TODOS LOS SANTOS

lunes, 26 de abril de 2010

SAN MARCELINO XXIX Papa


Fue elegido papa bajo el reinado del emperador Diocleciano, quien, influenciado por las creencias cristianas de su esposa, mantuvo en un primer momento un tratamiento benévolo hacía los cristianos.

Esta situación cambió cuando, en febrero de 303, el emperador Diocleciano persuadido por su césar Galerio, emitió un edicto contra la cristiandad por el que se expulsaba a los cristianos del ejercito, se confiscaron las propiedades de la Iglesia cerrándose o destruyéndose sus templos, se profanaron y quemaron los libros y vasos sagrados para, finalmente, tras dos incendios en el palacio del emperador cuya autoría se atribuyó a los cristianos, sentenciar a muerte a los que no apostataran de su fe.

Durante esta persecución Marcelino fue acusado por los donatistas de haber ofrecido sacrificios e incienso a los dioses paganos y de haber entregado los libros sagrados a las autoridades romanas. Estas acusaciones fueron posteriormente rebatidas por San Agustín de Hipona.

Murió el 26 de abril de 304, según la tradición cristiana fue martirizado tras ordenar Diocleciano que fuera decapitado.

sábado, 24 de abril de 2010

SAN MARCOS EVANGELISTA



documentos más antiguos que hablan de San Marcos aseguran que Marcos estuvo al lado de San Pedro, en Roma, como intérprete y redactor de la Buena Nueva, primeramente en la catequesis oral y después, en la composición -guiado por el Espíritu Santo- de aquel admirable texto que es el Evangelio más condensado de la vida, los milagros y la muerte de Jesús.

Un sabio afirmó que "el evangelio de San Marcos es el libro más importante que se ha escrito", pues todo indica que fue el primer evangelio que se escribió, que estuvo basado en el testimonio del mismo San Pedro y que de él sacaron mucho material los otros tres evangelistas.

La primera vez que habla de Marcos el libro de los Hechos de los Apóstoles, es en el capítulo 12, versículos 12-16, cuando relatan la salida milagrosa de San Pedro, de la cárcel, por obra del ángel que le abre las puertas y se dirige "a casa de María, madre de Juan, por sobrenombre Marcos, donde muchos hermanos se hallan congregados en oración".

Quizá era un niño o jovencito cuando Jesús fue condenado a muerte. Dice su Evangelio que cuando Jesús fue apresado en el Huerto de los Olivos, le seguía un joven envuelto en una sábana para curiosear, a ver en qué paraba todo aquello. Es muy posible que este joven fuera el mismo Juan Marcos.

Todo parece indicar también que Jesús tuvo estrecha amistad con los padres de Juan Marcos y que éste escuchara, en muchas ocasiones,los discursos de Jesús. Fue él uno de los primeros bautizados por San Pedro.

El que era un niño el año 30, por el 44 ya era todo un hombre y decidió marcharse a evangelizar con su primo, José Bernabé. Acompañó a Pablo y Bernabé en sus recorridos apostólicas por Chipre y otras ciudades. Posteriormente pasó diez o doce años en Jerusalén al lado de Pedro, ayudándole como secretario y haciendo de "intérprete y consejero". Pedro amaba con cariño a Marcos. Le llama "mi hijo Marcos" (1 Pedro 5, 13).

El evangelista Marcos escribe con fluidez, sencillez, en estilo directo y sólido a la vez, y se propone probar la Divinidad de Cristo.

El Evangelio de Marcos comprende dos partes, y cada una comienza con una manifestación divina: en la primera es la palabra divina con ocasión del Bautismo de Jesús por Juan, y en la segunda la Transfiguración.

La primera parte del Evangelio se desarrolla en Galilea, la provincia de Jesús; la segunda en Judea y en Jerusalén, el corazón de la nación judía. La primera parte muestra la novedad de Jesús, el impacto de su enseñanza sobre las multitudes.

Pero, en la segunda parte, viene la desilusión, pues Jesús se niega a ser lo que la gente quería que fuera, y la muchedumbre ya no lo sigue. Cuando Jesús muere, el oficial romano reconoce que el crucificado era el Hijo de Dios (Marcos 15,39).

