TODOS LOS SANTOS

miércoles, 4 de marzo de 2009

SAN CASIMIRO PRINCIPE DE POLONIA Y LITUANIA


Casimiro creció en un mundo dónde su vida no le pertenecía. Nace en Cracovia (Polonia) el 5 de octubre de 1458. Es hijo del rey Casimiro de Polonia y de Isabel de Austria, hija del emperador Alberto.
Era el príncipe heredero de Polonia y Lituania, pero sobre todo era llamado el "padre de los pobres".
Sus maestros lo llamaban "adolescente santo" por las virtudes que lo caracterizaban y porque vivía intentando agradar a Dios en todo.
Vivía alejado de las comodidades y fastuosidad de la corte. Hacía penitencia y observaba la castidad.




Tenía gran devoción a la Virgen María a la que consagró su pureza. Le oraba una oración escrita por san Bernardo con asiduidad.
Los polacos lo llaman "el pacificador", porque no quiso participar en luchas y se negó a tomar las armas contra el rey de Hungría, a pesar de los ruegos de su padre y de los señores de ese reino.
Practicó las virtudes cristianas en grado heroico.
Rechazó el matrimonio con la hija del emperador Federico III, por no renunciar al celibato que se había impuesto.



Rechaza ser heredero de su padre Casimiro IV, en el trono de Polonia.
Muere en 1483 a los 24 años de edad, víctima de la tuberculosis.



Patrono de Lituania y de Polonia

Protector de los jóvenes, se lo invoca contra las tentaciones carnales y los peligros de la patria.

Identificativo principal Con la corona de príncipe polaco y en su mano la cruz y el lirio (que simboliza la pureza)

A los 120 años de enterrado abrieron su sepulcro y encontraron su cuerpo incorrupto, como si estuviera recién enterrado. Ni siquiera sus vestidos se habían dañado, y eso que el sitio donde lo habían sepultado era muy húmedo. Sobre su pecho encontraron una poesía a la Sma. Virgen María, que él había recitado frecuentemente y que mandó que la colocaran sobre su cadáver cuando lo fueran a enterrar: "Cada día alma mía, di a María su alabanza. En sus fiestas la honrarás y su culto extenderás..."


CUERPO INCORUPTO DE SAN CASIMIRO
Oración
Señor, que inspiraste al príncipe san Casimiro un profundo amor a la Madre de Tu Hijo conservando su cuerpo casto por amor a Ella, te pedimos que a ejemplo suyo amemos a María con un corazón puro y deseemos servirte siempre y en todo lugar despreciando las riquezas de este mundo. Por Jesucristo, Nuestro Señor. Amén.



¡ SAN CASIMIRO! RUEGA A LA SANTÍSIMA VIRGEN POR NOSOTROS PECADORES.

martes, 3 de marzo de 2009

SAN EMETERIO Y SAN CELEDONIO

Emeterio y Celedonio fueron dos soldados romanos venidos a Calahorra con la VII Legión romana a finales del s.III.

La tradición establece que eran hijos de San Marcelo y Santa Nona, patronos de León.

Fueron martirizados, degollados, a orillas del río Cidacos un día 3 de Marzo por no renegar de la fe cristiana, tal como había ordenado el emperador Diocleciano.

Desde fecha muy temprana se les rindió culto en el lugar del martirio, donde se fueron sucediendo distintos edificios religiosos en el emplazamiento que hoy ocupa la Catedral, que acoge sus reliquias.

Durante la dominación musulmana, ante el temor al saqueo y expolio de las iglesias, las reliquias de los Santos fueron trasladadas al Monasterio de Leire, en Navarra, donde permanecieron varios siglos.
Por su parte, la huida de cristianos hacia el Norte hizo que se desperdigaran algunas reliquias de los Santos y que se extendiera su culto a otras tierras, como Santander (atestiguado ya documentalmente en el s. IX), o Cataluña (Cardona).



