Ciudad del Vaticano (Agencia Fides) - "La luz del rostro de Cristo resucitado resplandece hoy sobre nosotros en particular a través de los rasgos evangélicos de los cinco beatos, que en esta celebración son inscritos en la lista de los santos: Arcangelo Tadini, Bernardo Tolomei, Nuno de Santa María Álvares Pereira, Gertrude Comensoli y Caterina Volpicelli. Las diferentes vicisitudes humanas y espirituales de estos nuevos santos nos muestran la renovación profunda que, en el corazón del hombre, realiza el misterio de la resurrección de Cristo; misterio fundamental que orienta y guía toda la historia de la salvación”. Son las palabras pronunciadas por el Santo Padre Benedicto XVI durante la solemne Concelebración Eucarística que ha presidido en la Plaza de San Pedro el domingo 26 de abril, Tercer domingo de Pascua, para la canonización de cinco Beatos.
Recorriendo la página evangélica del domingo, en el que san Lucas refiere una de las apariciones de Jesús resucitado (24,35-48) que, como había sucedido a los de Emmaus, se sienta a la mesa y come con sus discípulos, "ayudándoles a comprender las Escrituras y a volver a interpretar los acontecimientos de la salvación a la luz de la Pascua", el Santo Padre ha explicado: "Esta misma experiencia, la revive cada comunidad en la celebración eucarística, especialmente en la dominical… Nos reunimos a su alrededor para hacer memoria de sus palabras y de los eventos contenidos en la Escritura; revivimos su pasión, muerte y resurrección. Al celebrar la Eucaristía, comunicamos con Cristo, víctima de expiación, y en Él encontramos el perdón y la vida. ¿Qué sería nuestra vida de cristianos sin la Eucaristía?”
El Pontífice ha puesto de relieve a continuación que los nuevos Santos proclamados, nutridos del Pan eucarístico, “han llevado a cabo su misión de amor evangélico en los diversos campos, en los que han obrado con sus peculiares carismas".
"Largas horas pasaba en oración ante la Eucaristía san Arcangelo Tadini, quien teniendo en cuenta siempre en su ministerio pastoral a la persona humana en su totalidad, ayudaba a sus parroquianos a crecer humana y espiritualmente". Este santo sacerdote, dispuesto a dejarse conducir por el Espíritu Santo y al mismo tiempo disponible a acoger las urgencias del momento y a encontrarles remedio, asumió no poco iniciativas concretas y valietnes. " Él nos recuerda que sólo cultivando una constante y profunda relación con el Señor, especialmente en el Sacramento de la Eucaristía, podemos ser capaces de brindar la levadura del Evangelio a las diferentes actividades laborales y a cada ámbito de nuestra sociedad”.
"También en san Bernardo Tolomei, iniciador de un singular movimiento monástico benedictino, destaca el amor por la oración y por el trabajo manual. Vivió una existencia eucarística, totalmente dedicada a la contemplación, que se traducía en humilde servicio al prójimo". Reelegido abad por veintisiete años consecutivos, hasta la muerte, obtuvo de Clemente VI la aprobación pontificia de la nueva Congregación benedictina, llamada de "S. Maria de Monte Oliveto". Con ocasión de la gran peste del 1348, se fue al monasterio de san Benito en Puerta Tufi, en Siena para asistir a sus monjes afectados por el mal, y él mismo murió víctima del morbo. "El ejemplo de este santo es para nosotros una invitación a traducir nuestra fe en una vida dedicada a Dios en la oración y total entrega al servicio del prójimo, con el impulso de una caridad dispuesta incluso al sacrificio supremo”.
La vida de San Nuno de Santa Maria, héroe y santo de Portugal, se caracterizó por una intensa oración y una plena confianza en la ayuda divina. Valioso militar y grande caudillo, fue devoto de la Virgen Maria, a la cual atribuyó públicamente sus victorias. Al término de su vida se retiró a un convento carmelita que hizo construir. Esta figura ejemplar se propone a toda la Iglesia coo prueba que " en cualquier situación --incluso de carácter militar o bélico-- es posible actuar y realizar los valores y principios de vida cristiana, sobre todo si ésta se pone al servicio del bien común y de la gloria de Dios”.
"Una particular atracción por Jesús presente en la Eucaristía advirtió desde niña santa Gertrude Comensoli. La adoración del Cristo eucarístico se convirtió en el objetivo principal de su vida, casi podríamos decir la condición habitual de su existencia. Ante la Eucaristía santa Gertrude comprendió su vocación y misión en la Iglesia: dedicarse sin reservas a la acción apostólica y misionera, especialmente a favor de la juventud… En una sociedad desorientada y muchas veces herida, como la nuestra, santa Gertrude indica como punto firme de referencia el Dios que en la Eucaristía se hizo nuestro compañero de viaje”.
