TODOS LOS SANTOS

jueves, 10 de septiembre de 2009

SAN NICOLÁS DE TOLENTINO PRESBÍTERO


San Nicolás de Tolentino nació en Castel Sant´ Angelo, el actual Sant´ Angelo in Pontano, en 1245, y murió en Tolentino el 10 de septiembre de 1305.
Fray Pedro de Monte Rubiano, su biógrafo, nos cuenta que su vida estuvo entretejida de singularísimas experiencias místicas y de hechos prodigiosos, confirmados en el proceso de canonización, que se abrió a los veinte años de su muerte y concluyó en 1446. En ese proceso fueron declarados auténticos 301 milagros.

A San Nicolás de Tolentino lo invocan los que sufren injusticias, o están en peligro de perder la vida o la libertad, y también se lo invoca como protector de la maternidad y la infancia, de las almas del purgatorio, de la buena muerte, y hasta contra los incendios y las epidemias.

Fue asceta, austero pero no excéntrico, riguroso consigo mismo, pero dulce y atento con todos. En 1256 entró donde los agustinos y se ordenó en 1269 en Cingoli; durante seis años peregrinó por varias ciudades y después fijó su residencia en Tolentino en donde ejerció su apostolado sobre todo en el confesionario. Su santificación personal maduró en la sombra, haciendo fructificar los recursos espirituales que le brindaba la vida religiosa: la obediencia incondicional, el absoluto desapego de los bienes terrenales y la profunda modestia. Así se santificó, y al final de su vida pudo exclamar: “Veo a mi Señor Jesucristo, a su Madre y a San Agustín que me dicen: Muy bien, siervo bueno y fiel”.

Aunque no se notaba exteriormente la penitencia a la que se sometía, sabemos por el testimonio de sus cohermanos que cuatro días a la semana su alimento consistía en sólo pan y agua, y los otros tres días no tocaba alimentos sustanciosos como carne, huevos, o fruta. No dormía sino tres o cuatro horas y el resto lo dedicaba a la oración.

Después de largas horas que pasaba en el confesionario, se dedicaba a visitar a los pobres, a los que les llevaba, con el permiso de sus superiores, ayudas materiales en los casos más urgentes. Los prodigios que hizo en vida y sobre todo después de la muerte tenían la finalidad de aliviar las miseries humanas.

Cuarenta años después de su muerte, fue encontrado su cuerpo incorrupto. En esa ocasión se le quitaron los brazos y de la herida salió bastante sangre. De esos brazos, conservados en relicarios de plata desde el siglo XV, ha salido periódicamente mucha sangre. Esto contribuyó a la difusión de su culto en toda Europa y en América.

domingo, 30 de agosto de 2009

SANTA ROSA DE LIMA



Santa Rosa de Lima Patrona de América, Perú y las Filipinas
30 de Agosto
La primera mujer declarada santa de todo el continente americano
El Papa Inocencio IX dijo de esta santa un elogio admirable: "Probablemente no ha habido en América un misionero que con sus predicaciones haya logrado más conversiones que las que Rosa de Lima obtuvo con su oración y sus mortificaciones". Lo cual es mucho decir.

SU NACIMIENTO
Nació en la capital de Perú, el 30 de Abril de 1586 y murió en Lima el 24 de junio de 1617.
“Es la primera santa que antes de ser canonizada - sólo 54 años después de su muerte, en 167l- fue proclamada patrona del Perú (1669), del Nuevo Mundo y de Filipinas (1670)”.
Ella es pues, la primera rosa que el continente americano ofrecía al Altísimo, el primer fruto de nuestra Iglesia que, nacida en Oriente, y extendida hacia Europa, había llegado a un territorio que le había permanecido oculto, pero que ya encerraba una riquísima historia y cultura.

ÉPOCA DE ORO DE LA SANTIDAD
En Lima se vivía la denominada “época dorada de la santidad”.Una constelación de santos en el “Nuevo Mundo” tuvieron como escenario de vida esta ciudad: Rosa conoció a san Martín de Porres, y a san Juan Masías, dominicos, fue confirmada en 1597 en Quives, por el segundo arzobispo de Lima, Santo Toribio de Mogrovejo y oyó las predicaciones de san Francisco Solano y san Juan Masías. En Lima se vivía en un ambiente propicio a la vivencia espiritual siendo que el continente americano hacía poco que había sido evangelizado.


SINGULAR HERMOSURA PARA EL ESPOSO CRISTO.

“Tota pulcra es”!!!
¡Qué hermosa eres, Esposa mía, amada mía, tus labios son corales, tus pechos, rebaños de cabras que suben por el monte de Galaad! El nombre de Rosa nos habla de su singular belleza. Nuestra santa era hermosa espiritualmente y físicamente también. Era de rostro ovalado, cabello rubio, tez blanca y sonrosada como una rosa, estatura más bien alta. Su carácter fue apacible, desde niña fue mansísima, y mantenía como prioritario todo lo que concernía a la fe católica. “A los tres meses- dice su madre en el testimonio de beatificación - estando meciéndola en la cuna una india criada, con la carita cubierta, la india la descubrió por ver si se había dormido y la vio tan hermosa, que llamó a unas niñas que estaban labrando para que la viesen.

Y haciendo todas admiración; esta testigo desde el aposento donde estaba la vio hacer extremos y sin decirles nada se fue derecha donde estaba la niña; y viéndola tan linda y hermosa y que le parecía que todo su rostro estaba hecha una rosa muy linda y en medio de ella veía las facciones de sus ojos, boca, nariz y orejas como si hubiese puesto su cabecita en una rosa grande de un color muy encendido...,
y luego desapareció aquella rosa, quedando el rostro muy hermoso y más lindo de lo que otras veces le había visto ...quedó admirada de ver aquel prodigioso suceso; la tomó en las manos y empezó a hacer con ella mil alegrías y mostrar sumo gozo y contento diciendo con estas demostraciones: "Yo te prometo, hija y alma mía, que mientras viva, de mi boca no has de oír otro nombre sino Rosa"... Por su belleza fue pretendida por varios mozos de la aristocracia española y limeña, pero ella rechazaba la idea del matrimonio pues sabía que Dios la llamaba toda para sí.
SU FAMILIA
Fue hija de Gaspar Flores, natural de San Juan de Puerto Rico, arcabucero e hidalgo de segundo rango, y de la limeña María de Oliva.
El matrimonio tuvo 13 hijos, de los cuales conocemos los nombres de Hernando (1584), quien declaró abundantemente en el proceso de canonización de su hermana, Bernardina (1581), otra que muere a los 14 años, Francisco (1590), Juana (1592), Andrés, Gaspar, Antonio y Matías. A los pocos años de la muerte de su bienaventurada hija, María de Oliva ingresaría en el monasterio que Rosas había predicho. Tuvo el cargo de portera y murió santamente.



