TODOS LOS SANTOS

martes, 17 de mayo de 2011

SAN PASCUAL BAILÓN



de l'Ordre de Saint-François
(1540-1592)

En la vida de San Pascual Bailón coinciden circunstancias providenciales. Su vida está entre dos Pascuas. Nace y muere el día de Pentecostés. Por eso se llama Pascual y será alegre como unas pascuas. Nace y muere en el mes de las flores y tendrá gran devoción a María. Su existencia está encerrada en dos pueblos sonoros. Nace en Torrehermosa, del reino de Aragón, y muere en Villarreal, del reino de Valencia. Vida hermosa y regia.

Por lo demás, el Serafín de Torrehermosa era de humilde familia. A los siete años ya era pastorcito. Y mientras cuida de sus ovejas, teje guirnaldas de flores y plegarias a la Virgen Nuestra Señora de la Sierra.

Desde niño fue muy inclinado a la piedad. Acude a la iglesia, sin prisa, a los pies de la Virgen o junto al Sagrario. Son sus amores. A ellos dedica las ternuras de su corazón. La Eucaristía y María tienen para él el atractivo irresistible de un poderoso imán. No podía separarse de él.

Como buen aragonés, es constante y tenaz. Es también un autodidacta. Aprende solo a leer. Así podrá conocer mejor los misterios de la fe. A puro de ejercicio, es además un buen grabador. A golpe de navaja ha grabado en su cayado una cruz, una custodia y una imagen de la Virgen. A los veinte años trabaja como rabadán para un rico propietario, Martín García. Y es tan responsable Pascual, que su amo le ofrece la mano de su única hija. Es una prueba muy tentadora. Pero no acepta. Hizo un propósito de niño: "Cuando sea mayor, seré franciscano". Poco después Santa Clara y San Francisco le confirman en su decisión. Camino de Cabolafuente, se le aparecen: "La castidad, la pobreza y la obediencia será tu ideal".

Pide el hábito de lego franciscano en Montfort. Como buen hijo del Poverello, celebra sus nupcias con la Dama Pobreza. Pobreza real, querida y saboreada. Quería ser "la escoba de la casa de Dios". Luego, durante casi treinta años, Almansa, Jumilla, Valencia, Elche, Loreto, Ayora, Játiva, Villena, Jerez y Villarreal, serán testigos de los milagros de su caridad, para con los hermanos del convento y de fuera, y de sus fervores eucarísticos.

Pascual Bailón. Nombre alegre y apellido juguetón. A veces, sin poder contenerse, se ponía a bailar ante una imagen de la Señora. Tenía buen humor. Recorría muchos pueblos mendigando para el convento y para repartir a los pobres. - Fray Pascual ¿por qué no os servís de un jumento para llevar ese aceite? - ¡Un jumento! ¿Dónde hallar otro mejor que yo?

Sus superiores le envían a París. Descalzo, a pie y mendigando hizo el viaje. Era una arriesgada aventura. Mil azares le sucedieron. Un hugonote sospechó del papista. - ¿Dónde está Dios?, le preguntó. - En el cielo, contesta Pascual sencillamente. Luego -llorará, porque si hubiera añadido: "y en el Santísimo Sacramento", hubiera sido mártir, que era su ardentísimo deseo. En el viaje de vuelta lo compensa con sus ardientes predicaciones sobre la Eucaristía y sus himnos de alabanza el Amor de los Amores.

Esa fue su vida, un serafín de amor. Humildad, silencio y sacrificio, como Jesús en la Eucaristía. La aurora le sorprendía siempre ante el Sagrario, radiante de luz y alegría. Allí se preparaba para la jornada. Y ante el Sagrario le sorprendía el anochecer, descansando de sus fatigas.