"Testigo del amor divino también fue santa Caterina Volpicelli… También para ella el secreto fue la Eucaristía. A sus primeras colaboradoras les recomendaba cultivar una intensa vida espiritual en la oración y, sobre todo, en el contacto vital con Jesús eucarístico. Esta es también hoy la condición para continuar la obra y la misión por ella iniciada y dejada como herencia a las Esclavas del Sagrado Corazón… Santa Caterina muestra a sus hijas espirituales y a todos nosotros el camino exigente de una conversión que cambie de raíz el corazón, y se traduzca en acciones coherentes con el Evangelio. Es posible así poner las bases para construir una sociedad abierta a la justicia y a la solidaridad, superando ese desequilibrio económico y cultural que todavía permanece en gran parte de nuestro planeta”.
El Papa ha concluido su homilía invitando a dar gracias al Dios por el don de la santidad y ha exhortando a seguir los ejemplos de los nuevos Santos: "Dejémonos atraer por sus ejemplos, dejémonos guiar por sus enseñanzas, para que también nuestra existencia se convierta en un canto de alabanza a Dios, siguiendo las huellas de Jesús, adorado con fe en el misterio eucarístico y servido con generosidad en nuestro prójimo”. (S.L) (Agencia Fides 27/4/2009)
Aunque ignoramos la fecha de su nacimiento, sabemos que escribió su Evangelio hacia el año 60. Una tradición nos afirma que fue Obispo de Alejandría, muriendo alrededor de los años 67-68. - Fiesta: 25 de abril.
Un día, el Señor, queriendo celebrar la tercera Pascua con sus discípulos, y queriéndola celebrar de un modo especialmente solemne, cogió a dos de ellos y les dijo: "Id a la ciudad, y en ella encontraréis a un hombre que lleva un cántaro de agua; seguidle a la casa en que entre; y en dondequiera que entrare, decid al dueño de la casa: el Maestro dice, ¿dónde está mi aposento, en dónde he de comer la Pascua con mis discípulos?".
Pues bien, ese hombre (el "joven del cántaro"), según la mayoría de autores, es muy probablemente Marcos. Marcos, que vio llegar en aquel Jueves Santo al Maestro del que tanto había oído hablar; que escuchó las palabras sublimes de la Última Cena, aún sin alcanzar en toda su grandiosidad el profundo significado que poseían; y que, admirado de cosa tan excelsa, se adhirió seguramente ya desde el principio a Jesús.
Acabada la celebración de la Pascua, Jesús va con sus discípulos al Huerto de Getsemaní. Marcos los vio marchar y, tras un rato de indecisión, se iría tras ellos, observándolo todo de lejos. Después ve cómo prenden al Maestro, oye el vocerío de los soldados, y sin querer se encuentra mezclado en aquel tumulto. Es entonces cuando un soldado lo coge creyéndose que él también pertenecía al grupo del Nazareno. Marcos intenta escapar, forcejea y, al fin, dando un tirón, logra huir, dejando sin embargo en las manos del soldado la sábana con que se cubría. Es un hecho que recuerda toda la vida, y por eso cuando años más tarde se ponga a escribir su Evangelio nos lo contará sin nombrarse, por lo que con gran verosimilitud deducirán los exegetas lo que hemos apuntado.
En su casa, junto con su madre María, que aparece en el libro de los Hechos, es muy posible que conviviera con los discípulos amedrentados tras la crucifixión del Señor y que participara del gozo de los mismos en el día de la Resurrección. Y si todo esto sucedió, como señalamos, es fácil suponer que Marcos fuera uno de aquellos tres mil, sobre los cuales Pedro derramó el agua del Bautismo el día de Pentecostés.
Es a partir de este momento cuando Marcos -Juan Marcos era llamado- irrumpe en el campo de la seguridad histórica. Junto con Bernabé, su primo, y con Pablo -el antiguo Saulo perseguidor de cristianos, ya convertido-, marcha a Antioquía y participa en el primer viaje del Apóstol de las Gentes. De Antioquía a Chipre y de allí a... Pero Marcos tuvo miedo. Las costas inhóspitas, el país escabroso, los habitantes hostiles de aquellas tierras y quizás el recuerdo de su madre sola en Jerusalén, acobardan el espíritu del Evangelista, que se vuelve a esta ciudad hacia el año 45.

Hacia el 49, Pablo organiza un nuevo viaje, a fin de visitar las comunidades cristianas que había fundado en el primero. Bernabé, que quiere acompañarle, solicita el permiso de Pablo para que de nuevo se les una Marcos. No nos ha de extrañar nada, dado el carácter del Apóstol, que éste se oponga; por lo que Bernabé, entonces, tomando consigo a su primo, se embarca para Chipre.