HIJA DE DIOS
Nuestra santa fue bautizada con el nombre de Isabel Herrera, como su abuela (así consta en el registro de bautizos de la parroquia de San Sebastián, realizado por don Antonio Polanco: "En Domingo día de Pascua del Espíritu Santo, 25 de Mayo de 1586, bauticé a Isabel, hija de Gaspar Flores y María de Oliva, fueron padrinos Hernández de Valdez y María Orosco". Pero un hecho singular provoca que su madre la empiece a llamar Rosa. Pero, según atestigua uno de sus confesores y prior de Santo Domingo en Lima, Fray Alonso Velásquez, Rosa “se entristecía de ver que la llamaban Rosa, por ser nombre célebre y de mucha hermosura y belleza”, ya que “en esa época no era usual ese nombre”. Cuando tenía 25 años y ya vestía el hábito de terciaria dominica, aún seguía prefiriendo el nombre de bautizo. Pero un día, cuenta su madre, llegó a casa Rosa radiante y le dijo: “Madre mía, de aquí en adelante hay que llamarme Rosa de Santa María”. Esto le extrañó a su madre y quiso saber el motivo del cambio.

HOY EN LA CULTURA DE LA IMAGEN DEL CUERPO Y DE LAS CLÍNICAS DE ESTÉTICA MODELO A IMITAR
Fray Alonso Velásquez le había dicho “que no se desconsolase por eso, sino que entendiese que su alma era una Rosa de Nuestra Señora, que la había depositado y puesto en su cuerpo como en una maceta, para que la guardase, y conservase con la frescura y hermosura de la gracia”. Y entonces, puesta de rodillas delante de la imagen de Nuestra Señora del Rosario en la Basílica de Santo Domingo le ofreció el nombre de Rosa y se consagró a ella, determinándose a llamar así en adelante, siendo este el nombre que usó y con el que Dios había dispuesto desde la eternidad que sea elevada a los altares y reconocida en el mundo entero.
Con lo que concluimos que fue la intervención divina la que guió las circunstancias históricas para dar a conocer cuál era su voluntad respecto al nombre de su hija predilecta.“Pasados algunos años, Gonzalo de la Maza halló en el convento de San Francisco la vida de Santa Rosa de Viterbo, y se la dio a leer a la sierva de Dios; la cual “mostró alegría en confirmación de que había santa de su nombre”.
UNA SANTA LAICA, MODELO PARA LOS LAICOS DE HOY
Santa Rosa fue laica. Vivió en casa de sus padres como terciaria dominica usando el hábito dominico. Dedicaba la mitad de las horas del día al trabajo manual, tejiendo, bordando y cultivando flores en su jardín para aliviar en algo los gastos de su familia. Además auxiliaba a los pobres y más necesitados de Lima, acondicionando para ello una habitación de su hogar como enfermería. Vivió pues su anhelo de ser toda de Dios en la vida ordinaria. Ya en vida tuvo fama de santidad debido a esta incansable labor para con los menesterosos y olvidados de Lima y a la limpieza de su alma que irradiaba en todo el que le conocía. Esto explica que a su muerte fuese aclamada y llorada por toda la ciudad como ”nuestra santa, la Madre de los pobres de Lima”
VIDA MÍSTICA HABITUAL. EL INTERROGATORIO
Comienza la oración de quietud, de unión y los éxtasis con el desposorio espiritual. Como sucede siempre, aquellos fenómenos extraordinarios empezaban a alarmar a los hombres de la ley y a los celadores de la disciplina. Era la primera vez, que la unión mística, con las visiones y otros fenómenos se realizaban en las vírgenes tierras americanas, y pensaban algunos, que todo esto era pura hipocresía y tentación diabólica. Un día Rosa vio que invadía su huerto la turba venerable de los doctores y los alguaciles, armados de libros, de plumas y tinte­ros. Ella los recibió temblorosa y les ofreció sillas. Después empezó el interrogatorio: -¿Has hecho siempre ese ejercicio con el mismo recogi­miento?
-Antes de los doce años me sentía a veces inquieta y fatigada; después, nunca me ha sucedido semejante cosa. Desde que me pongo en oración, siento mi alma tan sumergida en sí mis­ma y mis facultades tan enajenadas, que nada interior ni exte­rior puede turbar mi atención amorosa a la belleza de Dios, presente en mí.
-Mientras dura esta suspensión de las potencias, ¿haces algún esfuerzo?
-No hago esfuerzo ninguno, ni siento la menor resistencia; mis facultades van a su centro como arrastradas por un imán, y tal suavidad las inunda, que todo sentimiento de malestar es imposible para ellas. Mi corazón hierve bajo la acción de un fuego cuyas operaciones son tan dulces, que nunca podría explicarlo. Tras esto, queda en el fondo del alma una presencia de la divinidad, amable, serena, graciosa; y la felicidad que siento entonces hace que no pueda encontrar consuelo en otra cosa cualquiera.
-¿Has leído libros de teología mística?
-Ni los he tenido, ni los he leído nunca, ni sé que mi ora­ción tenga un nombre entre los sabios.
-¿Has sufrido muchos y largos combates contra las malas inclinaciones de la naturaleza?
-Apenas recuerdo haber tenido luchas de esa clase. Por la gracia divina, desde que conocí a Dios, tuve el temor de des­agradarle; y si un movimiento contrario a la razón se levanta dentro de mí, me basta recordar la presencia de Dios para refrenarlo.
LA NOCHE OSCURA DEL ESPÍRITU, PASO NECESARIO
-¿No has pasado por alguna tribulación para llegar a ese grado de intimidad con Dios?
Al llegar aquí la joven contó una cosa extraña. Alternando con las dulzuras inefables de la unión, se sentía envuelta en una noche espantosa, que le hacía sufrir los horrores de la agonía. De la cumbre de la luz contemplativa, caía súbitamente en el abismo rayano con la desesperación. Se veía sola, en un desierto sin fronteras, alejada de Dios y como encerrada en los sótanos del infierno.
-Durante quince años-añadió -no ha pasado un solo día sin que haya sufrido esta crisis por lo menos una hora, que para mí es un siglo.
-Entiendo-repuso el sabio examinador-; se trata de ese purgatorio espiritual que es necesario al alma para adquirir el perfecto conocimiento de sí misma. ¿Y qué es lo que os ha sucedido-añadió-al salir de esa noche infernal?