Es el más breve de los libros del Evangelio (16 capítulos); sin embargo, tiene sus razones: Marcos dio a su Evangelio los mismos límites que los apóstoles habían asignado a la catequesis primitiva. Los apóstoles no se proponían dar todo lo que los creyentes querían saber, sino que querían transmitir lo esencial de lo que Jesús había dicho y hecho (Hechos 1, 21-22).

El león es el símbolo de San Marcos. Tanto este símbolo como el de los otros tres evangelistas (Apocalipsis 4, 7-8), son muy antiguos. De ellos hablan San Jerónimo y San Agustín, explicando que San Marcos, en su primer capítulo, habla de Juan el Bautista en el desierto y el león es el rey del desierto (Marcos 1,3).

Marcos se halla en Roma el año 67 cuando mueren los dos Apóstoles, San Pedro y San Pablo. La tradición dice que Marcos evangelizó como Obispo de Alejandría, en Egipto, donde realizó varios milagros y estableció una iglesia y su famosa escuela cristiana, nombrando un obispo, tres presbíteros y siete diáconos y murió allá como mártir en el año 68, un 25 de abril.

Se dice que sus asesinos trataron de quemar su cuerpo, sin conseguirlo. Los cristianos de Alejandría rescataron su cuerpo intacto, lo envolvieron y le dieron sepultura. En Venecia, Italia, se veneran, en la preciosa catedral de su mismo nombre, los restos mortales del evangelista, cuyo traslado de Alejandría se remonta al siglo IX.

martes, 20 de abril de 2010

SANTA INÉS DE MONTEPULCIANO 1268-1317


Agnese Segni forma con Catalina de Siena y Rosa de Lima el gran trío de las santas dominicas.
Nació por el año 1274 de unos padres bien acomodados y muy buenos cristianos en Gracciano Vecchio, cerca de Montepulciano (Italia). Llevó una niñez normal pero pronto se despertó en ella el deseo de llevar una vida entregada al Señor por completo y para ello solicitó de unas monjas de Montepupciano que le vistieran su hábito que llamaban "el saco" cuando apenas contaba nueve años de edad.
Cuando nada más contaba quince años abrazó la vida religiosa llamando la atención por su entrega sin límites a toda clase de sacrificios y a la más rigurosa vida de observancia regular. Pronto todas las monjas se fijaban en Inés y trataban de copiar sus virtudes. Era como una regla viva para todas. Ella, en compañía de Margarita, que había sido su maestra y guía en la vida monacal, dio comienzo a la fundación de un convento que pronto llamaría la atención por la irradiación de frutos de santidad que de él se desprenderían por toda aquella comarca. Fue el célebre convento de Proceno en el que a sus dieciocho años ya fue nombrada abadesa del mismo.
Como la fama de Proceno se extendía de día en día, los buenos hijos de Montepulciano quisieron que también allí, en su pueblo natal, hiciera otra fundación para que sirviera como de irradiación espiritual y saneamiento de costumbres. Sobre las ruinas de unas casas de lenocinio, en «un lugar de pecadoras», «sin nada, sólo contando con la Providencia», junto con dieciocho doncellas funda un monasterio en el que iba a vivir el resto de sus días.
Después de tener una visión en la que se le aparecieron tres naves con tres santos como capitanes - Agustín, Francisco y Domingo - invitándola a embarcar, se puso bajo la tutela de los dominicos, y llevó una mortificada vida que iluminaron éxtasis, visiones y milagros.


Raimundo de Capua nos ha contado el chorro de poéticos prodigios que se vinculan a su paso por la tierra: las flores que nacían donde ella se arrodillaba, el favor que le concedió la Virgen poniendo en sus brazos al Niño Jesús (antes de devolvérselo a su Madre, arrancó la crucecita que llevaba al cuello y la guardó como el más preciado de los tesoros).
Cae enferma. Tiene sólo cuarenta y tres años. Sufre mucho. Obra milagros en aquella misma hora de su muerte. Es el 20 de abril de 1317.
Santa Catalina de Siena, que era muy devota de esta santa, y que hizo una peregrinación a su tumba, en su Diálogo pone en boca de Jesucristo un conmovido elogio de Inés de Montepulciano: “La dulce virgen santa Inés, que desde la niñez hasta el fin de su vida me sirvió con humildad y firme esperanza sin preocuparse de sí misma”. Es difícil resumir en menos palabras el mejor programa de santidad.