Después, no sabemos cuándo exactamente, el Evangelista acompaña a Pedro en su predicación, marchando probablemente con él a Roma. La Buena Nueva y con ella la Iglesia se van extendiendo poco a poco en el Imperio Romano. Los fieles de Roma piden al Príncipe de los Apóstoles disponga dejar por escrito lo que predica con la boca. Nadie se atreve, sin embargo, a tal empresa. Sólo Juan Marcos, el que antes tuvo miedo, se apresta a ella con intrepidez de espíritu, con magnanimidad de corazón. Y el Espíritu Santo lo cubre con su virtud, y de la obra común sale el segundo Evangelio, inspirado relato, lleno de viveza y colorido, que tiene como objeto demostrar la divinidad del Hijo de Dios, principalmente por medio de los milagros que el autor ha oído contar a Pedro, enlazados y mezclados con elementos de la predicación de este Apóstol y con vestigios de detalles paulinos.
Reconciliado con San Pablo, es llamado por éste cuando se encuentra preso por segunda vez en el Tulliano, in cárcere Mamertina. No sabemos empero si llegó a tiempo de consolar al anciano Apóstol. Una tradición nos afirma que Marcos predicó en Alejandría; nada cierto sabemos tampoco de este particular, pues los detalles que conocemos los hemos obtenido de cartas apócrifas.

Sea de esto lo que fuere, así como del lugar de su muerte, Juan llamado Marcos tiene como gloria especial suya el haber escrito un Evangelio, que la tradición nos ha entregado como inspirado, por lo que hoy lo tenemos por Palabra de Dios, y a su autor lo veneramos entre los cuatro Evangelistas.
Esta santa es la Patrona de los enfermos crónicos. Ella nos enseña a aprovechar la enfermedad para pagar nuestros pecados, convertir pecadores y conseguir un gran premio en el cielo. El decreto de Roma al declararla santa dice: Santa Liduvina fue "un prodigio de sufrimiento humano y de paciencia heroica".
Liduvina nació en Schiedam, Holanda, en 1380. Su padre era muy pobre y tenía por oficio el de "celador" o cuidador de fincas. Hasta los 15 años Liduvina era una muchacha como las demás: alegre, simpática, buena y muy bonita. Pero en aquel año su vida cambió completamente. Un día, después de jugar con sus amigos iban a patinar y en el camino callo en el hielo partiéndose la columna vertebral.
La pobre muchacha empezó desde entonces un horroroso martirio. Continuos vómitos, jaquecas, fiebre intermitente y dolores por todo el cuerpo la martirizaban todo el día. En ninguna posición podía descansar. La altísima fiebre le producía una sed insaciable. Los médicos declararon que su enfermedad no tenía remedio.
Liduvina se desesperaba en esa cama inmóvil, y cuando oía a sus compañeras correr y reír, se ponía a llorar y a preguntar a Dios por qué le había permitido tan horrible martirio. Pero un día Dios le dio un gran regalo: nombraron de párroco de su pueblo a un verdadero santo, el Padre Pott. Este virtuoso sacerdote lo primero que hizo fue recordarle que "Dios al árbol que más lo quiere más lo poda, para que produzca mayor fruto y a los hijos que más ama más los hace sufrir". Le colocó en frente de la cama un crucifijo, pidiéndole que de vez en cuando mirara a Jesús crucificado y se comparara con El y pensara que si Cristo sufrió tanto, debe ser que el sufrimiento lleva a la santidad.
En adelante ya no volvió más a pedir a Dios que le quitara sus sufrimientos, sino que se dedicó a pedir a Nuestro Señor que le diera valor y amor para sufrir como Jesús por la conversión de los pecadores, y la salvación de las almas.

Santa Liduvina llegó a amar de tal manera sus sufrimientos que repetía: "Si bastara rezar una pequeña oración para que se me fueran mis dolores, no la rezaría". Descubrió que su "vocación" era ofrecer sus padecimientos por la conversión de los pecadores. Se dedicó a meditar fuertemente en la Pasión y Muerte de Jesús. Y en adelante sus sufrimientos se le convirtieron en una fuente de gozo espiritual y en su "arma" y su "red" para apartar pecadores del camino hacia el infierno y llevarlos hacia el cielo. Decía que la Sagrada Comunión y la meditación en la Pasión de Nuestro Señor eran las dos fuentes que le concedían valor, alegría y paz.
La enfermedad fue invadiendo todo su cuerpo. Una llaga le fue destrozando la piel. Perdió la vista por un ojo y el otro se le volvió tan sensible a la luz que no soportaba ni siquiera el reflejo de la llama de una vela. Estaba completamente paralizada y solamente podía mover un poco el brazo izquierdo. En los fríos terribles del invierno de Holanda quedaba a veces en tal estado de enfriamiento que sus lágrimas se le congelaban en la mejilla. En el hombro izquierdo se le formó un absceso dolorosísimo y la más aguda neuritis (o inflamación de los nervios) le producía dolores casi insoportables. Parecía que ya en vida estuviera descomponiéndose como un cadáver. Pero nadie la veía triste o desanimada, sino todo lo contrario: feliz por lograr sufrir por amor a Cristo y por la conversión de los pecadores. Y cosa rara: a pesar de que su enfermedad era tan destructora, se sentía a su alrededor un aroma agradable y que llenaba el alma de deseos de rezar y de meditar.
