Voy a resumir en que consiste la intercesión. Señalo que para garantizar la correción doctrinal, el contenido de esta página ha sido revisado por el P. Jorge Loring S.I.
Según la Real Academia de la Lengua Española, la definición de interceder es: “Hablar en favor de alguien para conseguirle un bien o librarlo de un mal”.
En eso mismo consiste la intercesión, alguien interviene comunicando algo a otro.
Al rezar podemos pedir directamente a Dios, pero también podemos utilizar a alguien que comunique nuestras peticiones a Dios.
Se suele pedir la intercesión de: la Virgen María, los Ángeles y los Santos. Encuentra su apoyo en muchos pasajes de la Biblia (Tob. 12, 12, Tob. 13, 18 Jn 2, 1-9." Lc 16,24 Mt. 18, 10 Ap. 5, 8 Ap. 8, 3-4)
Hay que tener clara una distinción, los cristianos:
-Adoramos a Dios. Adoración consiste en someterse completamente a una persona, reconocida como Ser Supremo. Por lo tanto este culto se debe sólo a Dios.
-Veneramos a la Virgen María, los Ángeles y los Santos. Veneración consiste en rendir homenaje a una persona por algún mérito especial.
El Nuevo Catecismo dice:
956 La intercesión de los santos. "Por el hecho de que los del cielo están más íntimamente unidos con Cristo, consolidan más firmemente a toda la Iglesia en la santidad...no dejan de interceder por nosotros ante el Padre. Presentan por medio del único Mediador entre Dios y los hombres, Cristo Jesús, los méritos que adquirieron en la tierra... Su solicitud fraterna ayuda, pues, mucho a nuestra debilidad" (LG 49):
No lloréis, os seré más útil después de mi muerte y os ayudaré más eficazmente que durante mi vida (Santo Domingo, moribundo, a sus hermanos, cf. Jordán de Sajonia, lib 43).
Pasaré mi cielo haciendo el bien sobre la tierra (Santa Teresa del Niño Jesús, verba).
Para terminar, pondremos un ejemplo, nosotros pedimos a San José de Cupertino que comunique nuestro deseo de aprobar (nosotros mismos u otra persona) unos exámenes; pero es Dios quien realiza el milagro, no el Santo. Y realiza Dios el milagro para honrar a los Santos que han sido seguidores de su voluntad, para fortalecer la fe de los testigos del milagro y para impulsarlos a seguir el ejemplo de los Santos.
Acordaos, ¡oh piadosísima Virgen María!, que jamás se ha oído decir, que ninguno de los que han acudido a vuestra protección, implorado vuestra asistencia y reclamado vuestro socorro, haya sido abandonado de Vos. Animado con esta confianza, a Vos también acudo, ¡oh Madre, Virgen de las vírgenes!, y aunque gimiendo bajo el peso de mis pecados, me atrevo a aparecer ante vuestra presencia soberana. No desechéis, ¡oh Madre de Dios!, mis humildes súplicas, antes bien, inclinad a ellas vuestros oídos y dignaos atenderlas favorablemente. Amén.
(1090-1153)4/20/08 Nació en Borgoña (Francia) en el año 1.090, en el Castillo Fontaines-les-Dijon. Sus padres eran los señores del Castillo y fue educado junto a sus siete hermanos como correspondía a la nobleza, recibiendo una excelente formación en latín, literatura y religión. San Bernardo es, cronológicamente, el último de los Padres de la Iglesia, pero es uno de los que más impacto ha tenido en ella. Fue declarado Santo en 1.173 por el Papa Alejandro III. Posteriormente, fue declarado Doctor de la Iglesia. Bernardo tenía un extraordinario carisma de atraer a todos para Cristo. Amable, simpático, inteligente, bondadoso y alegre, incluso muy apuesto, pues sabemos que su hermana Humbelina le llamaba cariñosamente con el apelativo de "ojos grandes". Durante algún tiempo se enfrió en su fervor y empezó a inclinarse hacia lo mundano. Pero las amistades mundanas, por más atractivas y brillantes que fueran, lo dejaban vacío y lleno de hastío. Después de cada fiesta se sentía más desilusionado del mundo y de sus placeres. Una noche de Navidad, mientras celebraban las ceremonias religiosas en el templo, se quedó dormido y le pareció ver al Niño Jesús en Belén en brazos de María, y que la Santa Madre le ofrecía a su Hijo para que lo amara y lo hiciera amar mucho por los demás.
Desde este día ya no pensó sino en consagrarse a la religión y al apostolado. Un hombre que arrastra con todo lo que encuentra, Bernardo se fue al convento de monjes benedictinos llamado Cister, y pidió ser admitido. El superior, San Esteban Harding lo aceptó con gran alegría. Bernardo volvió a su familia a contar la noticia y todos se opusieron. Los amigos le decían que esto era desperdiciar una gran personalidad para ir a sepultarse vivo en un convento. La familia no aceptaba de ninguna manera. Pero Bernardo les habló tan maravillosamente de las ventajas y cualidades que tiene la vida religiosa, que logró llevarse al convento a sus cuatro hermanos mayores, a su tío y 30 compañeros de la Nobleza que dejaron todo para unirse a Cristo . Dicen que cuando llamaron a Nirvardo el hermano menor para anunciarle que se iban de religiosos, el muchacho les respondió: "¡Ajá! ¿Con que ustedes se van a ganarse el cielo, y a mí me dejan aquí en la tierra? Esto no lo puedo aceptar". Y un tiempo después, también él se hizo religioso del Cister. Antes de entrar al monasterio, Bernardo llevó a su finca a todos los que deseaban entrar al convento para prepararlos durante varias semanas, entrenándolos acerca del modo de cómo debían comportarse para ser unos fervorosos religiosos. En el año 1112, a la edad de 22 años, entra en el monasterio de Cister. Mas tarde, habiendo muerto su madre, entra en el monasterio su padre. Su hermana Humbelina y su cuñado, de mutuo acuerdo decidieron también entrar en la vida religiosa. Posteriormente llegó también su hermana Humbelina a la gloria de los altares. Vemos en la historia la gran influencia de las relaciones tanto para bien como para mal.