viernes, 9 de abril de 2010

SANTA CASILDA, VIRGEN




P. Juan Croisset, S.J.

En la desgraciada época en que, por los pecados de nuestros padres, castigó Dios á España con el azote de los agarenos (árabes mahometanos: sarracenos), hubo un rey de ellos, llamado Cano, en la capital de Toledo, hombre cruel, poderoso y diestro en el manejo de las armas, quien en las guerras continuas que tuvo contra los fieles hizo un gran número de cristianos prisioneros, tratándoles en su corte y reino con su acostumbrada inhumanidad. De este enemigo capital de la fe ortodoxa, y de este lobo carnicero, quiso Dios producir un fruto muy singular, capaz de ennoblecer la eficacia de su divina gracia. Dióle por hija á Casilda, quien, desmintiendo el vicio de su origen con la belleza de su natural y con sus piadosas inclinaciones, se dejó ver nacida prodigiosamente de una raíz infecta, como una flor de admirable candor, como una rosa hermosa y primoroso lirio entre las espinas, descansando sobre ella el Espíritu Santo.

Varían los escritores en orden al motivo de la conversión de Casilda á la fe católica: unos dándola por padre, no á Cano ó Canon, sino á Aldemón, la atribuyen á la conversión de su hermano Alimaicón, que, ilustrado con luz superior en vista del prodigio que le sucedió en la guerra contra los fieles en el valle de Solanillos, desertó de la secta mahometana y abracó la religión de Jesucristo. Otros son de opinión que el Señor premió ala santa virgen con el conocimiento de la verdad en remuneración de las heroicas obras de caridad que hizo con los cristianos cautivos, siendo infiel de profesión, cuya causa adoptan los mejores críticos, siguiendo la referencia del Breviario de la santa iglesia de Burgos, impreso en el año 1604 de orden del obispo de aquella catedral, brillando en este caso más la virtud de la divina gracia sin la menor duda.


Nació, pues, Casilda en el siglo xi, dotada con las más bellas y nobles disposiciones de naturaleza y gracia, adelantándose cada día de virtud en virtud, conforme iba creciendo en edad, á impulsos del Espíritu Santo, admirándose en ella con un modo estupendo é inexplicable su elevación á Dios por el incendio de su devoción, su transformación en Cristo por su mansedumbre y compasión, y su inclinación y amor al prójimo por una piedad connatural. Desde sus primeros años se inclinó su corazón con tierno afecto al socorro y alivio de los cristianos cautivos, deshaciéndose en lágrimas cuando veía que padecían alguna injuria, aflicción ó grave necesidad; y rebosando en su pecho una piedad asombrosa, una clemencia extraordinaria, les suministraba cuantos socorros le eran posibles. Tenía todos los días la costumbre laudable, á no impedirlo algún acaso, de visitar con su agradable presencia á los cautivos y darles alimento por sus manos. Hallábase escrita en su corazón aquella sentencia del Santo Rey David, que dice: Bienaventurado el que atiende al pobre y al necesitado; á quien Dios librará en el día malo. Enseñada en esta máxima cardinal de la caridad, no por alguno de los mundanos, sino por el Maestro inmortal, se portaba en virtud de ella con tanta liberalidad, que, por no defraudar á los cristianos de semejantes alivios, distribuía entre ellos las dos partes de las rentas concedidas por su padre para su mantenimiento y el de su familia. Aunque Casilda ejecutaba estos oficios con la mayor cautela, á pesar de su industria llegó á entender su padre la piedad que usaba con los cristianos; quiso ser testigo ocular de sus acciones caritativas para tomar la más seria providencia , estimulado de los enemigos de la fe: encontrándola un día que conducía alimento á los fieles, la preguntó en tono airado: ¿ Qué llevas?—Rosas, respondió Casilda sin la menor turbación; y, con efecto, vio su padre convertido en estas flores el pan que había de servir para sustento de los cautivos. Volviendo las rosas á convertirse en pan con no menos prodigio, luego que se ausentó el explorador.