Cuentan las antiguas crónicas que recién paralizada una noche Liduvina soñó que Nuestro Señor le proponía: "Para pago de tus pecados y conversión de los pecadores, ¿qué prefieres, 38 años tullida en una cama o 38 horas en el purgatorio?". Y que ella respondió: "prefiero 38 horas en el purgatorio". Y sintió que moría que iba al purgatorio y empezaba a sufrir. Y pasaron 38 horas y 380 horas y 3,800 horas y su martirio no terminaba, y al fin preguntó a un ángel que pasaba por allí, "¿Por qué Nuestro Señor no me habrá cumplido el contrato que hicimos? Me dijo que me viniera 38 horas al purgatorio y ya llevo 3,800 horas". El ángel fue y averiguó y volvió con esta respuesta: "¿Qué cuántas horas cree que ha estado en el Purgatorio?" ¡Pues 3,800! ¿Sabe cuánto hace que Ud. se murió? No hace todavía cinco minutos que se murió. Su cadáver todavía está caliente y no se ha enfriado. Sus familiares todavía no saben que Ud. se ha muerto. ¿No han pasado cinco minutos y ya se imagina que van 3,800?". Al oír semejante respuesta, Liduvina se asustó y gritó: Dios mío, prefiero entonces estarme 38 años tullida en la tierra. Y despertó. Y en verdad estuvo 38 años paralizada y a quienes la compadecían les respondía: "Tengan cuidado porque la Justicia Divina en la otra vida es muy severa. No ofendan a Dios, porque el castigo que espera a los pecadores en la eternidad es algo terrible, que no podemos ni imaginar.
En 1421, o sea 12 años antes de su muerte, las autoridades civiles de Schiedam (su pueblo) publicaron un documento que decía: "Certificamos por las declaraciones de muchos testigos presenciales, que durante los últimos siete años, Liduvina no ha comido ni bebido nada, y que así lo hace actualmente. Vive únicamente de la Sagrada Comunión que recibe".
Santa Liduvina, paralizada y sufriendo espantosamente en su lecho de enferma, recibió de Dios los dones de anunciar el futuro a muchas personas y de curar a numerosos enfermos, orando por ellos. A los 12 años de estar enferma y sufriendo, empezó a tener éxtasis y visiones. Mientras el cuerpo quedaba como sin vida, en los éxtasis conversaba con Dios, con la Sma. Virgen y con su Ángel de la Guarda. Unas veces recibía de Dios la gracia de poder presenciar los sufrimientos que Jesucristo padeció en su Santísima Pasión. Otras veces contemplaba los sufrimientos de las almas del purgatorio, y en algunas ocasiones le permitían ver algunos de los goces que nos esperan en el cielo.
Dicen los que escribieron su biografía que después de cada éxtasis se afirmaba más y más en su "vocación" de salvar almas por medio de su sufrimiento ofrecidos a Dios, y que al finalizar cada una de estas visiones aumentaban los dolores de sus enfermedades pero aumentaba también el amor con el que ofrecía todo por Nuestro Señor.
Cambiaron al santo párroco que tanto la ayudaba, por otro menos santo y menos comprensivo, quien empezó a decir que Liduvina era una mentirosa que inventaba lo que decía. El pueblo se levantó en revolución para defender a su santa y las autoridades para evitar problemas, nombraron una comisión investigadora compuesta por personalidades muy serias. Los investigadores declararon que ella decía toda la verdad y que su caso era algo extraordinario que no podía explicarse sin una intervención sobrenatural. Y así la fama de la santa creció y se propagó.
En los últimos siete meses Santa Liduvina no pudo dormir ni siquiera una hora a causa de sus tremendos dolores. Pero no cesaba de elevar su oración a Dios, uniendo sus sufrimientos a los padecimientos de Cristo en la Cruz.
Y el 14 de abril de 1433, día de Pascua de Resurrección poco antes de las tres de la tarde, pasó santamente a la eternidad. Pocos días antes contempló en una visión que en la eternidad le estaban tejiendo una hermosa corona de premios. Pero aun debía sufrir un poco. En esos días llegaron unos soldados y la insultaron y la maltrataron. Ella ofreció todo a Dios con mucha paciencia y luego oyó una voz que le decía: "con esos sufrimientos ha quedado completa tu corona. Puedes morir en paz".
La última petición que le hizo al médico antes de morir fue que su casa la convirtieran en hospital para pobres. Y así se hizo. Y su fama se extendió ya en vida por muchos sitios y después de muerta sus milagros la hicieron muy popular. Tiene un gran templo en Schiedam. Tuvo el honor de que su biografía la escribiera el escritor Tomás de Kempis, autor del famosísimo libro "La imitación de Cristo".