Su alma voló a la patria eterna en el momento de la elevación de la Misa. Oyó la campana y aún abrió los ojos para adorar la Sagrada Hostia. Era el 17 de mayo de 1592. El Papa León XIII declaró a San Pascual Bailón Patrono de todas las Obras Eucarísticas el año 1897.

martes, 10 de mayo de 2011

SAN JUAN DE ÁVILA

San Juan de Ávila Nacido en enero del año 1500 en Almodóvar del Campo, cursa los estudios universitarios de Filosofía y Derecho en Salamanca y de Teología en Alcalá, como discípulo predilecto de Domingo Soto. También los libros de Erasmo, saturados de espíritu paulino y ansiosos de re forma, le influyeron mucho. Fue el discípulo más aventajado, dice Fray Luis de Granada.

Corría el año 1517 cuando Juan de Ávila, estudiante de Salamanca, oyó la voz del Señor cerca de él no ya en la ribera del Lago de Galilea, sino en el bullicio de una fiesta de toros y cañas. Pero el eco que produce en su alma le lleva a dejarlo todo.

Ordenado sacerdote el 1525, celebra su Primera Misa y sueña con el nuevo mundo americano cuyas primicias están llegando a España. Dios tenia señalado otro campo de acción: para su apostolado, se convertirá en el apóstol de Andalucía. Recorre Écija, Sevilla, Córdoba, Granada. predicando con acentos patéticos, la conversión de los pecados y ganando para su causa a algunos sacerdotes, con los que organiza una Congregación de Operarios para sembrar la Palabra de Dios. Cuando más tarde mande al Concilio de Trento un memorial sobre las necesidades de la Iglesia, señalará entre las principales la de curas confesores y predicadores: sus compañeros han de intentar cubrir esta última necesidad. Funda junto con ellos hasta quince colegios en los que como el mismo afirmaba, se aprendía no tanto a gastar los ojos en el estudio cuanto a encallecer las rodillas en la oración.

Fervoroso y mortificado, incluso más hombre de oración que de palabra, Juan de Ávila sigue su camino encendiendo inquietudes de más exigente espiritualidad en seglares, clérigos y religiosos; por ejemplo, en carmelitas, como san Juan de la Cruz, en dominicos como fray Luis de Granada, que será su primer biógrafo.

Mantuvo comunicación con Santa Teresa de Jesús, San Pedro de Alcántara y San Francisco de Borja.

Entre sus muchos convertidos a una vida santa descuella San Juan de Dios.

Juan mantuvo intimas relaciones con Ignacio de Loyola y su recién fundada Compañía, hasta el punto de que, uno de los hijos de Ignacio, el P. Villanueva, escribía a su santo fundador: «En tanta conformidad parece que quepa otro acuerdo: o que él se una a nosotros o que nosotros nos unamos a él». En realidad, varios de los discípulos de Juan ingresarían en la Compañía de Jesús al llegar días de persecución inquisitorial para Juan y su principal obra, el Audi, filia. Acosado por múltiples adversidades y minada su salud con tanto trabajo y penitencia, se retira a Montilla, sin fuerzas ya siquiera para predicar—salvo en las grandes solemnidades y casi sin voz—. Pronunciando reiteradamente los sagrados nombres de Jesús y María se apaga aquella luz que a .tantos había llevado hacia la conversión, era el 10 de mayo 1569.

Junto a su devoción a la Eucaristía, destacaba también su piedad mariana. Hasta llegar a escribir familiarmente: "más quisiera estar sin pellejo que sin devoción a Nuestra Señora".

Fue canonizado en 1970 y es el patrono del clero secular español.
----------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------

Los días 9 y 10 de mayo 25 sacerdotes de la Diócesis presididos por el Señor Obispo están llevado a cabo una peregrinación a Montilla. Para visitar el sepulcro de San Juan de Ávila, patrono de los sacerdotes.

A los sacerdotes españoles hay que felicitarles el día 10 de Mayo, porque en ese día celebran su patrono, al Maestro Ávila. Y es bueno que se les felicite para mostrarles el respeto que su ministerio se merece y para hacer justicia a Juan de Ávila.