Su fama dio origen a numerosas leyendas, como la que dice que las cabezas de los Santos subieron por el Ebro hasta llegar a Santander.
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En 1999, con motivo de la conmemoración del XVII centenario del Martirio, se revivieron estas tradiciones y se estrecharon los lazos de amistad con estas ciudades, que acogen parte de nuestra tradición
Pasado el peligro y reconquistada definitivamente la ciudad, las reliquias volvieron nuevamente a Calahorra y esta traslación, un 31 de Agosto, se toma para fijar el otro 'día grande' de nuestras fiestas, por ser el tiempo más favorable que en Marzo.

En la actualidad, la Cofradía de los Santos Mártires, fundada en 1332, se encarga de mantener viva la tradición y el espíritu de nuestros Santos entre los calagurritanos.


lunes, 2 de marzo de 2009

BEATO ENRIQUE SUSO



Religioso
(1300-1365)

Enrique Suso es uno de los principales representantes del movimiento místico que florece a las orillas del Rhin, a principios del cuatrocientos, cuando Juan XXII y Luis de Baviera luchaban por el predominio entre el Papado y el Imperio, en la famosa lucha de las investiduras.

Suso nació en Suabia, en la villa de Constanza, junto al hermoso lago, hacia 1296. A los trece años entra ya en el convento dominicano de Constanza. Habla en Horologium de su conversión, a los 18 años, y desde entonces se consagró a una vida de estudio, oración y gran austeridad.

Estudia con Eckart en Colonia. Escribe el Libro de la Verdad. Algunos ven sospechas en el libro y sufre persecución. Unido a los «amigos de Dios», se distingue por su vida ferviente. Su gracia especial estuvo en la dirección de sus hermanas dominicas, entre las que destaca Elisabet Stagel.

Escribió también el Libro de la Sabiduría eterna, con las cien consideraciones y oraciones para recitarlas todos los días. Y las Meditaciones sobre la agonía de Cristo y Soliloquio con la Virgen María.

Los últimos años los pasó en Ulm. Allí siguió su apostolado de dirección de almas, y revisaría sus escritos. Ulm tiene la torre de iglesia más alta del mundo, 161 metros.

Pero más alto voló el alma de Suso. Voló hasta dar a la caza alcance. El año 1366 fue a recibir el premio junto a Dios. Se nos fue calladamente, sin poder recoger sus últimas palabras ni su última mirada. Gregorio XVI lo declaró Beato en el año 1831.

Nos cuenta en una de sus cartas que un día que había tenido que sufrir mucho por penas interiores y por desprecios y humillaciones, vio desde la ventana de su celda a un perro que jugaba en el patio con un trapo. Lo mordía, lo babeaba, lo arrastraba, lo rasgaba. Así debes tú hacer, se dijo. Se te arroje en alto o se te tire abajo. Aunque se te escupa, tú debes aceptarlo todo alegremente, sin protestar, como el trapo, si él tuviese conciencia... - Al leer esto ¿quién no ve una influencia clara de la mística de Suso en la Historia de un alma de Teresa de Lisieux?

Dentro de la escuela mística, Suso representa el ala de mayor suavidad y dulzura. Éste podría ser su itinerario místico, según D. Baldomero Jiménez Duque: primero, la conversión o invitación a la vida perfecta. Luego, la sabiduría divina, encarnada en Jesucristo. Un día hasta externamente marcará su pecho con el nombre de Jesús. Tienen lugar entonces estados infusos de elevación y muy frecuentes éxtasis.

Pero la unión mística exige las purificaciones. Suso ha padecido intensamente esas pruebas del amor. Pruebas internas y externas. Fue un alma crucificada. Él ha «soportado» a Dios, según su expresión, entre lágrimas y sonrisas, entregado para siempre a su misericordia y a su amor.


De la obra del Beato Enrique Suso “Das Büchlein der ewigen Weisheit”. Colonia. Albertus Magnus. 1939, pp. 235, aquí pp. 69-107.