Oración
Santa Liduvina: Alcánzanos de Dios la gracia de aceptar con paciencia nuestros sufrimientos como pago por nuestros pecados y para conseguir la conversión y salvación de muchos pecadores.
Nació en un pueblecito llamado Paula, en Italia, en 1416.
Le pusieron por nombre Francisco porque sus padres habían deseado por quince años tener un hijo, y al fin, al rezarle a San Francisco de Asís, obtuvieron que naciera este niño.
Cuando tenípenitencia en la soledad de un monte.
Pidió permiso a sus papás y por cinco años estuvo escondido en la montaña, rezando, meditando y alimentándose solamente de agua y de yerbas silvestres y durmiendo sobre el duro suelo, teniendo por almohada una piedra.
Pero un cazador que iba persiguiendo a un venado, lo encontró y contó la noticia a las gentes. Entonces varios hombres más se fueron a seguir su ejemplo y tuvo que construir unas chozas y una capilla para sus compañeros.
El lema que les puso a todos los que lo seguían era aquella frase de Jesús: "En esto se conocerá que sois mis discípulos: en que os amáis, los unos a los otros". Por eso al Santo lo pintan siempre con una palabra junto a él: "Caridad".

Francisco tuvo que fundar varias casas para sus religiosos. Y en todos sus conventos puso una consigna o ley que había que cumplir siempre. Decía así: "Cuaresma perpetua". Osea: en la alimentación hacer las mortificaciones que antiguamente se hacían en cuaresma: nunca comer carne, ni huevos, ni leche, ni tomar licores. Solamente pan, pescado, agua y verduras. Esto lo hizo como una reacción ante una oleada de sensualismo que había invadido a Europa y que había llevado a las gentes a comer y a beber en exceso y con esto se les debilitaba la voluntad y llegaban a cometer todos los vicios.
Miles de hombres decidieron abandonar la vida pecaminosa del mundo e irse a la Comunidad religiosa fundada por San Francisco de Paula. Así como San Francisco de Asís les había puesto a sus religiosos el nombre de "hermanos menores", San Francisco de Paula les puso a los que pertenecían a su comunidad el nombre de "hermanos Mínimos", o sea los más pequeñitos de todos. Y todavía los llaman así: los mínimos.
San Pablo dice: "el Espíritu Santo les concede a unos el don de hacer curaciones maravillosas; a otros del don de hacer milagros; y a otros el don de profecía." (1 Cor. 12,9). Y a San Francisco de Paula le concedió el Divino Espíritu todos estos dones, en cantidad muy abundante.
Cuentan que un día tenía que pasar el estrecho de Mesina para ir a Sicilia. Le dijo al dueño de una embarcación: "¿Me lleva? Pero no tengo dinero". Y el otro le respondió: - ¡Si no tiene dinero, no lo llevo! Entonces el Santo extendió su manto sobre las aguas, lo tomó de un extremo con sus manos para que le sirviera como vela de un barco y en el otro extremo colocó sus pies y se fue deslizando suavemente sobre las aguas, ante las miradas emocionadas de todos los presentes, y desapareció en el horizonte, logrando llegar así hasta la isla. En muchos cuadros antiguos los artistas han pintado este prodigio.
El Sumo Pontífice envió un delegado para que averiguara qué tan segura y cierta era la santidad de Francisco. El enviado llegó disfrazado sin decir que era él, pero el santo al saludarlo le dijo: "Lo felicito porque hoy está Ud. cumpliendo 30 años de ser sacerdote. Es una gran dicha el haber estado tanto tiempo sirviendo al Señor". Y luego le fue diciendo un montón de datos que el otro no le había comunicado a nadie. El delegado pontificio le preguntó si sus religiosos serían capaces de resistir toda la vida a ese reglamento tan severo que les prohibía comer carne, queso, leche y huevos y tomar licores. El santo le dijo: "Con la ayuda de Dios ¡sí serán capaces! Vea lo que es capaz de resistir quien confía en Dios: - y tomando un carbón encendido lo tuvo un buen rato sobre su mano y no sintió ningún quemón. El delegado volvió a donde el Papa a decirle que se había encontrado con un santo de verdad, con un gran santo.
El Papa Pablo VI dijo en 1977 que San Francisco de Paula es un verdadero modelo para los que tienen que llamarles la atención a los gobernantes que abusan de su poder y que malgastan en gastos innecesarios el dinero que deberían emplear en favor de los pobres. ¿Por qué dijo esto el Sumo Pontífice? Veámoslo con unos ejemplos.
Por muchos años nuestro santo recorrió ciudades y pueblos llevando los mensajes de Dios a las gentes. Y en aquellos tiempos (como ahora) había alcaldes, gobernadores, ministros y hasta jefes de Estado que abusaban de su poder y gastaban los dineros públicos para enriquecerse o para hacer gastos inútiles y conseguir lujos, en vez de socorrer a los necesitados. Y a ellos les iba recordando San Francisco que a cada uno le dirá Cristo en el día del juicio aquellas palabras que dijo en el Evangelio: "Dame cuenta de tu administración" (Lc. 16,2). Y les repetía lo que decía San Pablo: "Cada uno tendrá que presentarse ante el tribunal de Dios, para darle cuenta de los que ha hecho, de lo bueno y de lo malo".