El sacerdote secular español más importante del siglo XVI; en ese siglo de grandes santos españoles, San Ignacio de Loyola, Santa Teresa, San Juan de Dios, San Francisco de Borja, San Pedro de Alcántara y Fray Luis de Granada, le estimaban como amigo y como referente espiritual. Pero a pesar de su fama hasta fecha reciente no fue reconocida oficialmente su santidad, beatificado en 1894 y declarado santo en 1970. Su vida es un ejemplo de entrega a Dios: hecho sacerdote donó sus bienes a los pobres, quiso ir a misiones y toda su vida fue un ejemplo de buen desempeño del ministerio sacerdotal entregada a la oración y a la predicación del Evangelio. Recorrió toda Andalucía predicando, escribió grandes obras y sus enseñanzas influyeron en el concilio de Trento. Una de sus cualidades más admirables era su gran humildad. Fue encarcelado, por falsas acusaciones y aprovechó el tiempo para crecer en santidad. A pesar de sus brillantes éxitos apostólicos, siempre se creía un pobre y miserable pecador. Cuando estaba agonizante vio que un sacerdote lo trataba con veneración y le dijo: "Padre, tráteme como a un miserable pecador, porque eso es lo que he sido y nada más". Su devoción a la Virgen era tan grande que lo hacía exclamar: "Más preferiría vivir sin piel, que vivir sin devoción a la Virgen María".

lunes, 2 de mayo de 2011

SAN ATANASIO, OBISPO Y DOCTOR DE LA IGLESIA


San Atanasio es el gran campeón de la ortodoxia, que luchó bravamente por la fe, contra todos los errores de su tiempo. Había nacido en Alejandría, ciudad en la que convergían las antiguas genealogías paganas de Egipto con las nuevas importadas de Grecia y de Roma. Siendo diácono, ya escribió una obra magistral en que desenmascara y refuta toda clase de errores, y establece con claridad la doctrina cristiana.

Alejandría era una auténtica Babel de doctrinas. Y como si aún fueran pocas las herejías que pululaban, aparece Arrio que negaba la divinidad de Jesucristo. Según él, Jesucristo sería la primera de las criaturas, un líder diríamos hoy, pero no Dios. Esta, una de las primeras herejías, se ve también reproducida en nuestros días, por lo que vemos la poca originalidad de nuestros actuales herejes.

Atanasio, bien formado en la famosa escuela alejandrina, y apoyado en Orígenes, se levanta con fuerza contra Arrio para defender la verdadera fe. Será una lucha sin cuartel, que le mantendrá en vilo sin concederse un momento de reposo. Tenía un carácter de acero y lo iba a necesitar.

Cuando el año 325 se reúne el concilio de Nicea, el primero de los ecuménicos, presidido en nombre del Papa por Osio, obispo de Córdoba, la dialéctica convincente de Atanasio brilló a gran altura. La divinidad de Jesucristo fue definida como dogma.

Poco después Atanasio sucedía a su obispo como patriarca de Alejandría. Pero la herejía, no aplastada del todo, iba a continuar. Había muchos intereses creados. Eusebio de Nicomedia, jefe de los obispos arrianos, intrigaba ante el emperador. Atanasio es cinco veces condenado, degradado y desterrado. Y empieza sus peregrinaciones a través del imperio. Cuatro emperadores -el más encarnizado, Juliano el Apóstata-, inducidos por obispos aduladores, intentan asustarle. Pero él sigue impávido defendiendo la ortodoxia, y cada vez es recibido triunfalmente por los fieles de su ciudad. Es famosa la estratagema que usó una ocasión. Remontaba el Nilo una noche, cuando notó que le seguían. Era la galera de la policía imperial. "¿Habéis visto a Atanasio?", preguntaron. "Precisamente, dijo él fingiendo la voz, camina río adelante, remad fuerte". La nave cruzó ligera. Atanasio viró la suya y así escapó al peligro.

Ya no le quedaban rincones donde esconderse en el imperio. Una de las veces en que es perseguido llega a ocultarse a las afueras de Alejandría en el sepulcro de su padre. En sus destierros, pasa años también en el desierto, conviviendo con Antonio, Pacomio y otros grandes anacoretas. Allí fortalece su espíritu para salir otra vez a la lucha con los arrianos. Fruto de su estancia en el desierto son algunos tratados importantes sobre la verdadera fe, y una vida de San Antonio, la primera hagiografía que se conoce, obra muy bien recibida por el mundo romano.