Capítulo 8: La primera es: ¿Cómo puede aparecer con tanta cólera siendo, sin embargo, tan amoroso?
Capítulo 9: La segunda: ¿Por qué Dios se retira de sus amigos según su voluntad y cómo se puede conocer su verdadera presencia?
Capítulo 10: La Tercera: ¿Porque Dios permite que lo pasen muy mal sus amigos en este tiempo?
Capítulo 11: De la pena perpetua del infierno.
Capítulo 12: De la Alegría inconmensurable del cielo.
Capítulo 13: De la nobleza incomparable del sufrimiento temporal.


viernes, 27 de febrero de 2009

SAN LEANDRO ARZOBISPO (AÑO 600)



Leandro significa: hombre con fuerza de león. (Le = león, Andro = fuerza).

San Leandro se ha hecho famoso porque fue el que logró que se convirtieran al catolicismo las tribus de visigodos que invadieron a España y el que logró que su rey se hiciera un fervoroso creyente.

Su madre era hija Teodorico, rey de los Ostrogodos, que invadieron a Italia. Tuvo tres hermanos santos. San Fulgencio, obispo de Ecija. San Isidoro, que fue el sucesor de Leandro en el arzobispado de Sevilla, y Santa Florentina.



LOS HERMANOS: SAN LEANDRO, SAN ISIDORO, SAN FLUGENCIO, SANTA FLORENTINA.


Desde niño se distinguió Leandro por su facilidad para hablar en público y por la enrome simpatía de su personalidad. Siendo muy joven entró de monje a un convento de Sevilla y se dedicó a la oración, al estudio ya la meditación.

Cuando murió el obispo de Sevilla, el pueblo y los sacerdotes lo eligieron a él para que lo reemplazara. Desde entonces Leandro se dedicó por completo a convertir a los arrianos, esos herejes que negaban que Jesucristo es Dios. El rey de los visigodos, Leovigildo, era arriano, pero San Leandro obtuvo que el hijo del rey, San Hermenegildo, se hiciera católico. Esto disgustó enormemente al arriano Leovigildo, el cual mandó matar a Hermenegildo. El joven heredero del trono prefirió la muerte antes que renunciar a su verdadera religión y murió mártir. La Iglesia lo ha declarado santo. La conversión de Hermenegildo fue un fruto de las oraciones y de las enseñanzas de San Leandro.

Leandro fue enviado con una embajada o delegación a Constantinopla y allá trabó amistad con San Gregorio Magno, que era embajador del Sumo Pontífice. Desde entonces estos dos grandes santos y sabios tuvieron una gran amistad que fue de mucho provecho para el uno y el otro. Se escribían, se consultaban y se aconsejaban frecuentemente. Y se cumplió lo que dice la Sagrada Escritura: "Encontrar un buen amigo, es mejor que encontrar un tesoro".

El rey desterró al obispo Leandro por haber convertido a Hermenegildo al catolicismo. Y el santo aprovechó el destierro para escribir dos libros contra el arrianismo, probando que Jesucristo sí es verdadero Dios y que los herejes que dicen que Cristo no es Dios, están totalmente equivocados.

El rey Leovigildo estando moribundo se dio cuenta de la injusticia que había hecho al desterrar a Leandro y lo mandó volver de España y antes de morir le recomendó que se encargara de la educación de su hijo y nuevo rey de España, Recaredo. Y esto fue algo providencial, porque el santo obispo se dedicó a instruir sumamente bien en la religión a Recaredo y lo hizo un gran católico. Y luego San Leandro demostró tal sabiduría en sus discusiones con los jefes arrianos que logró convertirlos al catolicismo. Y así toda España se hizo católica: El rey Recaredo , sus ministros y gobernadores y los jefes de los arrianos. El que más alegría sintió por esto fue el Sumo Pontífice San Gregorio Magno, el cual envió a San Leandro una carta de felicitación y lo nombró Arzobispo.