Francisco no era muy instruido ni tampoco era sacerdote. Era un sencillo y pobre monje, pero era un hombre de oración y se sabía las suficientes frases de la Biblia como para lograr conmover a sus oyentes. Y una de esas frases que no era capaz de callarse cuando hablaba a los que gobernaban era aquella que dice Jesús al final del Apocalipsis: "He aquí que tengo y traigo conmigo mi salario. Y le daré a cada uno según hayan sido sus obras". Todo esto hacía pensar muy seriamente a muchos gobernantes y los llevaba a corregir los modos equivocados de proceder que habían tenido en el pasado.
Al rey de Nápoles (Fernando el Bastardo) no le agradaba nada este modo tan franco de hablar que tenía el santo varón y dispuso mandarlo apresar. Pero los enviados a ponerlo preso volvieron sin el prisionero, y muy emocionados, diciéndole al rey que se habían encontrado con un verdadero santo y que nunca jamás se atreverían a poner su mano sobre semejante hombre de Dios.
Entonces el rey lo mandó ir a su palacio. Trató de ganárselo con regalos y premios, pero el santo no recibía nada. Le ofrecieron lujosas habitaciones para habitar pero él se iba a dormir a un pobre rancho; acostado sobre el duro. Y al rey y a sus empleados les sabía cantar las cuarenta, diciéndoles que no se pueden hacer gastos en lujos mientras el pueblo se muere de hambre.
El rey le ofreció una bandeja llena de monedas de oro para que con ese dinero construyera un convento. El santo no aceptó el tal regalo, pero tomando en sus manos una moneda de esas, la partió en dos, y de ella empezó a brotar sangre que salpicó el vestido del mandatario. Fernando empezó a temblar de pies a cabeza y San Francisco fijando en él sus ojos escrutadores le dijo: "Señor rey: esto es un símbolo de lo que está sucediendo a las gentes de su pueblo. El oro que emplea el gobierno en lujos y en gastos inútiles, está desangrando al pueblo. El descontento es general, pero sus empleados no le dejan llegar hasta sus oídos la protesta de tantos que padecen miseria, mientras los que gobiernan viven entre lujos y placeres. Recuerde que Dios lo colocó en este puesto de gobierno para que busque el bienestar del pueblo y no para que lo oprima y empobrezca. ¿O es que se imagina que Dios no va a juzgar a los gobernantes?". El rey dobló la rodilla, y prometió que en adelante se preocuparía más por la suerte del pueblo pobre y necesitado (Señor: que también en este tiempo nos concedas apóstoles que se atrevan a hablar así).
El rey Luis XI de Francia, que había sido bastante déspota y tirano y poco piadoso, tuvo un ataque de apoplejía (un derrame cerebral) y quedó con una enfermedad nerviosa que le hacía muy amarga su existencia y que lo puso de un mal genio tal que casi nadie se atrevía a acercársele. El rey estaba supremamente apegado a la vida y a la salud y de ninguna manera deseaba morirse, sino más bien curarse de aquella enfermedad tan molesta.
Mandó entonces a Italia a que convencieran a San Francisco de Paula para que fuera a curarlo. El santo se dio cuenta de que lo que buscaba el rey era sólo un favor material y no quiso ir. Pero Luis XI le escribió al Papa Sixto IV y el Pontífice le dio la orden al santo de ir a visitar al rey enfermo. Con tristeza se despidió de su amada patria porque sabía que ya nunca más iba a volver a su bella Italia.
Viajó a pie hasta el mar. Subió a un barco y cuando en pleno viaje los atacó una violenta tempestad, hizo la señal de la cruz a los vientos y a las olas, y la tempestad se calmó en seguida. Luego se les acercó un barco pirata para atacarlos, pero el santo hizo la señal de la cruz al barco atacante, y este, sin saber por qué, se retiró sin atacar.
Al llegar a Francia, las gentes se arrodillaban al verlo pasar. El rey prometió darle un paquete de monedas de oro al primero que viniera a contarle que el santo había llegado a su palacio. Y el hijo del rey, mandó construir una capilla en el sitio en el que por primera vez se encontró con este hombre de Dios.
A los 67 años llega el santo a Francia. El rey lo recibe postrándose ante sus pies y le suplica: "Padre mío: obténgame de Dios que me devuelva la salud y que me conceda unos años más de vida". Pero San Francisco le responde: "Cada uno, cuando le llega el tiempo prefijado por Dios, tiene que disponerse a partir hacia la eternidad, aunque sea un rey muy poderoso. Pero lo que el Señor quiere concederle ahora es la salud de su alma".