DE LA NOCHE AL MATRIMONIO MÍSTICO
-Cuando desde el fondo de los infiernos me siento trans­portada a esa luz de los abrazos del Esposo divino, mi alegría es tan completa como si ya no pudiese experimentar eclipse ninguno. Siento los ímpetus de un amor libre, que se precipita como un río después de haber derribado los obstáculos que se oponían a su curso. Sopla de nueve el viento suave de la gracia. y el ambiente se embalsama de perfumes inefables; mi alma se sumerge en el mar profundo de la divina bondad, y se trans­forma, por una metamorfosis inexplicable, en su Amado, hasta el punto de hacerse una misma cosa conmigo.
Calló Rosa avergonzada y casi asustada de lo que acababa de decir; pero una orden del presidente del tribunal la obligó a revelar todo su secreto.
-En esos momentos dichosos-dijo-me parece que mi unión con Dios ya no podrá romperse, que ya no podré perder el amor, que estoy confirmada en gracia. Es como si ya no pu­diese pecar. Se me figura-añadió con voz débil, reveladora de su turbación-que estoy diciendo herejías, pero eso es lo que siento.

Con frecuencia veo la humanidad de Jesucristo en las diferentes edades de su vida, y siempre con un rostro afable, gracioso y sonriente. También la Reina de los Cielos se digna favorecerme con su dulce y amable presencia. Y ¿esas visiones-preguntaron los doctores-¿son intelec­tuales, o imaginarias?
-No sé lo que quieren decir esas palabras-respondió la virgen-; lo único que puedo deciros es que veo pasar cerca de mi a mi Salvador, de una manera clara, aunque fugitiva, que recuerda el estallido de una estrella fugaz.

HA EXPERIMENTADO EL VALOR DE LA CRUZ
Estas son sus palabras: El divino Salvador, con inmensa majestad, dijo: todos sepan que la tribulación va seguida de la gracia, que todos se convenzan que sin el peso de la aflic­ción no se puede llegar a la cima de la gracia; que todos comprendan que la medida de los carismas aumenta en proporción con el incremento de las fatigas. Guárdense los hombres de pecar y de equivocarse: ésta es la única escala del paraíso, y sin la cruz no se encuentra el camino de subir al cielo.
Apenas escuché estas palabras, experimenté un fuerte impulso de ir en medio de las plazas, a gritar muy fuerte a toda persona de cualquier edad, sexo o condición: «Escuchad, pueblos, escuchad todos. Por mandato del Señor, con las mismas palabras de su boca, os exhorto: No podemos alcanzar la gracia, si no soportamos la aflicción, es necesario unir trabajos y fatigas para alcanzar la íntima participación en la naturaleza divina, la gloria de los hijos de Dios y la perfecta felicidad del espíritu.
El mismo ímpetu me transportaba a predicar la hermosura de la gracia divina; me sentía oprimir por la ansiedad y tenía que llorar y sollozar. Pensaba que mi alma ya no podría contenerse en la cárcel del cuerpo, y más bien, rotas sus ataduras, libre y sola y con mayor agilidad, recorrer el mundo, diciendo: -¡Ojala todos los mortales conocieran el gran don de la divina gracia, su belleza, su nobleza, su infinito precio, lo inmenso de los tesoros que alberga, cuántas riquezas, gozos y deleites! Sin duda alguna, se entregarían con suma diligencia, a la búsqueda de las penas y aflicciones. Por doquiera en el mundo, antepondrían a fortuna las molestias, las enfermedades y los padecimientos, incomparable tesoro de la gracia. Tal es la retribución y el fruto final de la paciencia. Nadie se quejaría de sus cruces y sufrimientos, si conociera cuál es la balanza con que los hombres han de ser medidos".
Habló, finalmente, de los efectos que en la mesa del eterno banquete hay un puesto para mí, y esta misma noche debo ir a ocuparlo.

MUERTE DE AMOR
"Y fijando los ojos en su ma­dre, como si quisiera recordarle aquellas fiestas de sociedad a que asistieron juntas en otro tiempo, añadió: "Debemos ser puntuales. Si no llego a la hora fijada, me cerrarían las puertas como a las vírgenes locas." Algunos momentos después, hizo en su pecho la señal de la cruz, pronunció tres veces con voz temblorosa el nombre del Amado y se fue a cultivar los rosales que no se marchitan. Muerta, aparecía hermosa, radiante, son­riente, como en vida. La ciudad entera desfiló por su casa para ver el prodigio, tocando rosarios a sus carnes virginales, be­sando sus pies y sus manos y su rostro, cortando su túnica y su velo, y llevándose, como recuerdo suyo, las flores de su jar­dín. "Esta virgen no está muerta, sino dormida", decía la mul­titud; y fue preciso enterrarla de noche para contener los ím­petus de la devoción popular. Dice San Juan de la Cruz, que estas almas que mueren de amor, entran en el mar de Dios y son como el cisne que nunca canta, pero cuando muere es tan melodioso su cantar que transporta a las riberas de la Patria de donde ya se oyen los cantares.
CUANDO EL PUEBLO SE ENTERA.
Al saberse la noticia de su muerte, toda Lima se conmocionó y quería ver a la que ya aclamaban como "su santa". Transcurrieron días sin poder sepultar el sagrado cuerpo por las interminables visitas de toda la población, y su cuerpo, sin manifestar señales de corrupción permanecía lozano y sereno como en el mismo instante de su partida al cielo.
Desde el Virrey, la Real Audiencia, el arzobispo, el clero, el cabildo, todas las familias religiosas y autoridades hasta el último de los limeños se hicieron presentes en las pompas fúnebres.
Entonces según consta en los archivos de su proceso de canonización, se sucedieron incontables curaciones milagrosas al sólo contacto con su bendito cuerpo o con sólo invocar su nombre. Milagros de todo tipo se sucedieron. Era la canonización anticipada. Testifica fray Antonio Rodríguez: “Si el sumo Pontífice se hallara en la muerte de la dicha sierva de Dios... y viera el innumerable concurso de gente que iba a ver el cuerpo y venerarle por santa, sin más averiguación la canonizara, y que en esta opinión de santa está hoy y ha estado siempre”.
Por fin el día 4 de septiembre se pudo hacer el funeral. Al coincidir este día con el de santa Rosa de Viterbo, la gente se admiró y tomó este gesto como señal divina y anticipada de su elevación a los altares.