San Leandro reunió a todos los obispos de España en un Concilio en Toledo y allí dictaron leyes sumamente sabias para obtener la santificación de los sacerdotes, y el buen comportamiento de los fieles católicos. Para recordarle a la gente que Jesucristo es Dios como el Padre y el Espíritu Santo, mandó este buen arzobispo que en la Santa Misa se recitara el Credo que ahora se dice en las Misas de los domingos (costumbre que después siguió la Iglesia católica en todo el mundo).

Dios, a las personas que quiere hacer llegar a mayor santidad las hace sufrir más, para que ganen más premios en el cielo. San Leandro sufrió de muchas enfermedades con gran paciencia. Y uno de los males que más lo atormentó fue la gota, en las piernas (o inflamación dolorosa de las articulaciones por cristalización del ácido úrico). El Papa San Gregorio, que también sufría de ese mismo mal, le escribió diciéndole: "Dichosa enfermedad que nos hace ganar méritos para el cielo y al obligarnos a estar quietos nos brinda la ocasión de dedicarnos más al estudio y a la oración".

San Leandro murió en el año 596 y España lo ha considerado siempre como un gran benefactor y como Doctor de la Iglesia.

San Leandro bendito: que también los gobernantes de ahora se conviertan como tu discípulo Recaredo, en fervientes católicos. Amen.

Quien aparta a un pecador de su mal camino, asegura su propia salvación (Apóstol Santiago)