"El carácter de Atanasio, ha dicho Bossuet, es inconmensurable". Se le ha llamado el gran iluminador de la fe, y columna fundamental de la Iglesia. San Gregorio Nacianceno empezaba así él panegírico de Atanasio: "Alabar a Atanasio es alabar la misma virtud. ¿Acaso no celebra la virtud el que cuenta una vida que realizó todas las virtudes?". Toda su vida estuvo inflamada por una pasión: el amor al Verbo Encarnado. Su grandeza le coloca en la primera fila de los caracteres más admirables que ha producido el género humano.

miércoles, 27 de abril de 2011

SANTO TORIBIO DE MOGROVEJO


Toribio, arzobispo de Lima, es uno de los eminentes prelados de la hora de la evangelización. El concilio plenario americano del 1900 lo llamó «totius episcopatus americani luminare maius», que en vernácula hispana quiere decir «la lumbrera mayor de todo el episcopado americano». Era la hora de llevar la fe cristiana al imperio inca peruano lo mismo que en México se cristianizaba a los aztecas.

Nació en Mayorga (Valladolid), el 16 de noviembre de 1538. No se formó en seminarios, ni en colegios exclusivamente eclesiásticos, como era frecuente entonces; Toribio se dedicó de modo particular a los estudios de Derecho, especialmente del Canónico, siendo licenciado en cánones por Santiago de Compostela y continuó luego sus estudios de doctorado en la universidad de Salamanca. También residió y enseñó dos años en Coimbra.

En diciembre de 1573 fue nombrado por Felipe II para el delicado cargo de presidente de la Inquisición en Granada, y allí continuó hasta 1579; pero ya en agosto de 1578 fue presentado a la sede de Lima y nombrado para ese arzobispado por Gregorio XIII el 16 de marzo de 1579, siendo todavía un brillante jurista, un laico, o solo clérigo de tonsura, cosa tampoco infrecuente en aquella época.

Recibió las órdenes menores y mayores en Granada; la consagración episcopal fue en Sevilla, en agosto de 1579.

Llegó al Perú en el 1581, en mayo. Se distinguió por su celo pastoral con españoles e indios, dando ejemplo de pastor santo y sacrificado, atento al cumplimiento de todos sus deberes. La tarea no era fácil. Se encontraba con una diócesis tan grande como un reino de Europa, con una población nativa india indócil y con unos españoles muy habituados a vivir según sus caprichos y conveniencias.

Celebró tres concilios provinciales limenses –el III (1583), el IV (1591) y el V (1601)–; sobresalió por su importancia el III limense, que señaló pautas para el mexicano de 1585 y que, en algunas cosas, siguió vigente hasta el año 1900.

Fue de los pocos que intentaron poner al pie de la letra las disposiciones del concilio de Trento; pero se vio imposibilitado para cumplirlas todas –como la de los sínodos anuales– en aquellas circunstancias por la imposibilidad de las comunicaciones.

Aprendió el quechua, la lengua nativa, para poder entenderse con los indios. Se mostró como un perfecto organizador de la diócesis. Reunió trece sínodos diocesanos. Ayudó a su clero dando normas precisas para que no se convirtieran en servidores comisionados de los civiles. Visitó tres veces todo su territorio, confirmando a sus fieles y consolidando la vida cristiana en todas partes. Alguna de sus visitas a la diócesis duró siete años.

Prestó muy pacientemente atención especial a la formación de los ya bautizados que vivían como paganos. Llevado de su celo pastoral, publicó el Catecismo en quechua y en castellano; fundó colegios en los que compartían enseñanzas los hijos de los caciques y los de los españoles; levantó hospitales y escuelas de música para facilitar el aprendizaje de la doctrina cristiana, cantando.

No se vio libre de los inevitables roces con las autoridades en puntos de aplicación del Patronato Real en lo eclesiástico; es verdad que siempre se comportó con una dignidad y con unas cualidades humanas y cristianas extraordinarias; pero tuvo que poner en su sitio a los encomenderos, proteger los derechos de los indios y defender los privilegios eclesiásticos.