Abrasado el corazón de la santa virgen en ardientes deseos de abandonar la fabulosa secta de Mahoma, pedía al Señor incesantemente le abriese camino para recibir el Bautismo y profesar libremente la verdadera religión. Oyó Dios sus oraciones y quiso premiar el heroísmo de su caridad, valiéndose su providencia de un suceso bien extraño al parecer, pero muy conducente para el logro de sus designios. Dióla una enfermedad incurable de un flujo de sangre continuo, según escriben varios autores: fueron ineficaces para su alivio cuantos remedios buscó el solícito padre, y pudieron discurrir los más hábiles facultativos. En tan fatal situación supo Casilda, por revelación divina ó por relación de los cautivos cristianos, que el único eficaz remedio para su curación sería bañarse en el lago de San Vicente, sito en el lugar llamado Burueba, cerca de la ciudad de Burgos, cuyas aguas tenían acreditada su virtud con repetidos prodigios en iguales accidentes. Rogó la Santa á su padre la concediese permiso para tomar este baño; pero, como se hallaba el sitio en poder de los cristianos, antes de resolver juzgó conveniente proponerlo á su Consejo, el cual fue de acuerdo que debía atenderse primeramente á la salud de la princesa, no obstante que se hallaba el remedio en los dominios de los fieles.

Obtenida la licencia, Cano envió á Casilda, acompañada de muchos cautivos, al baño de San Vicente,■ con recomendación especial para Fernando I, llamado el Magno, rey de Castilla, quien la recibió con el honor correspondiente; y puesto el remedio en ejecución, consiguió la santa virgen la apetecida salud. Reconocida Casilda á los beneficios de Dios, quiso darle pruebas de su gratitud. Instruida perfectamente en las inefables verdades de la fe, recibió el Bautismo y Confirmación, y, con la gracia de estos Sacramentos, aquel espíritu y valor que constituye á los héroes de la religión. Viéndose ya en plena libertad, pospuso los palacios y comodidades de su padre á una humilde ermita y pobre habitación, que hizo construir cerca del lago en que consiguió la salud, donde redujo toda su ocupación, impresas en su corazón las máximas de la religión cristiana, á una continua oración, á frecuentes vigilias y á rigurosas penitencias; y abrasándose cada día más y más en el amor de Jesucristo, le consagró su pureza virginal. Siguió por algunos años este tenor de vida, angélica más que humana, siendo la admiración de todas aquellas regiones, tanto por su eminente santidad como por los asombrosos prodigios que se dignó Dios obrar por su intercesión, hasta que, llena de méritos, pasó á disfrutar los premios eternos.


No convienen los escritores en el día y año fijo de su preciosa muerte; unos le señalan en el 15 de Abril de 1050, otros en 9 de este mes de 1074, en cuyo día celebra la festividad de esta gloriosa Santa la Iglesia de Burgos. Su venerable cuerpo fue sepultado en el mismo lugar que vivió santamente, del que se trasladó después, en 30 de Julio de 1529, á la preciosa urna de plata donde hoy se venera. Y habiéndose enriquecido con sus reliquias en el año 1601, la catedral de Burgos partió este tesoro con la de Toledo en 7 de Junio de 1641.

El Cabildo Metropolitano de Burgos, á quien pertenece el santuario de Santa Casilda, hace en él su fiesta anual el segundo día de Pascua de Pentecostés, y en un día de verano se celebra solemne fiesta en la ermita. En varios días clásicos hay concedidas indulgencias plenarias á los que visiten el santuario confesando y comulgando. En varias épocas acuden á él muchos fieles de varias provincias, sobre todo las de Burgos, las Vascongadas y la Rioja. En la ermita hay bueno y cómodo hospedaje.

 


Santa Casilda y su leyenda. Patrona de Briviesca.

Era la época de las guerras entre los moros y los cristianos allá por el año 1.000, en Toledo vivía una princesa mora llamada Casilda (en árabe significa Cantar), que  a los cristianos prisioneros de su padre les llevaba comida a los calabozos. Alertado su padre de este hecho, un día le salió al paso preguntándole, que era lo que llevaba entre su delantal, a lo que ella le respondió que llevaba flores. Abrió el delantal y efectivamente, flores era lo que allí había.
De esta leyenda queda constancia en los cuadros pintados por Zurbarán y José Nogales y mas de uno lo hemos estudiado en la escuela cuando eramos niños.
El caso que la joven princesa cayó enferma y los médicos del rey no eran capaces de curarla, pero entre los prisioneros cristianos corría el rumor de que en tierras castellanas existía un ermitaño llamado Vicente y que tenia un pozo que si te bañabas en él curabas de toda enfermedad.
El rey al ver que la enfermedad de la niña, no remitía y ante la insistencia de ésta en viajar hasta dicho lugar, habló con el rey castellano, para que pudiera pasar por tierras cristianas Casilda y su séquito.
Llegó a tierras de La Bureba (Burgos) y la princesa se bañó en el pozo de Vicente y sanó de todos sus males. Se quedó a vivir en la zona hasta su muerte en el año 1.075.
Ahora en este lugar se levanta un Santuario en su nombre y es la patrona de Briviesca.
Como ya dije en una anterior entrada en realidad el día del "santo" es el 9 de Abril, pero al caer siempre en la Cuaresma se decidió trasladar su celebración al 9 de Mayo, con lo que este fin de semana es fiesta en Briviesca, siendo el día mayor el lunes día 9.
Entre estos árboles se encuentra el pozo Negro o de San Vicente, donde hasta no hace muchos años las personas se lavaban los pies con la creencia de que curarian los males.