SU CANONIZACIÓN
“Concluidos en 1632 los procesos ordinarios y apostólicos para la beatificación y canonización de la sierva de Dios... con dispensa concedida por Alejandro VII el 24 de septiembre de 1664, se apresuraron los despachos. Clemente IX suscribió el decreto de beatificación en Santa Sabina de Roma el 12 de marzo de 1668; y dos años después, el 11 de agosto de 1670, Clemente X la declaró patrona de América, Indias y Filipinas, y le otorgaba los honores de la canonización el 12 de Abril de 1671” .
Muy pronto la fama de su santidad sería mundial y su testimonio de vida impulsaría a san Antonio María Claret, a la beata ecuatoriana Narcisa y a la santa Marianita de Quito. Su figura tuvo una gran influencia para la identidad católica americana. (Ha sido necesario tomar algunas notas del Arzobispado de Lima para asegurar la garantía de su autenticidad).
JESUS MARTI BALLESTER

miércoles, 26 de agosto de 2009

SANTA MÓNICA

Madre, Viuda
Mónica significa: "dedicada a la oración y a la vida espiritual".
Patrona de las mujeres casadas y modelo de las madres cristianas.
Nació en Tagaste (África) el año 331, de familia cristiana. Muy joven, fue dada en matrimonio a un hombre llamado Patricio, del que tuvo varios hijos, entre ellos San Agustín, cuya conversión le costó muchas lágrimas y oraciones. Fue un modelo de madres; alimentó su fe con la oración y la embelleció con sus virtudes. Murió en Ostia el año 387.
Alcancemos la sabiduría eterna: San Agustín relata la muerte de Sta. Mónica, su madre.


LA IGLESIA venera a Santa Mónica, esposa y viuda. Su único hijo fue San Agustín, doctor de la Iglesia. Su ejemplo y oraciones por su hijo fueron decisivas. El mismo San Agustín escribe en sus Confesiones: "Ella me engendró sea con su carne para que viniera a la luz del tiempo, sea con su corazón, para que naciera a la luz de la eternidad" Por su parte, San Agustín es la principal fuente sobre la vida de Santa Mónica, en especial sus Confesiones, lib. IX.

Mónica nació en África del Norte, probablemente en Tagaste, a cien kilómetros de Cartago, en el año 332.

Sus padres, que eran cristianos, confiaron la educación de la niña a una institutriz muy estricta. No les permitía beber agua entre comidas para así enseñarles a dominar sus deseos. Mas tarde Mónica hizo caso omiso de aquel entrenamiento y cuando debía traer vino de la bodega tomaba a escondidas. Cierto día un esclavo que la había visto beber y con quien Mónica tuvo un altercado, la llamó "borracha". La joven sintió tal vergüenza, que no volvió a ceder jamás a la tentación. A lo que parece, desde el día de su bautismo, que tuvo lugar poco después de aquel incidente, llevó una vida ejemplar en todos sentidos.




Cuando llegó a la edad de contraer matrimonio, sus padres la casaron con un ciudadano de Tagaste, llamado Patricio. Era éste un pagano que no carecía de cualidades, pero era de temperamento muy violento y vida disoluta. Mónica le perdonó muchas cosas y lo soportó con la paciencia de un carácter fuerte y bien disciplinado. Por su parte, Patricio, aunque criticaba la piedad de su esposa y su liberalidad para con los pobres, la respetó y, ni en sus peores explosiones de cólera, levantó la mano contra ella.

Mónica explicó su sabiduría sobre la convivencia en el hogar: "Es que cuando mi esposo está de mal genio, yo me esfuerzo por estar de buen genio. Cuando el grita, yo me callo. Y como para pelear se necesitan dos, y yo no acepto la pelea, pues… no peleamos". Esta fórmula se ha hecho célebre en el mundo y ha servido a millones de mujeres para mantener la paz en casa.

Mónica recomendaba a otras mujeres casadas, que se quejaban de la conducta de sus maridos, que cuidasen de dominar la lengua por ser esta causante en gran parte de los problemas en la casa. Mónica, por su parte, con su ejemplo y oraciones, logró convertir al cristianismo, no sólo a su esposo, sino también a su suegra, mujer de carácter difícil, cuya presencia constante en el hogar de su hijo había dificultado aún más la vida de Mónica. Patricio murió santamente en 371, al año siguiente de su bautismo.

Tres de sus hijos habían sobrevivido, Agustín, Navigio, y una hija cuyo nombre ignoramos. Agustín era extraordinariamente inteligente, por lo que habían decidido darle la mejor educación posible. Pero el carácter caprichoso, egoísta e indolente del joven haba hecho sufrir mucho a su madre. Agustín había sido catecúmeno en la adolescencia y, durante una enfermedad que le había puesto a las puertas de la muerte, estuvo a punto de recibir el bautismo; pero al recuperar rápidamente la salud, propuso el cumplimiento de sus buenos propósitos. Cuando murió su padre, Agustín tenía diecisiete años y estudiaba retórica en Cartago. Dos años más tarde, Mónica tuvo la enorme pena de saber que su hijo llevaba una vida disoluta y había abrazado la herejía maniquea. Cuando Agustín volvió a Tagaste, Mónica le cerró las puertas de su casa, durante algún tiempo, para no oír las blasfemias del joven. Pero una consoladora visión que tuvo, la hizo tratar menos severamente a su hijo. Soñó, en efecto, que se hallaba en el bosque, llorando la caída de Agustín, cuando se le acercó un personaje resplandeciente y le preguntó la causa de su pena. Después de escucharla, le dijo que secase sus lágrimas y añadió: "Tu hijo está contigo". Mónica volvió los ojos hacia el sitio que le señalaba y vio a Agustín a su lado. Cuando Mónica contó a Agustín el sueño, el joven respondió con desenvoltura que Mónica no tenía más que renunciar al cristianismo para estar con él; pero la santa respondió al punto: "No se me dijo que yo estaba contigo, sino que tú estabas conmigo".