Atendido por uno de sus misioneros, murió en Saña, mientras hacía uno de sus viajes apostólicos, en 1606.

Fue beatificado en 1679 y canonizado en 1726.

Quien tenga la suerte de tener entre sus manos un facsímil del catecismo salido del Tercer Concilio Limense, aprenderá a llamar mejor evangelización que colonización a la principal obra de España en el continente recién descubierto.

martes, 19 de abril de 2011

SAN LEÓN IX PAPA


Se llamaba Bruno de Dagsburgo y estaba emparentado con la familia real de Alemania. Había nacido en 1002, en Alsacia, de un hogar cristiano y muy culto.

A temprana edad comenzó a estudiar en la escuela episcopal de Toul, y ya en su juventud dio muestras de estar dotado de notables cualidades. En este tiempo, padeció de una grave enfermedad, cuya curación se atribuyó a san Benito. Desde entonces profesó una especial devoción al santo patriarca.

Canónigo de la iglesia de san Esteban, en Toul, a la muerte del obispo de dicha ciudad fue designado para sucederlo. Un año después su pariente Conrado II - llamado el Sálico, fundador de la casa de Franconia - se hizo proclamar en Italia emperador romano.

Bruno fue un obispo enérgico y austero, que restauró la disciplina un tanto alicaída de los monasterios y defendió con firmeza los derechos de la Iglesia. A la muerte del papa Dámaso II, en 1048, se eligió a Bruno para ocupar el solio pontificio, siendo coronado a comienzos del año siguiente con el nombre de León IX. En este nuevo y alto cargo desplegó una intensa actividad. Promovió la reforma del clero y las buenas costumbres del pueblo; convocó varios sínodos diocesanos que condenaron severamente la simonía y la venta de indulgencias, práctica entonces muy arraigada, y trató de intensificar la vida monacal. Se mantuvo en permanente contacto con san Hugo, abad de Cluny, y con Halinard, arzobispo de Lyon, organizador de uno de los movimientos reformistas de Francia. Al mismo tiempo, llamó a su lado como colaboradores a los hombres más eminentes del clero, entre ellos al monje Hildebrando, futuro san Gregorio VII, el pontífice más grande de su siglo y uno de los mayores en toda la historia de la Iglesia.

Realizó numerosos viajes, visitando las distintas diócesis, en ocasiones, para reconciliar a soberanos enemistados. Cruzó los Alpes, llegó a Sajonia, luego a Colonia, a Toul, a Reims, a Metz, a Magnucia.

San León IX había sido designado sumo pontífice por su pariente el emperador Enrique III, hijo y sucesor de Conrado II. Sin embargo, él fue el primero en proponer que en el futuro los papas fuesen elegidos entre los cardenales. Tal disposición se hizo definitivamente efectiva en 1059.

Miguel Cerulario, patriarca de Constantinopla, censuró a la Iglesia de Occidente a causa de algunas normas disciplinarias y litúrgicas que diferían de las de Oriente. Era un pretexto para realizar la separación y situarse a la cabeza de la Iglesia Griega. San León IX le escribió una notable carta y envió una embajada a Constantinopla, pero no pudo evitar el cisma, que se produjo en 1054.

Enfermo, sintió que la muerte estaba cercana. Colocado su lecho junto al altar mayor de San Pedro, como era su deseo, murió el 19 de abril de 1054.


ORACIÓN

Dios todopoderoso y eterno, que quisiste que San León IX, papa, presidiera a todo tu pueblo y lo iluminara con su ejemplo y sus palabras, por su intercesión protege a los pastores de la Iglesia y a sus rebaños y haz los progresar por el camino de la salvación eterna. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.

miércoles, 30 de marzo de 2011

SAN ZÓSIMO



S. ZÓSIMO (417-418) Griego. Fue elegido por señalación de Inocencio. Su pontificado fue breve y atormentado, debido a la herejía pelagiana que había seguido difunidiéndose.