jueves, 19 de febrero de 2009

LOS SANTOS OBRA MAESTRA DEL ESPÍRITU SANTO


VATICANO - “AVE MARÍA” por mons. Luciano Alimandi - Los Santos: ¡obra maestra del Espíritu Santo!
Ciudad del Vaticano (Agencia Fides) – Los Santos y las Santas que nos acompañan a lo largo del Año litúrgico y cuya memoria celebramos, nos dicen claramente que el Evangelio que proclaman, no sólo con los labios sino también con el testimonio de su vida, que llega en los mártires hasta la efusión de sangre, ha tenido el poder de transformar esa vida en una existencia llena de Dios.
Toda promesa evangélica se realiza porque Quien la ha hecho es Dios y quienes corresponden a sus deseos, manifestados plenamente por el Señor Jesús, llegan a ser realmente sus hijos, ciudadanos de su Reino y participan en la vida de gracia que vivifica su Iglesia que es en la tierra el signo visible de este Reino. Como las promesas contenidas en las Bienaventuranzas, que en los Santos se ven realizadas espléndidamente, así también toda palabra del Señor, que encuentra eco en la vida del discípulo, da frutos abundantes, a veces el treinta, a veces sesenta, a veces cien (cf. Mt 13, 8). Todo depende de cuan adherente es el comportamiento del creyente, tanto interior como exterior, a la palabra del Evangelio. La semejanza con Jesús es, en efecto, santidad: cuanto mayor imitación de Cristo tanto mayor santidad. Es por esto que la Iglesia, antes de proclamar la heroicidad de las virtudes de un siervo o de una sierva de Dios, estudia a fondo su comportamiento, escrutando su testimonio integral. La santidad evangélica, en efecto, está totalmente encarnada en la vida, no es teórica sino práctica, genera obras de santidad, más o menos escondidas, pero reales, como son reales las virtudes. Estas obras justas de los santos forman la vestimenta brillante de lino puro que adorna a la Iglesia, Esposa del Cordero (cf. Ap 19, 8-9).
Sólo quienes ponen en práctica el Evangelio son reconocidos como verdaderos discípulos del Cordero y se sientan en su banquete de bodas, es decir, comparten con Él, en el Cielo, la gloria, el honor y el poder que el Padre le ha dado. Son estos los “Siervos de Dios” que iluminan el mundo como las estrellas iluminan la noche, son ellos los más grandes benefactores de la humanidad, porque “no hay amor más grande que dar la vida por los amigos” (Jn 15, 13). Ellos, los Santos, eran amigos de todos los hombres, sin distinción de ningún tipo. Que hermoso saber que en Jesús, un San Francisco, un Santo Domingo, una Santa Teresa del Niño Jesús… han dado la vida también por nosotros, para que podamos tener el coraje de hacer como ellos, de llegar a ser auténticos amigos de Jesús: sin ninguna reserva por Él, con un amor incondicionado que se dona sin reservarse nada para sí no para el mundo. ¿Quién más, sino Dios mismo, en Jesucristo, es digno de este amor?
El camino de la santidad cristiana es posible, sin embargo, sólo cuando se instaura con el Espíritu Santo una relación tan esencial que Él se convierte verdaderamente, en modo permanente, el Huésped dulce del alma.
San Pablo nos recuerda que sólo por medio del Espíritu de Jesús es posible invocar a Dios como nuestro Padre (cf. Rm 8, 15; Gal 4, 6). La invocación al Espíritu Santo debería impregnar la vida de todo auténtico discípulo del Señor que anhele la santidad. El Espíritu Santo, en efecto, ilumina nuestra mente e infunde fuerza a nuestra voluntad para discernir el bien del mal y escoger siempre aquello que es agradable a Dios. Para cada uno de nosotros es imposible vencer esta batalla espiritual que atraviesa completamente nuestra existencia humana, sin el apoyo buscado y acogido por la Fuerza que viene de lo Alto.
Cuando, en la Secuencia de Pentecostés, invocamos “lava lo que es sórdido, riega lo que es árido, sana lo que está enfermo, dobla lo que está rígido, calienta lo que está helado, endereza lo que está desviado”, le pedimos al Espíritu Santo que nos sane, nos libere, nos convierta, nos transforme. ¿Dónde, en efecto, hay que lavar, sanar, doblar, calentar, enderezar, si no en lo íntimo de nuestros corazones, allí donde se basa la verdadera vida del hombre, justamente en su alma? El Santo Padre, en modo magistral, ha indicado a los jóvenes reunidos en Sydney esta acción maravillosa del Espíritu Santo, al Que ha dedicado todo el encuentro mundial de la juventud 2008:
“La fuerza del Espíritu Santo jamás cesa de llenar de vida a la Iglesia. A través de la gracia de los Sacramentos de la Iglesia, esta fuerza fluye también en nuestro interior, como un río subterráneo que nutre el espíritu y nos atrae cada vez más cerca de la fuente de nuestra verdadera vida, que es Cristo. San Ignacio de Antioquía (...) ha hablado del Espíritu como de una fuente de agua viva que surge en su corazón y susurra: ‘Ven, ven al Padre’ (cf. A los Romanos, 6,1-9). Sin embargo, esta fuerza, la gracia del Espíritu Santo, no es algo que podamos merecer o conquistar; podemos sólo recibirla como puro don. El amor de Dios puede derramar su fuerza sólo cuando le permitimos cambiarnos por dentro. Debemos permitirle penetrar en la dura costra de nuestra indiferencia, de nuestro cansancio espiritual, de nuestro ciego conformismo con el espíritu de nuestro tiempo. Sólo entonces podemos permitirle encender nuestra imaginación y modelar nuestros deseos más profundos. Por esto es tan importante la oración: la plegaria cotidiana, la privada en la quietud de nuestros corazones y ante el Santísimo Sacramento, y la oración litúrgica en el corazón de la Iglesia.
Ésta es pura receptividad de la gracia de Dios, amor en acción, comunión con el Espíritu que habita en nosotros y nos lleva, por Jesús y en la Iglesia, a nuestro Padre celestial. En la potencia de su Espíritu, Jesús está siempre presente en nuestros corazones, esperando serenamente que nos dispongamos en el silencio junto a Él para sentir su voz, permanecer en su amor y recibir ‘la fuerza que proviene de lo alto’, una fuerza que nos permite ser sal y luz para nuestro mundo” (Benedicto XVI, Homilía en Sydney del 20 de julio del 2008). (Agencia Fides 18/2/2009; líneas 64, palabras 1016)

miércoles, 18 de febrero de 2009

María Bernarda; Bernadette


de 1844 a las dos de la tarde, en Lourdes, una pequeña ciudad de Francia meridional, en el departamento de los Altos Pirineos, nació una niña cuyos padres, Luisa Castérot y Francisco Soubirous, le impusieron el nombre de María Bernarda; Bernadette, como todos la llamarían después y como la conocería luego el mundo entero