Esta hábil respuesta impresionó mucho a Agustín, quien más tarde la consideraba como una inspiración del cielo. La escena que acabamos de narrar, tuvo lugar hacia fines del año 337, es decir, casi nueve años antes de la conversión de Agustín. En todo ese tiempo, Mónica no dejó de orar y llorar por su hijo, de ayunar y velar, de rogar a los miembros del clero que discutiesen con él, por más que éstos le aseguraban que era inútil hacerlo, dadas las disposiciones de Agustín. Un obispo, que había sido maniqueo, respondió sabiamente a las súplicas de Mónica: "Vuestro hijo está actualmente obstinado en el error, pero ya vendrá la hora de Dios". Como Mónica siguiese insistiendo, el obispo pronunció las famosas palabras: "Estad tranquila, es imposible que se pierda el hijo de tantas lágrimas". La respuesta del obispo y el recuerdo de la visión eran el único consuelo de Mónica, pues Agustín no daba la menor señal de arrepentimiento.

Cuando tenía veintinueve años, el joven decidió ir a Roma a enseñar la retórica. Aunque Mónica se opuso al plan, pues temía que no hiciese sino retardar la conversión de su hijo, estaba dispuesta a acompañarle si era necesario. Fue con él al puerto en que iba a embarcarse; pero Agustín, que estaba determinado a partir solo, recurrió a una vil estratagema. Fingiendo que iba simplemente a despedir a un amigo, dejó a su madre orando en la iglesia de San Cipriano y se embarcó sin ella. Más tarde, escribió en las "Confesiones": "Me atreví a engañarla, precisamente cuando ella lloraba y oraba por mí". Muy afligida por la conducta de su hijo, Mónica no dejó por ello de embarcarse para Roma; pero al llegar a esa ciudad, se enteró de que Agustín había partido ya para Milán. En Milán conoció Agustín al gran obispo San Ambrosio. Cuando Mónica llegó a Milán, tuvo el indecible consuelo de oír de boca de su hijo que había renunciado al maniqueísmo, aunque todavía no abrazaba el cristianismo. La santa, llena de confianza, pensó que lo haría, sin duda, antes de que ella muriese.

En San Ambrosio, por quien sentía la gratitud que se puede imaginar, Mónica encontró a un verdadero padre. Siguió fielmente sus consejos, abandonó algunas prácticas a las que estaba acostumbrada, como la de llevar vino, legumbres y pan a las tumbas de los mártires; había empezado a hacerlo así, en Milán, como lo hacía antes en África; pero en cuanto supo que San Ambrosio lo haba prohibido porque daba lugar a algunos excesos y recordaba las "parentalia" paganas, renunció a las costumbres. San Agustín hace notar que tal vez no hubiese cedido tan fácilmente de no haberse tratado de San Ambrosio. En Tagaste Mónica observaba el ayuno del sábado, como se acostumbraba en África y en Roma. Viendo que la práctica de Milán era diferente, pidió a Agustín que preguntase a San Ambrosio lo que debía hacer. La respuesta del santo ha sido incorporada al derecho canónico: "Cuando estoy aquí no ayuno los sábados; en cambio, ayuno los sábados cuando estoy en Roma. Haz lo mismo y atente siempre a la costumbre de la iglesia del sitio en que te halles". Por su parte, San Ambrosio tenía a Mónica en gran estima y no se cansaba de alabarla ante su hijo. Lo mismo en Milán que en Tagaste, Mónica se contaba entre las más devotas cristianas; cuando la reina madre, Justina, empezó a perseguir a San Ambrosio, Mónica fue una de las que hicieron largas vigilias por la paz del obispo y se mostró pronta a morir por él.



Finalmente, en agosto del año 386, llegó el ansiado momento en que Agustín anunció su completa conversión al catolicismo. Desde algún tiempo antes, Mónica había tratado de arreglarle un matrimonio conveniente, pero Agustín declaró que pensaba permanecer célibe toda su vida. Durante las vacaciones de la época de la cosecha, se retiró con su madre y algunos amigos a la casa de verano de uno de ellos, que se llamaba Verecundo, en Casiciaco. El santo ha dejado escrita en sus "confesiones" algunas de las conversaciones espirituales y filosóficas en que pasó el tiempo de su preparación para el bautismo. Mónica tomaba parte en esas conversaciones, en las que demostraba extraordinaria penetración y buen juicio y un conocimiento poco común de la Sagrada Escritura. En la Pascua del año 387, San Ambrosio bautizó a San Agustín y a varios de sus amigos. El grupo decidió partir al África y con ese propósito, los catecúmenos se trasladaron a Ostia, a esperar un barco. Pero ahí se quedaron, porque la vida de Mónica tocaba a su fin, aunque sólo ella lo sabía. Poco antes de su última enfermedad, había dicho a Agustín: "Hijo, ya nada de este mundo me deleita. Ya no sé cual es mi misión en la tierra ni por qué me deja Dios vivir, pues todas mis esperanzas han sido colmadas. Mi único deseo era vivir hasta verte católico e hijo de Dios. Dios me ha concedido más de lo que yo le había pedido, ahora que has renunciado a la felicidad terrena y te has consagrado a su servicio".