Y siguieron varios días de charlas muy afectuosas e íntimas entre el enfermo agonizante y el Santo de Dios. Y Luis XI no consiguió la salud de su cuerpo, pero sí su conversión y la salud de su alma. El hombre de Dios le repetía: "No he pedido a Dios que le conceda sanarse el cuerpo, sino que le sane su alma. Ud. ama mucho la vida de esta tierra, y yo le pido al Señor que le conceda la Vida Eterna en el cielo. La enfermedad de su cuerpo ya no encuentra medicinas que la curen, pero si alma sí está siendo sanada".
Y así, pocas semanas después, aquel rey que había sido de los menos fervorosos de su época, murió muchísimo más cristianamente de lo que había vivido. Es que tuvo la suerte incomparable de ser asistido por un santo en su última enfermedad (Favor que ojalá nos conceda Dios a muchos de nosotros). Y el rey quedó tan agradecido que nombró a Francisco de Paula como director espiritual de su hijo, el futuro Carlos VIII, rey de Francia. Nuestro santo tuvo que quedarse por el resto de su vida, sus últimos 24 años, misionando en Francia y allí consiguió muchísimas vocaciones para su comunidad de religiosos y convirtió multitud de pecadores.
El Viernes Santo, 2 de abril de 1507, después de hacer que le leyeran la Pasión de Jesucristo según el Evangelio de San Juan, se quedó plácidamente dormido con el sueño de la muerte, y pasó a la eternidad a recibir el premio de sus virtudes.
El pueblo empezó inmediatamente a proclamarlo como santo y los milagros empezaron a sucederse por montones.
Doce años después de su muerte, fue proclamado santo por el Sumo Pontífice León X (en 1519).

Casimiro creció en un mundo dónde su vida no le pertenecía. Nace en Cracovia (Polonia) el 5 de octubre de 1458. Es hijo del rey Casimiro de Polonia y de Isabel de Austria, hija del emperador Alberto.
Era el príncipe heredero de Polonia y Lituania, pero sobre todo era llamado el "padre de los pobres".
Sus maestros lo llamaban "adolescente santo" por las virtudes que lo caracterizaban y porque vivía intentando agradar a Dios en todo.
Vivía alejado de las comodidades y fastuosidad de la corte. Hacía penitencia y observaba la castidad.

Tenía gran devoción a la Virgen María a la que consagró su pureza. Le oraba una oración escrita por san Bernardo con asiduidad.
Los polacos lo llaman "el pacificador", porque no quiso participar en luchas y se negó a tomar las armas contra el rey de Hungría, a pesar de los ruegos de su padre y de los señores de ese reino.
Practicó las virtudes cristianas en grado heroico.
Rechazó el matrimonio con la hija del emperador Federico III, por no renunciar al celibato que se había impuesto.

Rechaza ser heredero de su padre Casimiro IV, en el trono de Polonia.
Muere en 1483 a los 24 años de edad, víctima de la tuberculosis.

Patrono de Lituania y de Polonia
Protector de los jóvenes, se lo invoca contra las tentaciones carnales y los peligros de la patria.
Identificativo principal Con la corona de príncipe polaco y en su mano la cruz y el lirio (que simboliza la pureza)
A los 120 años de enterrado abrieron su sepulcro y encontraron su cuerpo incorrupto, como si estuviera recién enterrado. Ni siquiera sus vestidos se habían dañado, y eso que el sitio donde lo habían sepultado era muy húmedo. Sobre su pecho encontraron una poesía a la Sma. Virgen María, que él había recitado frecuentemente y que mandó que la colocaran sobre su cadáver cuando lo fueran a enterrar: "Cada día alma mía, di a María su alabanza. En sus fiestas la honrarás y su culto extenderás..."
CUERPO INCORUPTO DE SAN CASIMIRO
Oración
Señor, que inspiraste al príncipe san Casimiro un profundo amor a la Madre de Tu Hijo conservando su cuerpo casto por amor a Ella, te pedimos que a ejemplo suyo amemos a María con un corazón puro y deseemos servirte siempre y en todo lugar despreciando las riquezas de este mundo. Por Jesucristo, Nuestro Señor. Amén.
¡ SAN CASIMIRO! RUEGA A LA SANTÍSIMA VIRGEN POR NOSOTROS PECADORES.
Emeterio y Celedonio fueron dos soldados romanos venidos a Calahorra con la VII Legión romana a finales del s.III.
La tradición establece que eran hijos de San Marcelo y Santa Nona, patronos de León.
Fueron martirizados, degollados, a orillas del río Cidacos un día 3 de Marzo por no renegar de la fe cristiana, tal como había ordenado el emperador Diocleciano.
Desde fecha muy temprana se les rindió culto en el lugar del martirio, donde se fueron sucediendo distintos edificios religiosos en el emplazamiento que hoy ocupa la Catedral, que acoge sus reliquias.