Bernadette, la primogénita, nacía en una pequeñísima y humilde casa, el molino de Boly, a orillas del torrente Lapaca. Pronto salió de ahí. Tenia pocos meses cuando su madre, que aguardaba otro hijo, sufrió graves quemaduras en el fuego del hogar. Bernadette es entonces llevada a Bartrés, a unos 4 kilómetros de Lourdes, a casa de María Laguës que acababa de perder a su hijito Juan, de tan solo dieciocho días. Bernadette, acompañada por su madrina Bernarda, llega a la casa Burg en la que permanece un año. El 1 de abril de 1846 vuelve a Boly. Pero la situación de la familia Soubirous no es buena; las dificultades económicas cada vez mayores obligan a Francisco Soubirous a buscar otra vivienda más pobre y modesta que la anterior. Se trasladan provisoriamente a la casa Laborde.




Pero no son años fáciles. Durante el otoño de 1855 Bernadette es alcanzada por la epidemia de cólera, que en pocos meses cobró treinta víctimas. La salud de la niña, endeble por las privaciones sufridas en la primera infancia, recibe un nuevo golpe. Durante toda su breve existencia Bernadette llevará impresas en su frágil cuerpo las huellas de sus varias dolencias, principalmente el asma. Pero parece que las enfermedades, al debilitar el cuerpo de Bernadette, fortalecían al mismo tiempo su espíritu. Al cabo de un año, otro traslado. Esta vez, a un nuevo molino distante 4 kilómetros de Lourdes. Bernadette se ocupa de la hermana Toinette y de los hermanitos Juan María y Justino. Los peregrinajes, sin embargo, no han terminado. Francisco Soubirous tiene un primo, Andrés Sajous, propietario de la vieja prisión ahora fuera de uso. Y aquí, en la parte mas triste de la cárcel, en el llamado cachot (4,40 m por 4), es donde vivirá Bernadette algunos años de su vida.



En septiembre de 1857, María Lagues, que ya la había acogido en Bartrés, la llama nuevamente para que la ayude en las labores de la casa, en las faenas del campo y en el cuidado del rebaño de ovejas. En Bartrès se ve obligada a interrumpir la modesta educación religiosa que había iniciado en Lourdes. Todavía no sabe leer ni escribir pero está empeñada en recibir la Primera Cornunión. Por la noche, después de largas horas de labor, la niña repite de memoria las fórmulas de catecismo. Finalmente, en enero de 1858 vuelve Bernadette a Lourdes y al cachot en la calle des Petits Fossés. Llega en febrero de ese año, es un jueves. En la casa se ha terminado la leña y Bernadette se ofrece para ir a recogerla, allá abajo, hacia el torrente Gave, con su hermana Toinette y Juana Abadie, a quien llaman Baloum. Las tres niñas descienden hasta el lugar denominado Masse-Vieille (hoy llamado Massabielle): es une fuerte roca que cubre una gruta alargada, de unos ocho metros de ancho.

Exactamente en este lugar las tres niñas divisan un haz de leña que la corriente del Gave había arrastrado hasta allí, pero para alcanzarlo es necesario atravesar el torrente, y Bernadette, temerosa de internarse en el agua helada, vacila un momento y mientras las otras, decididas, cruzan el torrente, ella demora aún y se retrasa para quitarse las medias. Narró después Bernadette que en ese instante oyó un fuerte rumor de viento, pero al volverse vio que todo estaba tranquilo y que los árboles no se habían movido.