En Ostia se registran los últimos coloquios entre madre e hijo, de los que podemos deducir la gran nobleza de alma de esta incomparable mujer, de no común inteligencia ya que podía intercambiar pensamientos tan elevados con Agustín: "Sucedió, escribe en el capítulo noveno de las Confesiones, que ella y yo nos encontramos solos, apoyados en la ventana, que daba hacia el jardín interno de la casa en donde nos hospedábamos, en Ostia. Hablábamos entre nosotros, con infinita dulzura, olvidando el pasado y lanzándonos hacia el futuro, y buscábamos juntos, en presencia de la verdad, cual sería la eterna vida de los santos, vida que ni ojo vio ni oído oyó, y que nunca penetró en el corazón del hombre".

Lo último que pidió a sus dos hijos fue que no se olvidaran de rezar por el descanso de su alma.

Mónica había querido que la enterrasen junto a su esposo. Por eso, un día en que hablaba con entusiasmo de la felicidad de acercarse a la muerte, alguien le preguntó si no le daba pena pensar que sería sepultada tan lejos de su patria. La santa replicó: "No hay sitio que esté lejos de Dios, de suerte que no tengo por qué temer que Dios no encuentre mi cuerpo para resucitarlo". Cinco días más tarde, cayó gravemente enferma. Al cabo de nueve días de sufrimientos, fue a recibir el premio celestial, a los cincuenta y cinco años de edad. Era el año 387. Agustín le cerró los ojos y contuvo sus lágrimas y las de su hijo Adeodato, pues consideraba como una ofensa llorar por quien había muerto tan santamente. Pero, en cuanto se halló solo y se puso a reflexionar sobre el cariño de su madre, lloró amargamente. El santo escribió: "Si alguien me critica por haber llorado menos de una hora a la madre que lloró muchos años para obtener que yo me consagre a Ti, Señor, no permitas que se burle de mí; y, si es un hombre caritativo, haz que me ayude a llorar mis pecados en Tu presencia". En las "Confesiones", Agustín pide a los lectores que rueguen por Mónica y Patricio. Pero en realidad, son los fieles los que se han encomendado, desde hace muchos siglos, a las oraciones de Mónica, patrona de las mujeres casadas y modelo de las madres cristianas.

martes, 25 de agosto de 2009

SAN LUIS REY DE FRANCIA


Un mes después de morir Francisco de Asís (1226), un niño de doce años se convertiría en rey de Francia: Luis, el noveno de tal nombre. Con este rey, terciario franciscano, el espíritu evangélico iba a animar la vida de un jefe de Estado cristiano. Tuvo por misión el presentar a sus contemporáneos la imagen del seglar que «busca ante todo el reino de Dios en medio de las ocupaciones temporales». Fue ejemplar en su vida de oración, de mortificación y amor fraterno hacia los más desheredados, así como esposo ejemplar en una unión llena de afecto, e la que a su esposa le costaba a veces caminar al mismo paso que él. Padre ejemplar de una familia de once hijos.


jefe modélico en el cumplimiento de su «oficio de rey», como dirá más tarde Luis XIV: justo para con todos, soberano cuidadoso de respetar los derechos de sus vasallos y de hacer que éstos respetasen los de la Corona, caballero que sabía manejar la espada al servicio del derecho. Por tal motivo, él, un príncipe que solía repetir:«Benditos, benditos los que siembran la paz», había de hacer la guerra para arrebatar la Santa Jerusalén de las manos de los infieles y morir en la tienda de campaña como un soldado (1270). Al leer el programa de gobierno cristiano que trazara Santo Tomás de Aquino, no se puede olvidar que, al tiempo que Tomás enseñaba en París, el rey de Francia se llamaba Luis IX. El teólogo tenía ante sus ojos su modelo.
Si tuviéramos que elegir una palabra para describir al rey Luis IX de Francia, podría ser la de «justo». Durante su reinado prohibió la usura, comenzó un sistema de juicio con testigos en vez de batallas para determinar el veredicto, e instituyó los archivos escritos de la corte. Una vez en que tres niños fueron colgados por un conde por cazar conejos en sus tierras, el rey Luis ordenó que fuera juzgado por jueces ordinarios, no por otros nobles. Los jueces condenaron a muerte al conde. El rey Luis, que era tan compasivo como justo, conmutó la sentencia por la de una enorme multa, que hizo perder al conde la mayor parte de sus posesiones. El rey entregó entonces todas esas riquezas a la caridad.



Aunque «justicia» y «juzgar» deriven ambas de la palabra latina que significa ley, tienen significados bastante diferentes. Justicia deriva del latín justicia, que significa recto, mientras que juzgar proviene de las palabras latinas jus (ley) y dicere (decir). Cuando juzgas, estás literalmente «diciendo la ley». No hay lugar para la misericordia o las circunstancias mitigantes. Cuando ejerces la justicia, tomas decisiones correctas, basadas no en la letra de la ley sino en su espíritu.
El rey Luis fue conocido por su justicia, no por su juicio. Incluso cuando el juicio pudiera demandar la represalia más dura, como la muerte del conde, la justicia puede permitir la misericordia. Como el rey Luis, necesitamos saber cuándo se requiere el juicio... y cuándo debería prevalecer la justicia.

SAN JOSÉ DE CALASANZ


Fundador de los Escolapios. Año 1648.
Un cardenal que después fue Sumo Pontífice, llamó a San José Calasanz "un segundo Job" porque tuvo que sufrir persecuciones como el santo Job de lo Biblia.

Nuestro santo fue sepultado un 26 de agosto del año 1648.

Nació en Aragón, España, en 1557, hijo del gobernador de la región.

Su padre deseaba que fuera militar, pero los religiosos que lo instruyeron en su niñez lo entusiasmaron por la vida sacerdotal, y pidió que le dejaran hacer estudios eclesiásticos. Desde muy pequeño su gran deseo era poder alejar el mal y el pecado de las almas de los demás.

En el colegio se burlaban de él los compañeros, porque les perecía demasiado piadoso, pero poco a poco con su amabilidad los fue ganando a su favor.

Siendo universitario tuvo que huir de la ciudad donde estudiaba porque una mujer joven pretendía hacerlo pecar. Imitaba así a José el de la Biblia, que prefirió perder cualquier amistad aunque fuera de persona de alta clase social, con tal de no ofender a Dios.