Pozo Negro

Este es el pozo Blanco o de Santa Casilda, sobre el que corre la leyenda de que las parejas que desean tener un hijo y tiran una teja desde un determinado lugar de la ladera nacerá niña, mientras que si lo que tiran es una piedra sera niño. Por supuesto en ambos casos hay que acertar dentro del pozo, que si no ... no vale.
Aún se siguen viendo parejas encomendandose a Santa Casilda y tirando la teja.
 
 
"Santa Casilda mora y cristiana
tú nos bendices la tierra burebana
a los hombres y a las mujeres
nos otorgas tus mercedes
curarás de todos los nuestros males
con el agua de esos manantiales
Santa Casilda mora y cristiana
tu nos bendices la tierra burebana"
 ESPERO TE GUSTE 

Pozo Blanco
El Satuario se encuentra en lo alto, en un lugar privilegiado paisajisticamente y donde actualmente existe una hospederia que funciona como centro de turismo rural.

Santuario de Santa Casilda
Dentro de la iglesia, que antes estaba llena de exvotos y ahora completamente limpia se pueden admirar las pinturas que hay en las bóvedas...
Santa Casilda 2

...y en el altar la imagen de Santa Casilda yacente.

Santa Casilda

martes, 23 de marzo de 2010

SANTO TORIBIO DE MOGROVEJO 1538-1606

Nunca se ponderará bastante la influencia del Evangelio en el "nacimiento" de América. Por eso, más que hablar de descubrimiento o conquista, nos gusta hablar de la evangelización de América. Pronto celebraremos el V centenario. Porque, junto a los capitanes y aventureros, iban siempre los evangelizadores, junto al héroe de la espada, el héroe de la cruz. Junto a Pizarro, fundador de Lima, Toribio de Mogrovejo, segundo arzobispo de Lima.
Santo Toribio había nacido en Mayorga, en el antiguo reino de León, de hidalga familia. Estudió en Valladolid, Salamanca y Coimbra, fue profesor en esta última universidad y se graduó en ambos derechos en Salamanca.
En 1575 se le nombró para un cargo muy delicado, el de presidente de la Inquisición granadina. Este título terrible, de tan amargos recuerdos, se convierte en sus manos en instrumento de amor, de piedad, de salvación.
Don Juan de Austria acababa de sofocar la insurrección de los moriscos. Los vencidos encuentran en el inquisidor un padre y protector, demasiado suave, según algunos, que le tratan de encubridor y protector de la herejía. Las mismas acusaciones verterán contra él después en América. También allí será el protector de los indios, de todos los desvalidos.
Su prestigio llega a tanto, que todavía seglar, es considerado como la persona más apta para ser arzobispo de Lima, caso de aceptar el servicio a la lglesia en el sacerdocio ministerial. Vencidas dudas e ilusiones durante un trimestre, lo acepta como una misión, en agosto de 1578. Va recibiendo, una a una, las órdenes menores y el subdiaconado. En marzo de 1579, le llega el nombramiento consistorial. Se ordena de diácono y de sacerdote. Visita su pueblo natal. En agosto de 1580 es consagrado obispo en Sevilla; y marcha a aquella misión, que le han propuesto, y ha aceptado.
La esperanza del martirio le ayudó a decidirse. No derramó su sangre de una vez, pero lo hizo gota a gota, como el más grande de los misioneros americanos. Fue un gran misionero y un gran prelado. Según Justo Pérez de Urbel, resumió en su persona los rasgos de Carlos Borromeo y de Francisco Javier.
Se puso a cumplir sin tardanza las tareas que Trento trazó para los obispos: sínodos, misiones, erección de parroquias, reforma del clero, corrección de costumbres. Ataja las violencias, lanza severos castigos contra los culpables, y él, que era todo bondad, no duda en prodigar lo que se llamaba "el ladrillo de Roma", la excomunión, contra todo el que maltrataba a los indios, contra todo el que faltaba a su sagrada misión pastoral.
Recorre una y otra vez el Perú, aprende varias lenguas indígenas para poder predicar en ellas, reúne trece sínodos diocesanos, publica un catecismo, funda el primer seminario de América, se enfrenta con los privilegios abusivos de las grandes órdenes religiosas y con el absolutismo del virreinato.
Dice Gheorghiu que el sacerdote tiene que tener "piernas de cabaIlo". Toribio las necesitaba. Su archidiócesis era tan grande como un reino. Distancias inmensas, montañas altísimas, pueblos perdidos en los Andes, ríos desconocidos... No importaba. Además de convocar en cuatro lustros quince sínodos y de reunir cuatro veces a los obispos de América meridional, el intrépido misionero, en dieciséis años, recorrió cuarenta mil kilómetros, llegó a la última aldea, sin caminos y con graves peligros.