Durante la dominación musulmana, ante el temor al saqueo y expolio de las iglesias, las reliquias de los Santos fueron trasladadas al Monasterio de Leire, en Navarra, donde permanecieron varios siglos.
Por su parte, la huida de cristianos hacia el Norte hizo que se desperdigaran algunas reliquias de los Santos y que se extendiera su culto a otras tierras, como Santander (atestiguado ya documentalmente en el s. IX), o Cataluña (Cardona).

Su fama dio origen a numerosas leyendas, como la que dice que las cabezas de los Santos subieron por el Ebro hasta llegar a Santander.
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En 1999, con motivo de la conmemoración del XVII centenario del Martirio, se revivieron estas tradiciones y se estrecharon los lazos de amistad con estas ciudades, que acogen parte de nuestra tradición
Pasado el peligro y reconquistada definitivamente la ciudad, las reliquias volvieron nuevamente a Calahorra y esta traslación, un 31 de Agosto, se toma para fijar el otro 'día grande' de nuestras fiestas, por ser el tiempo más favorable que en Marzo.
En la actualidad, la Cofradía de los Santos Mártires, fundada en 1332, se encarga de mantener viva la tradición y el espíritu de nuestros Santos entre los calagurritanos.
Religioso
(1300-1365)
Enrique Suso es uno de los principales representantes del movimiento místico que florece a las orillas del Rhin, a principios del cuatrocientos, cuando Juan XXII y Luis de Baviera luchaban por el predominio entre el Papado y el Imperio, en la famosa lucha de las investiduras.
Suso nació en Suabia, en la villa de Constanza, junto al hermoso lago, hacia 1296. A los trece años entra ya en el convento dominicano de Constanza. Habla en Horologium de su conversión, a los 18 años, y desde entonces se consagró a una vida de estudio, oración y gran austeridad.
Estudia con Eckart en Colonia. Escribe el Libro de la Verdad. Algunos ven sospechas en el libro y sufre persecución. Unido a los «amigos de Dios», se distingue por su vida ferviente. Su gracia especial estuvo en la dirección de sus hermanas dominicas, entre las que destaca Elisabet Stagel.

Escribió también el Libro de la Sabiduría eterna, con las cien consideraciones y oraciones para recitarlas todos los días. Y las Meditaciones sobre la agonía de Cristo y Soliloquio con la Virgen María.
Los últimos años los pasó en Ulm. Allí siguió su apostolado de dirección de almas, y revisaría sus escritos. Ulm tiene la torre de iglesia más alta del mundo, 161 metros.

Pero más alto voló el alma de Suso. Voló hasta dar a la caza alcance. El año 1366 fue a recibir el premio junto a Dios. Se nos fue calladamente, sin poder recoger sus últimas palabras ni su última mirada. Gregorio XVI lo declaró Beato en el año 1831.
Nos cuenta en una de sus cartas que un día que había tenido que sufrir mucho por penas interiores y por desprecios y humillaciones, vio desde la ventana de su celda a un perro que jugaba en el patio con un trapo. Lo mordía, lo babeaba, lo arrastraba, lo rasgaba. Así debes tú hacer, se dijo. Se te arroje en alto o se te tire abajo. Aunque se te escupa, tú debes aceptarlo todo alegremente, sin protestar, como el trapo, si él tuviese conciencia... - Al leer esto ¿quién no ve una influencia clara de la mística de Suso en la Historia de un alma de Teresa de Lisieux?
Dentro de la escuela mística, Suso representa el ala de mayor suavidad y dulzura. Éste podría ser su itinerario místico, según D. Baldomero Jiménez Duque: primero, la conversión o invitación a la vida perfecta. Luego, la sabiduría divina, encarnada en Jesucristo. Un día hasta externamente marcará su pecho con el nombre de Jesús. Tienen lugar entonces estados infusos de elevación y muy frecuentes éxtasis.

Pero la unión mística exige las purificaciones. Suso ha padecido intensamente esas pruebas del amor. Pruebas internas y externas. Fue un alma crucificada. Él ha «soportado» a Dios, según su expresión, entre lágrimas y sonrisas, entregado para siempre a su misericordia y a su amor.
De la obra del Beato Enrique Suso “Das Büchlein der ewigen Weisheit”. Colonia. Albertus Magnus. 1939, pp. 235, aquí pp. 69-107.
Capítulo 8: La primera es: ¿Cómo puede aparecer con tanta cólera siendo, sin embargo, tan amoroso?Capítulo 9: La segunda: ¿Por qué Dios se retira de sus amigos según su voluntad y cómo se puede conocer su verdadera presencia?Capítulo 10: La Tercera: ¿Porque Dios permite que lo pasen muy mal sus amigos en este tiempo?Capítulo 11: De la pena perpetua del infierno.Capítulo 12: De la Alegría inconmensurable del cielo.Capítulo 13: De la nobleza incomparable del sufrimiento temporal.