Otra vez oyó el mismo rumor pero entonces vio a una Señora en el interior de la gruta. La describió vestida de blanco, con un velo blanco que le cubría la cabeza, un lazo celeste, dos rosas sobre cada pie y un rosario de cuentas blancas. La Señora comenzó a recitar el rosario seguida pronto por la niña. De golpe, y después de haberle sonreído, desapareció. Fue ésta la primera visión de Bernadette Soubirous: tan sólo la primera de una larga serie de visiones, dieciocho, que se sucedieron desde aquel 11 de febrero de 1858 hasta el 16 de Julio.



Durante las apariciones de la Señora (que Bernadette había llamado aquello, es decir aquello), Bernadette entra en éxtasis, reza, sonríe y habla con aquella aparición que ella, y sólo ella, puede contemplar en toda su belleza. A quien mucho tiempo después le preguntará si la Señora era realmente tan hermosa, Bernadette responderá: Tan hermosa que después de haberla visto una vez se desea morir para poder volver a verla . Pero Bernadette, sola en sus éxtasis, no estará nunca sola en la gruta.

La gente, que ha sabido de las apariciones de la Señora vestida de blanco a la pequeña Bernadette, la sigue cuando desciende a la gruta para orar. Están los curiosos, los guardianes, el párroco de Lourdes, pero están también, y son los mas numerosos, los que creen en las visiones de Bernadette. Aumentan rápidamente: de pocas decenas alcanza en poco tiempo a varios millares.

El martes 2 de marzo Aqueró pide dos cosas a Bernadette: que se hagan procesiones a la gruta y se construya ahí mismo una capilla en su honor. Pero, en honor de quien? preguntan los altos prelados a quienes Bernadette ha referido el coloquio. Es una pregunta que hallará respuesta el 25 de marzo; la Señora es la Inmaculada Concepción. Esto es lo que Bernadette refiere al clero.



Es la cumbre, el punto más alto en su significado, de las apariciones de Massabielle. Estas terminarán el 16 de julio, Un viernes; pero antes de ese día Bernadette habrá realizado su gran sueño, recibir la Primera Comunión el día de la fiesta del Santísimo Sacramento. A pesar del acontecimiento sobrenatural que ha sacudido la simplicidad de su vida, Bernadette sigue siendo la misma. Humilde como siempre, ha continuado sus tareas domésticas y ha seguido sus estudios. También su salud sigue siendo la misma.
En Julio de 1860, invitada por las religiosas se dirigen el Hospicio de Nevers, Bernadette deja la casa y permanece como enferma dos años entre ellas (1861 y 1862).

En agosto de 1864 solicita ser admitida en la congregación de las hermanas de Nevers y así, el 3 de junio de 1866, abandona para siempre su pequeña ciudad y, sobre todo, deja su gruta. el 30 de octubre de 1867, en Nevers, Bernadette pronunció sus votos temporarios y, finalmente, con los votos a perpetuidad, se transforma en Sor María Bernarda.


La enfermedad no le dio tregua: el 15 de abril de 1879, aproximadamente a las tres de la tarde, expiró.

Bernadette podía decir en verdad que mora feliz, ante todo porque finalmente volvería a ver a su Señora (en Nevers repetía siempre que en Lourdes la gruta era mi Cielo). Luego, porque desde el 13 de enero de 1862 se había publicado una Ordenanza Episcopal en la que se afirmaba la autenticidad de las visiones aparecidas a Bernadette Soubirous y finalmente porque ya se había levantado la capilla. La iglesia, de grandes proporciones, acogía a los peregrinos y a los fieles de todo el mundo, a los enfermos procedentes de todas partes de la tierra que buscaban aquí, en el agua surgente de la roca, su última esperanza de curación.



Los milagros se multiplicaban en el tiempo y la Iglesia, la oficial, debía reconocer e inclinarse ante un milagro más alto, el de la revelación de la Virgen a la humilde pastorcita de Lourdes.

lunes, 16 de febrero de 2009

SANTA JULIANA

Cuando llegó la paz de Constantino, la matrona Sofronia tomó las reliquias del cuerpo de la mártir Juliana con la intención de llevarlas consigo a Roma. Por una tempestad, tuvo que desembarcar en Puzoli donde le edificó un templo que luego destruyeron los lombardos. Las reliquias se vieron peligrar y prudentemente se trasladaron a Nápoles donde reposan y se veneran con gran devoción.