Entraba en los míseros bohíos. Impresionaba a los indios su talla majestuosa y su noble ademán. Pero sobre todo se los atraía con su bondad. Les hablaba en quechua de Jesucristo, les agrupaba en torno a una iglesia y luego volvía para administrarles la Confirmación. Son incontables los que confirmó, entre ellos una niña que luego sería Santa Rosa de Lima.
Las correrías y peripecias de Toribio nos recuerdan las de San Pablo. Rodar por las rocas, perderse en los bosques, caer en los ríos, hundirse en los ventisqueros y en las lagunas. Más peligros había aún en los indios, tan tornadizos. Tuvo que sufrir injurias y rebeldías. Veinte veces pasó sereno entre el silbo de las flechas envenenadas. Pero nada le detenía. Si podía salvar un alma, iba hacia ella, aun con peligro claro de muerte.
El operario infatigable ya podía descansar. La muerte le sorprende, el Jueves Santo de 1606, en el curso de uno de sus numerosos viajes, en Saña Grande, donde se hace cantar por un misionero, al son de un arpa, el salmo "In te, Domine speravi".
Santoral preparado por la Parroquia de la Sagrada Familia de Vigo.

miércoles, 17 de marzo de 2010

SAN PATRICIO 385-461


San Patricio es el apóstol de Irlanda. En cualquier punto del universo en que se instalen comunidades irlandesas - desde los Estados Unidos de América a Australia - llevan consigo el culto de San Patricio.
No era irlandés de origen y debió de nacer de padres cristianos en la costa noroeste de la Inglaterra romanizada hacia el 385, pero hacia los dieciséis años cayó en manos de unos piratas y vivió como esclavo en Irlanda, posiblemente haciendo de pastor hasta que una noche huye y se embarca hacia Francia.
Se hace religioso y se forma junto a los obispos San Amador y San Germán de Auxerre. Convive la soledad de los monjes, en la isla de Lerins; y el apostolado de la lglesia, junto a San Juan de Letrán. en Roma.
Es ordenado sacerdote, y el papa Celestino I, después de ser consagrado obispo, le encarga la evangelización de Irlanda. Llega a Inglaterra con San Gregorio y parte para Irlanda. En sus sueños, creía ver a los hijos de los paganos irlandeses extendiendo a él sus brazos y diciendo con voz angustiosa: "Ven a nosotros, discípulo de Cristo, a traernos la salvación".
De regreso a Irlanda como obispo misionero decidido a consagrar su vida a la evangelización de la isla, toda vez que la fe cristiana aún no había penetrado en las distintas tribus del país. Se empleó con ardor en dar a conocer a Cristo, adaptándose a las condiciones sociales y políticas de los celtas. Puso en ello, sobre todo la fe de un hombre cuya oración constante y cuyas austeridades llamaron la atención del pueblo.
Por eso es el apóstol nacional, Hibernorum Apostolus, el santo que triunfa sobre las artes mágicas de los druidas, expulsa de Irlanda las serpientes venenosas, símbolo del paganismo, y establece su sede episcopal en Armagh.
Desde entonces su nombre será sinónimo de irlandés y se le dedicará no sólo la catedral (hoy protestante) de Dublín, sino también - por la gran afluencia de emigrantes de la isla - la catedral católica de Nueva York.
Así como en España Santiago es un apóstol belicoso, en Irlanda san Patricio es un misionero que tiene poder en el ultramundo, y se supone que volverá el día del Juicio Final para juzgar al lado de Jesucristo a los irlandeses. Se le invoca también para abreviar las penas del Purgatorio, y leyendas posteriores explotaron literariamente ese aspecto misterioso y poético tan del gusto de la tradición celta.
Enseña la oración a través de fórmulas prácticas, como la que se llamará "coraza de San Patricio". «Cristo escúdame este día: Cristo esté conmigo, Cristo ante mí, Cristo tras de mí, Cristo en mí, Cristo bajo mí», la oración dice luego: «Cristo en la calma y en el peligro, Cristo en los corazones de todos los que me aman, Cristo en la boca de amigo y extraño.»
Su fiesta, que anuncia la inminente llegada de la primavera, es el día del trébol, emblema de la verde Erín, que el santo utilizaba para explicar el misterio de la Santísima Trinidad. Patricio, tan irlandés y tan romano por su nombre, es como la iglesia de Irlanda, inconfundible, peculiarísima y siempre fiel a Roma.
Su popularidad taumatúrgica es inmensa. Su oración y penitencia ejemplares.
Pasados 9 años, visita al Papa San León Magno, que bendice su obra y le agrega misioneros.
Y regresa de nuevo hasta su muerte a aquella su misión que será por siglos la isla de San Patricio.
A su muerte (hacia el año 461), acaecida en Down (Ulster), la Iglesia estaba ya sólidamente implantada en Irlanda, brillaba ya en ella una llama apostólica y la verde Eire se aprestaba a convertirse en la Isla de los santos.
Santoral preparado por la Parroquia de la Sagrada Familia de Vigo.

