comercio de su progenitor le proporcionó noticias de las tierras filipinas; Felipe logró autorización para ser intermediario de dichos negocios y emprendió en el galeón Santiago el viaje de sus sueños. Tres meses después desembarcó en Manila y durante dos años disfrutó de fiestas y frivolidades, que no le satisfacían del todo, pues sentía un vacío interior. Sin haber explicación, un día de mayo de 1593 tocó a las puertas del convento franciscano de Nuestra Señora de los Ángeles, en Manila; solicitó su ingreso, fue aceptado y, después del tiempo de prueba, vistió el hábito e inició el noviciado con el nombre de Felipe de Jesús. Por boca de sus superiores y los compañeros, se enteró de la misión evangelizadora que la orden realizaba en China y quiso ir a conquistar almas para Dios; sin embargo, debía terminar el noviciado; lo terminó y, antes de su ordenación sacerdotal, estudió dos años en el convento de Manila. Se le envió a su patria, donde debía ser ordenado de sacerdote y, acompañado con otros frailes, partió en el galeón San Felipe. Esta travesía interrumpida por el mal tiempo y el navío atracó en territorio japonés. Anclaron en Shikoku, donde, debido a terremotos, el panorama era de hambre, ruinas y muerte. Los frailes náufragos fueron presentados ante el emperador Taicosama, quien, además de pagano, juzgó que el Dios de aquellos religiosos era el responsable de la tragedia en su imperio. Pese a esto, los misioneros lograron trasladarse al convento franciscano en Osaka y, una vez ahí —pese a las persecuciones—, Felipe realizó su tarea evangelizadora, hasta que las tropas del citado gobernante irrumpieron en el monasterio y detuvieron a todos los cofrades, quienes fueron encarcelados y sentenciados a morir.



Como señal de su condena se les cortó a cada uno la oreja izquierda y, encadenados, realizaron a pie la travesía hacia Nagasaki, donde fueron colgados en cruces, sujetos con argollas de acero en cuello, manos y pies, muriendo atravesados por lanzas. La noticia llegó a la entonces Nueva España, meses después; pero la muerte de Felipe se conoció cuando la vieja nana negra, el mismo día del martirio, vio que la higuera había reverdecido. Pío IX lo canonizó en 1862. Iconografía: con hábito en la cruz del martirio. Es el primer santo mexicano, mártir y patrono principal de la ciudad de México.

SAN FELIPE DE JESÚS

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