Su padre deseaba que José fuera el heredero administrador de sus muchos bienes y riquezas. Pero en una gravísima enfermedad, el joven le prometió a Dios que si le concedía la curación, se dedicaría únicamente a trabajar por la salvación de las almas. El joven curó de la enfermedad, y entonces el papá le permitió cumplir su promesa, y fue ordenado sacerdote. Ya antes se había graduado de doctor en la universidad de Alcalá.
Cargos importantes. Como tenía fama de gran santidad y de mucha sabiduría, el señor obispo le fue concediendo puestos de mucha responsabilidad. Primero lo envío a una región montañosa donde la gente era casi salvaje y muy ignorante en religión. Allá, entre nieves y barrizales y por caminos peligrosos, se propuso visitar familia por familia para enseñarles la religión y el cambio total.

En Barcelona existía una terrible pelea entre dos familias de las principales de la ciudad, con grave peligro de matanzas. San José fue enviado a poner la paz y logró que se casara un joven de una de las familias con una muchacha de la familia contraria y así volvió a ver paz entre los que antes eran enemigos.

El señor obispo de Urgel lo nombró su vicario general, el más alto puesto en la diócesis después del prelado.

Renuncia a todo. Pero él sentía una voz en su interior que le decía: "¡Váyase a Roma! ¡Váyase a Roma!" Y en sueños veía multitudes de niños desamparados que le suplicaban se dedicara a educarlos. Así que renunciado a sus altos puestos, y repartiendo entre los pobres las grandes riquezas que había heredado de sus padres, se dirigió a pie a la Ciudad Eterna.



Educador de los pobres. En Roma se hizo socio de una cofradía que se dedicaba a enseñar catecismo a los niños y se dio cuenta de que la ignorancia religiosa era total y que no bastaba con enseñar religión los domingos, sino que era necesario fundar escuelas para que los jovencitos tuvieran educación e instrucción durante la semana. En ese tiempo los gobiernos no tenían ni escuelas ni colegios, y la juventud crecía sin instrucción. Se reunió con unos sacerdotes amigos y fundó entonces su primera escuela en Roma. Su fin era instruir en la religión y formar buenos ciudadanos. Pronto tuvieron ya cien alumnos. Tenían que conseguir profesores y edificio, porque los gobiernos no costeaban nada de eso. Pronto fueron llegando nuevos colaboradores y los alumnos fueron ya setecientos. Más tarde eran ya mil los jóvenes que estudiaban en las escuelas dirigidas por José y su amigos. En sus ratos libres se dedicaban a socorrer enfermos y necesitados, especialmente cuando llegaban la peste o las inundaciones. Con su amigo San Camilo eran incansables en ayudar.

Los escolapios. A sus institutos educativos les puso por nombre "Escuelas Pías" y los padres que acompañaban al padre Calasanz se llamaron Escolapios. Después de un par de años ya había "Escuelas Pías" en muchos sitios de Italia y en muchos países. Ahora los padres Escolapios tienen 205 casas en el mundo, dedicadas a la educación, con 1630 religiosos. Son estimadísimos como educadores.

Visitas repentinas e inesperadas. Los envidiosos empezaron a hacer llegar quejas contra las Escuelas Pías, y el Sumo Pontífice Clemente VIII envió a los sabios Cardenales Baronio y Antoniani a que hicieran una visita sorpresa a las tales escuelas. Los dos cardenales se presentaron repentinamente sin previo aviso y encontraron que todo funcionaba tan sumamente bien, que el Papa al escuchar su excelente informe se propuso ayudarlas mucho más en adelante. Algo parecido hizo más tarde el Papa Paulo V y al darse cuenta de los bien que funcionaban las escuelas del padre Calasanz, le concedió toda su ayuda. Y en verdad que la necesitaba porque las dificultades que se les presentaban eran muy grandes.

Empiezas los dolores. El padre Calasanz tenía una gran fuerza y un día se echó sobre sus espaldas una pesadísima campana y se subió por una escalera para llevarla a la torre. Pero la escalera se partió y él cayó con la campana y se rompió una pierna. Duró varios meses en cama entre la vida y la muerte y desde entonces su falta de salud lo hizo sufrir mucho. Pero los mayores sufrimientos le iban a llegar de otra manera totalmente inesperada.

La persecución. Recibió el padre Calasanz como colaborador a un hombre ambicioso y lleno de envidia, el cual se propuso hacerle la guerra y quitarle el cargo de Superior General. Por las calumnias de este hombre y de varios más, nuestro santo fue llevado a los tribunales y solamente la intervención de un cardenal obtuvo que no lo echaran a la cárcel. Él repetía: "Me acusan de cosas que no he hecho, pero yo dejo a Dios mi defensa". El envidioso logró a base de calumnias que a San José Calasanz le quitaran el cargo de Superior General, y después las acusaciones mentirosas llegaron a tal punto que la Santa Sede determinó acabar con la congregación que el santo había fundado. San José al escuchar tan triste noticia, repitió las palabras del Santo Job: "Dios me lo dio, Dios me lo quitó, bendito sea Dios".

Afortunadamente, después se supo la verdad y al Fundador le fueron restituidos sus cargos y la Comunidad volvió a ser aprobada y ahora está extendida por todo el mundo.

Dicen que San Alfonso de Ligorio cuando estaba fundando la Congregación de Padres Redentoristas, y encontraba fuertes dificultades y oposiciones, leía la vida de San José de Calasanz para animarse y seguir luchando hasta conseguir la definitiva aprobación.

El 25 de agosto del año 1648, a la edad de 92 años pasó este gran apóstol a la eternidad, a recibir el premio de sus grandes obras apostólicas y de sus muchísimos sufrimientos. Que Dios nos mande siempre muchos educadores como él, y que su ejemplo nos lleve a recordar aquel famoso dicho de Jesucristo: "Es necesario padecer en la tierra, para entrar en la gloria eterna". (Lc. 24,26).

lunes, 24 de agosto de 2009

SANTO ROSARIO EN AUDIO

TODOS LOS SANTOS HAN REZADO MUCHO EL ROSARIO Y HAN TENIDO MUCHA DEVOCIÓN A LA NTÍSIMA VIRGEN.