sábado, 13 de marzo de 2010

SANTA MATILDE 895-968


Reina y matrona, hija de los condes Teodorico y Reinhilda, nació en la Westfalia y se educó en el monasterio de Herford, del que salió en el año 909 para contraer matrimonio con el duque de Sajonia, Enrique "el Pajarero", tan buen cristiano como buen cazador. Según los cronistas, fue de una belleza deslumbrante.
Ella fue su mejor guía y consejero.
En sus victorias, Matilde ponía el contrapeso de su dulzura y moderación; en sus pesares, ella le daba ánimos para seguir adelante. La joven princesa perfumaba toda la corte con sus virtudes y su dulzura inefable. Dedicaba mucho tiempo a la oración y su mayor consuelo era socorrer a los pobres, que la llamaban madre.
Serán sus hijos: Otón el Grande, emperador de Alemania; Enrique, duque de Baviera; Bruno, arzobispo de Colonia; Gerberga, esposa de Luis de Outremer; y Eduvigis, la madre de Hugo Capeto.
Matilde y Enrique eran un solo corazón. "En ambos, dice el biógrafo, reinaba el mismo amor a Cristo, una misma unión para el bien, una voluntad igual para la virtud, la misma compasión para los súbditos y el mismo afecto entrañable para todos. Los dos merecieron las alabanzas del pueblo".
Diez años después del matrimonio Enrique se convertía en rey de Germania.
Matilde influyó en suavizar el violento talante del monarca ("Tú mitigaste mis cóleras y me apartaste a menudo de la iniquidad", le dijo en el lecho de muerte) y en inclinarle a hacer limosna a los necesitados.
Pero el período más largo de su vida fue el de sus treinta y cinco años de viudez, durante los cuales no le faltaron humillaciones y enfrentamientos con dos de sus cinco hijos, el que fue emperador con el nombre de Otón I y Enrique.
Retirada al monasterio de san Gervasio de Quedlinburg que había fundado, murió “llena de días y de honores”, “colmada de buenas obras, penitencias, oraciones, profecías, limosnas e infinitas virtudes”. Era el 14 de marzo del año del Señor 968, Sábado de Gloria. Dispuso que se la sepultase al lado de su esposo.

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VIRGEN CON CUATRO SANTOS

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Como el océano recibe todas las aguas, así María recibe todas las gracias. Como todos los ríos se precipitan en el mar, así las gracias que tuvieron los ángeles, los patriarcas, los profetas, los apóstoles, los mártires, los confesores y las vírgenes se reunieron en María

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