SANTA JULIANA EN LA FACHADA DE LA COLEGIATA


En Nicomedia tuvieron lugar los hechos, de mil maneras narrados y con toda clase de matices comentados, en torno a esta santa que hizo un proyecto de su vida contrapuesto al deseado por su padre. Los narraré escuetamente adelantando ya que fue por la persecución de Maximiano.

Juliana es hija de una conocida familia ilustre pero con un padre pagano metido en el ejercicio del Derecho - que cuando llega el momento llega a convertirse en perseguidor de los cristianos - y una madre agnóstica. Ella, por la situación del entorno familiar nada favorable para la vivencia cristiana, se ha hecho bautizar en secreto. Además se le ha ocurrido entregarse enteramente a Cristo y no entra el casamiento en sus planes de futuro. Este es el marco.

COLEGIATA ROMÁNICA DE SANTA JULIANA


La dificultad del caso comienza cuando Eluzo, que es un senador joven, quiere casarse con Juliana. La cosa se pone aún más interesante porque, conociendo que Eluzo bebe los vientos por su hija, ya ha concertado el padre el matrimonio entre el senador y la joven, comprometiendo su honorabilidad.

La supuesta novia lo recibe amablemente y con cortesía haciendo gala de su esmerada educación. Pero, al llegar el momento culminante de los detalles matrimoniales, salta sobre el tapete una condición al aspirante con la intención de desligarse del compromiso. No lo aceptará -le dice- mientras no sea juez y prefecto de la ciudad. Claro que eso era como pedir la luna; pero se vio pillada en sus palabras ya que en poco tiempo, gracias a influencias, dinero y valía personal, Eluzo se ha convertido en juez y prefecto de Nicomedia; además, continúa insistiendo en sus pretensiones matrimoniales con Juliana. La doncella mantiene la dignidad dándole toda clase de felicitaciones y parabienes, al tiempo que le asegura no poder aceptar el matrimonio hasta que se dé otra condición imprescindible para cubrir la sima que los separa: debe hacerse cristiano.


Ante tamaño disparate es el propio Eluzo quien pondrá al padre al corriente de lo que está pasando y de la «novedad» que se presenta. «Si eso es verdad, seremos juez y fiscal para mi hija». Juliana sólo sabe contestar a su padre furioso que ansía ser la primera dama de la ciudad, pero que sin ser cristiano, todo lo demás lo estima en nada.

«Por Apolo y Diana! Más quiero verte muerta que cristiana».

Convertida al cristianismo, se destacó por su entusiasmo y ardor en la difusión de la fe, por lo que fue encarcelada, torturada y finalmente decapitada el año 305. Su cuerpo fue trasladado a Cumas, en Italia, y posteriormente su reliquias llegaron a España, donde en su honor los condes de Castilla levantaron el célebre monasterio de Santillana (Santa Ileana), uno de los mejores monumentos de la Edad Media española


FACHADA DE LA COLEGIATA DE SANTA JULIANA EN SANTILLANA (SANTA ILEANA) (SANTANDER)

En la conversación tratará a su padre con respeto y amor de hija, pero... «mi Salvador es Jesucristo en quien tengo puesta toda mi confianza». Vienen los tormentos esperados cuando las razones no son escuchadas. Estaño derretido y fuego; además, cárcel para darle tiempo a pensar y llevarla a un cambio de actitud. Finalmente, con 18 años, se le corta la cabeza el 16 de febrero del 308.

INTERIOR DE LA COLEGIATA

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VIRGEN CON CUATRO SANTOS

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Como el océano recibe todas las aguas, así María recibe todas las gracias. Como todos los ríos se precipitan en el mar, así las gracias que tuvieron los ángeles, los patriarcas, los profetas, los apóstoles, los mártires, los confesores y las vírgenes se reunieron en María

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