Este papa pecó de ingenuidad, rehabilitando una primera vez al pelagiano Celestio, que había sido condenado por S. Agustín y por los obispos africanos en el concilio de Cartago. Se mantuvo firme en su posición hasta que un nuevo concilio decretó la misma condena.

Ahí Zósimo, con una carta llamada "Tractoria" tomó una postura, condenó el pelagianismo, y defino el dogma del pecado original, indicando en la gracia divina el único medio para la salvación espiritual.

Otra equivocación la cometió cuando estableció que los sacerdotes y los diáconos excomulgados por los obispos africanos podían acudir a Roma o bien a las iglesias cercanas para ser juzgados y rehabilitados. Una disposición que fue considerada una indebida ingerencia en campo disciplinario. No hubo secuelas, gracias a la actitud conciliadora de los obispos africanos que no levantaron ningún problema.

Su cuerpo es conservado en la iglesia romana de S. Lorenzo Extramuros.

SAN JUAN CLIMACO ABAD


año 649
Clímaco significa: escala para subir al cielo.

El apellido de este santo proviene de un libro famoso que él escribió y que llegó a ser inmensamente popular y sumamente leído en la Edad Media. El nombre de tal libro era "Escalera para subir al cielo". Y eso mismo en griego se dice "Clímaco".

San Juan Clímaco nació en Palestina y se formó leyendo los libros de San Gregorio Nazanceno y de San Basilio. A los 16 años se fue de monje al Monte Sinaí. Después de cuatro años de preparación fue admitido como religioso. El mismo narraba después que en sus primeros años hubo dos factores que le ayudaron mucho a progresar en el camino de la perfección. El primero: no dedicar tiempo a conversaciones inútiles, y el segundo: haber encontrado un director espiritual santo y sabio que le ayudó a reconocer los obstáculos y peligros que se oponían a su santidad. De su director aprendió a no discutir jamás con nadie, y a no llevarle jamás la contraria a ninguno, si lo que el otro decía no iba contra la Ley de Dios o la moral cristiana.

Pasó 40 años dedicado a la meditación de la Biblia, a la oración, y a algunos trabajos manuales. Y llegó a ser uno de los más grandes sabios sobre la Biblia de Oriente, pero ocultaba su sabiduría y en todo aparecía como un sencillo monje más, igual a todos los otros. En lo que sí aparecía distinto era en su desprendimiento total de todo afecto por el comer y el beber. Sus ayunos eran continuos y los demás decían que pareciera como si el comer y el beber más bien le produjera disgusto que alegría. Era su penitencia, ayunar, ayunar siempre.

Su oración más frecuente era el pedir perdón a Dios por los propios pecados y por los pecados de la demás gente. Los que lo veían rezar afirmaban que sus ojos parecían dos aljibes de lágrimas. Lloraba frecuentemente al pensar en lo mucho que todos ofendemos cada día a Nuestro Señor. Y de vez en cuando se entraba a una cueva a rezar y allí se le oía gritar: ¡Perdón, Señor piedad. No nos castigues como merecen nuestros pecados. Jesús misericordioso tened compasión de nosotros los pobres pecadores! Las piedras retumbaban con sus gritos al pedir perdón por todos.

El principal don que Dios le concedió fue el ser un gran director espiritual. Al principio de su vida de monje, varios compañeros lo criticaban diciéndole que perdía demasiado tiempo dando consejos a los demás. Que eso era hablar más de la cuenta. Juan creyó que aquello era un caritativo consejo y se impuso la penitencia de estarse un año sin hablar nada ni dar ningún consejo. Pero al final de aquel año se reunieron todos los monjes de la comunidad y le pidieron que por amor a Dios y al prójimo siguiera dando dirección espiritual, porque el gran regalo que Dios le había concedido era el de saber dirigir muy bien las almas. Y empezó de nuevo a aconsejar. Las gentes que lo visitaban en el Monte Sinaí decían de él: "Así como Moisés cuando subió al Monte a orar bajó luego hacia sus compañeros con el rostro totalmente iluminado, así este santo monje después de que va a orar a Dios viene a nosotros lleno de iluminaciones del cielo para dirigirnos hacia la santidad".

