TODOS LOS SANTOS

jueves, 25 de agosto de 2011

SAN LUIS IX S. XIII


Un mes después de morir Francisco de Asís (1226), un niño de doce años se convertiría en rey de Francia: Luis, el noveno de tal nombre. Con este rey, terciario franciscano, el espíritu evangélico iba a animar la vida de un jefe de Estado cristiano. Tuvo por misión el presentar a sus contemporáneos la imagen del seglar que «busca ante todo el reino de Dios en medio de las ocupaciones temporales». Fue ejemplar en su vida de oración, de mortificación y amor fraterno hacia los más desheredados, así como esposo ejemplar en una unión llena de afecto, e la que a su esposa le costaba a veces caminar al mismo pasó que él. Padre ejemplar de una familia de once hijos. Jefe modélico en el cumplimiento de su «oficio de rey», como dirá más tarde Luis XIV: justo para con todos, soberano cuidadoso de respetar los derechos de sus vasallos y de hacer que éstos respetasen los de la Corona, caballero que sabía manejar la espada al servicio del derecho. Por tal motivo, él, un príncipe que solía repetir: «Benditos, benditos los que siembran la paz», había de hacer la guerra para arrebatar la Santa Jerusalén de las manos de los infieles y morir en la tienda de campaña como un soldado (1270). Al leer el programa de gobierno cristiano que trazara Santo Tomás de Aquino, no se puede olvidar que, al tiempo que Tomás enseñaba en París, el rey de Francia se llamaba Luis IX. El teólogo tenía ante sus ojos su modelo.

Si tuviéramos que elegir una palabra para describir al rey Luis IX de Francia, podría ser la de «justo». Durante su reinado prohibió la usura, comenzó un sistema de juicio con testigos en vez de batallas para determinar el veredicto, e instituyó los archivos escritos de la corte. Una vez en que tres niños fueron colgados por un conde por cazar conejos en sus tierras, el rey Luis ordenó que fuera juzgado por jueces ordinarios, no por otros nobles. Los jueces condenaron a muerte al conde. El rey Luis, que era tan compasivo como justo, conmutó la sentencia por la de una enorme multa, que hizo perder al conde la mayor parte de sus posesiones. El rey entregó entonces todas esas riquezas a la caridad.

Aunque «justicia» y «juzgar» deriven ambas de la palabra latina que significa ley, tienen significados bastante diferentes. Justicia deriva del latín justicia, que significa recto, mientras que juzgar proviene de las palabras latinas jus (ley) y dicere (decir). Cuando juzgas, estás literalmente «diciendo la ley». No hay lugar para la misericordia o las circunstancias mitigantes. Cuando ejerces la justicia, tomas decisiones correctas, basadas no en la letra de la ley sino en su espíritu.

El rey Luis fue conocido por su justicia, no por su juicio. Incluso cuando el juicio pudiera demandar la represalia más dura, como la muerte del conde, la justicia puede permitir la misericordia. Como el rey Luis, necesitamos saber cuándo se requiere el juicio... y cuándo debería prevalecer la justicia.

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