SAN BARTOLOMÉ APÓSTOL DE JESÚS

MARTIRIO DE SAN BARTOLOMÉ


A este santo (que fue uno de los doce apóstoles de Jesús) lo pintaban los antiguos con la piel en sus brazos como quien lleva un abrigo, porque la tradición cuenta que su martirio consistió en que le arrancaron la piel de su cuerpo, estando él aún vivo.

Parece que Bartolomé es un sobrenombre o segundo nombre que le fue añadido a su antiguo nombre que era Natanael (que significa "regalo de Dios") Muchos autores creen que el personaje que el evangelista San Juan llama Natanael, es el mismo que otros evangelistas llaman Bartolomé. Porque San Mateo, San Lucas y San Marcos cuando nombran al apóstol Felipe, le colocan como compañero de Felipe a Natanael.

El encuentro más grande de su vida

El día en que Natanael o Bartolomé se encontró por primera vez a Jesús fue para toda su vida una fecha memorable, totalmente inolvidable. El evangelio de San Juan la narra de la siguiente manera: "Jesús se encontró a Felipe y le dijo: "Sígueme". Felipe se encontró a Natanael y le dijo: "Hemos encontrado a aquél a quien anunciaron Moisés y los profetas. Es Jesús de Nazaret". Natanael le respondió: " ¿Es que de Nazaret puede salir algo bueno?" Felipe le dijo: "Ven y verás". Vio Jesús que se acercaba Natanael y dijo de él: "Ahí tienen a un israelita de verdad, en quien no hay engaño" Natanael le preguntó: "¿Desde cuando me conoces?" Le respondió Jesús: "antes de que Felipe te llamara, cuando tú estabas allá debajo del árbol, yo te vi". Le respondió Natanael: "Maestro, Tú eres el Hijo de Dios, Tú eres el Rey de Israel". Jesús le contestó: "Por haber dicho que te vi debajo del árbol, ¿crees? Te aseguró que verás a los ángeles del cielo bajar y subir alrededor del Hijo del
Hombre." (Jn. 1,43 )



Felipe, lo primero que hizo al experimentar el enorme gozo de ser discípulo de Jesús fue ir a invitar a un gran amigo a que se hiciera también seguidor de tan excelente maestro. Era una antorcha que encendía a otra antorcha. Pero nuestro santo al oír que Jesús era de Nazaret (aunque no era de ese pueblo sino de Belén, pero la gente creía que había nacido allí) se extrañó, porque aquél era uno de los más pequeños e ignorados pueblecitos del país, que ni siquiera aparecía en los mapas. Felipe no le discutió a su pregunta pesimista sino solamente le hizo una propuesta: "¡Ven y verás que gran profeta es!"

Una revelación que lo convenció. Y tan pronto como Jesús vio que nuestro santo se le acercaba, dijo de él un elogio que cualquiera de nosotros envidiaría: "Este si que es un verdadero israelita, en el cual no hay engaño". El joven discípulo se admira y le pregunta desde cuándo lo conoce , y el Divino Maestro le añade algo que le va a conmover: "Allá, debajo de un árbol estabas pensando qué sería de tu vida futura. Pensabas: ¿Qué querrá Dios que yo sea y que yo haga? Cuando estabas allá en esos pensamientos, yo te estaba observando y viendo lo que pensabas". Aquélla revelación lo impresionó profundamente y lo convenció de que este sí era un verdadero profeta y un gran amigo de Dios y emocionado exclamó: "¡Maestro, Tú eres el hijo de Dios! ¡Tú eres el Rey de Israel! ¡Maravillosa proclamación! Probablemente estaba meditando muy seriamente allá abajo del árbol y pidiéndole a Dios que le iluminara lo que debía de hacer en el futuro, y ahora viene Jesús a decirle que El leyó sus pensamientos. Esto lo convenció de que se hallaba ante un verdadero profeta, un hombre de Dios que hasta leía los pensamientos. Y el Redentor le añadió una noticia muy halagadora.. Los israelitas se sabían de memoria la historia de su antepasado Jacob, el cuál una noche, desterrado de su casa, se durmió junto a un árbol y vio una escalera que unía la tierra con el cielo y montones de ángeles que bajaban y subían por esa escalera misteriosa. Jesús explica a su nuevo amigo que un día verá a esos mismos ángeles rodear al Hijo del Hombre, a ese salvador del mundo, y acompañarlo, al subir glorioso a las alturas.



Desde entonces nuestro santo fue un discípulo incondicional de este enviado de Dios, Cristo Jesús que tenía poderes y sabiduría del todo sobrenaturales. Con los otros 11 apóstoles presenció los admirables milagros de Jesús, oyó sus sublimes enseñanzas y recibió el Espíritu Santo en forma de lenguas de fuego.

El libro muy antiguo, y muy venerado, llamado el Martirologio Romano, resume así la vida posterior del santo de hoy: "San Bartolomé predicó el evangelio en la India. Después pasó a Armenia y allí convirtió a muchas gentes. Los enemigos de nuestra religión lo martirizaron quitándole la piel, y después le cortaron la cabeza".

Para San Bartolomé, como para nosotros, la santidad no se basa en hacer milagros, ni en deslumbrar a otros con hazañas extraordinarias, sino en dedicar la vida a amar a Dios, a hacer conocer y amar mas a Jesucristo, y a propagar su santa religión, y en tener una constante caridad con los demás y tratar de hacer a todos el mayor bien posible.

Muy estimado San Bartolomé: Pídele a Jesús que logremos imitarte en tu amor inmenso al Redentor y en tu manera de dedicarte por completo a hacer amar más a Dios y a salvar la propia alma y las almas de muchos otros.

CATEDRAL DE SAN BARTOLOMÉ EN LOGROÑO

TÚ TAMBIEN PUEDES SER SANTO

TÚ TAMBIEN PUEDES SER SANTO

Etiquetas








TÚ TAMBIEN PUEDES SER SANTO.

TÚ TAMBIEN PUEDES SER SANTO.

VIRGEN CON CUATRO SANTOS

VIRGEN CON CUATRO SANTOS
Como el océano recibe todas las aguas, así María recibe todas las gracias. Como todos los ríos se precipitan en el mar, así las gracias que tuvieron los ángeles, los patriarcas, los profetas, los apóstoles, los mártires, los confesores y las vírgenes se reunieron en María

Archivo del blog