El superior del convento le pidió que pusiera por escrito los remedios que él daba a la gente para obtener la santidad. Y fue entonces cuando escribió el famoso libro del cual le vino luego su apellido: "Clímaco", o Escalera para subir al cielo. Se compone de 30 capítulos, que enseñan los treinta grados para ir subiendo en santidad hasta llegar a la perfección. El primer peldaño o la primera escalera es cumplir aquello que dijo Jesús: "Quien desea ser mi discípulo tiene que negarse a sí mismo". El primer escalón es llevarse la contraria a sí mismo, mortificarse en algo cada día. El segundo es tratar de recobrar la blancura del alma pidiendo muchas veces perdón a Dios por pecados cometidos, el tercero es el plan o propósito de enmendarse y cambiar de vida. Los últimos tres, los peldaños superiores, son practicar la Fe, la Esperanza y la Caridad. Todo el libro está ilustrado con muchas frases hermosas y con agradables ejemplos que lo hacen muy agradable.

A San Juan Clímaco le concedió Dios otro gran regalo y fue el de lograr llevar la paz a muchísimas almas angustiadas y llenas de preocupaciones. Llegaban personas desesperadas a causa de terribles tentaciones y él les decía: "Oremos porque los malos espíritus se alejan con la oración". Y después de dedicarse a rezar por varios minutos en su compañía aquella persona sentía una paz y una tranquilidad que antes no había experimentado nunca. El santo decía a la gente: "Así como los israelitas quizás no habrían logrado atravesar el desierto si no hubieran sido guiados por Moisés, así muchas almas no logran llegar a la santidad si no tienen un director espiritual que los guíe". Y él fue ese guía providencial para millares de personas por 40 años.

Un joven que era dirigido espiritualmente por San Juan Clímaco, estaba durmiendo junto a una gran roca, a muchos kilómetros del santo, cuando oyó que este lo llamaba y le decía: "Aléjese de ahí". El otro despertó y salió corriendo, y en ese momento se desplomó la roca, de tal manera que lo habría aplastado si se hubiera quedado allí.

En un año en el que por muchos meses no caía una gota de agua y las cosechas se perdían y los animales se morían de sed, las gentes fueron a donde nuestro santo a rogarle que le pidiera a Dios para que enviara las lluvias. El subió al Monte Sinaí a orar y Dios respondió enviando abundantes lluvias.

Era tal la fama que tenían las oraciones de San Juan Clímaco, que el mismo Papa San Gregorio le escribió pidiéndole que lo encomendara en sus oraciones y le envió colchones y camas para que pudiera hospedar a los peregrinos que iban a pedirle dirección espiritual.

Cuando ya tenía más de 70 años, los monjes lo eligieron Abad o Superior del monasterio del Monte Sinaí y ejerció su cargo con satisfacción y provecho espiritual de todos. Cuando sintió que la muerte se acercaba renunció al cargo de superior y se dedicó por completo a preparar su viaje a la eternidad. Y al cumplir los 80 años murió santamente en su monasterio del Monte Sinaí. Jorge, su discípulo predilecto, le pidió llorando: "Padre, lléveme en su compañía al cielo". El oró y le dijo: "Tu petición ha sido aceptada". Y poco después murió Jorge también.

San Juan Clímaco, pídele a Dios que nos envíe muchos escritores católicos que escriban libros que lleven a la santidad, y que nos envíe muchos santos y sabios directores espirituales como tú, que nos lleven hacia la perfección cristiana. Amen.

TÚ TAMBIEN PUEDES SER SANTO

TÚ TAMBIEN PUEDES SER SANTO

Etiquetas








TÚ TAMBIEN PUEDES SER SANTO.

TÚ TAMBIEN PUEDES SER SANTO.

VIRGEN CON CUATRO SANTOS

VIRGEN CON CUATRO SANTOS
Como el océano recibe todas las aguas, así María recibe todas las gracias. Como todos los ríos se precipitan en el mar, así las gracias que tuvieron los ángeles, los patriarcas, los profetas, los apóstoles, los mártires, los confesores y las vírgenes se reunieron en María

Archivo del blog