presbítero y mártir. Maximiliano María (de bautismo Raimundo) nace el 1894 en Zdunska Wola, Polonia, de una familia pobre, pero rica de fe y patriotismo. Ya de joven se propuso luchar por una patria libre. Su capacidad matemático-física lo abocaba a una carrera científica. Hasta proyectó un vehículo espacial. Pero se decidió por la vida religiosa franciscana. Todavía clérigo en Roma, en 1917, fundó el movimiento apostólico Milicia de María Inmaculada, que en su vida alcanzó un millón de miembros, y a su muerte se triplicó. Se ordenó sacerdote en 1918. Y decidió «ser santo, cuanto mayor posible» por la unión con Cristo crucificado y resucitado, a quien pedía «amar hasta convertirse en víctima». Entre los medios de evangelización dio preferencia los medios masivos, como los más eficaces en la evangelización. Fundó un periódico mensual de casi un millón de ejemplares, un cotidiano y una emisora, operando desde un convento erigido con el nombre de Niepokalanów (Ciudad de la Inmaculada).
Su obra se extendió por otras naciones y él mismo la fundó en Japón. Maximiliano soñaba con el martirio por amor a Dios y la salvación de los hombres. Y el martirio llegó: deportado al campo de exterminio de Auschwitz en 1941, se ofreció a morir en lugar de un padre de familia. Por dos semanas sufrió el tormento del hambre y de la sed con otros nueve condenados, a los que animaba en los sufrimientos. Fue rematado con una inyección de veneno que lo envió al cielo el 1 de agosto de 1941. A su beatificación en 1971 asistió el hombre por él salvado, Francisco Gajowniczek. Juan Pablo II lo canonizó en 1982.
Al llegar Ponciano a la Cátedra de Pedro, en el año 230, encontró a la Iglesia dividida por un cisma, cuyo autor era el sacerdote Hipólito, un maestro afamado por su conocimiento de la Escritura y por la profundidad de su pensamiento. Hipólito no se había avenido a aceptar la elección del diácono Calixto como papa (217) y, a partir de ese momento, se había erigido en jefe de una comunidad disidente, estimando que él representaba a la tradición, en tanto que Calixto y sus sucesores cedían peligrosamente al último capricho. El año 235 estalló la persecución de Maximiano. Constatando que los cristianos de Roma se apoyaban en los dos obispos, el emperador mandó que arrestasen a ambos, y les condenó a trabajos forzados. Para que la Iglesia no se viera privada de cabeza en circunstancias tan difíciles, Ponciano renunció a su cargo e Hipólito hizo otro tanto. Deportados a Cerdeña, se unieron en una misma confesión de fe, y no tardaron en encontrar la muerte. Después de la persecución, el papa Fabián (236-250), pudo llevar a Roma los cuerpos de ambos mártires. El 13 de agosto es precisamente el aniversario de esta traslación. Pronto se echó en olvido que Hipólito había sido el autor del cisma. Sólo se tuvo presente al mártir y doctor, hasta tal punto que un dibujo del siglo IV asocia sus nombres a los de Pedro y Pablo, Sixto y Lorenzo.
Santa Clara nació en Asís el 1194, trece años después que San Francisco. Era hija de la noble familia de los Offreduccio. Clara fue "un raro cisne que cruzó el pantano sin enlodarse, una hoja de acero templado bajo el aspecto de una exquisita dulzura". Se dejó conquistar por el Amor. La virtud alegre es contagiosa, y Francisco la conquistó para Cristo. A los 18 años huye por la noche a la Porciúncula. Luego pasa a San Damián, donde vivirá hasta su muerte. Se le unen sus amigas, de sugestivos nombres: Pacífica, Benvenuta, Angelluccia, Inés. Su sobrina Amada va a participarle la fecha de su boda, y se queda con ella. Se le une su madre y su hermana. Y conquista a nobles y princesas, como la Beata Inés de Praga. "Blancas flores primaverales, que exhalaban una fragancia única". Clara, ante todo, es el fruto de la gracia de Dios. No abandona una a los dieciocho años una familia adinerada, ni ofrece su cabellera a unas inhábiles tijeras aun cuando fueran manejadas por el Hermano Francisco ni se encierra para siempre tras los muros de una casa en ruinas... sólo por amor a la poesía y a una vida sencilla. Sin embargo, tal fue el caso de Clara Offreduccio en el domingo de Ramos del año 1211 ó 1212. Sor Clara viviría en adelante a la sombra de Francisco. El amor a la pobreza le granjeó pronto unas compañeras, y se convirtió en la madre de las Damas Pobres para quienes redactó Francisco una “Fórmula de vida”. Después de la muerte del Santo, Clara tuvo que defender su ideal con obstinación para lograr del papa el “Privilegio de la pobreza”. Sentía gran amor a la Pasión del Señor, a la Eucaristía, a la Virgen. "Clara fue una huella de la Madre de Dios. Cristo renovó en Francisco su vida y su pasión. María renovó en Clara su humildad y pureza". Y pronto, en el convento de San Damián, surge la casa primera de una fundación: las Damas Pobres, las Clarisas; luz en el cuerpo y en el alma, en un ambiente íntimo de humildad y de pobreza. No quiere dispensas en la observancia; porque "hay que desligarse de las culpas, pero no de imitar a nuestro Señor Jesucristo". Así vivían, cuando pasa por Asís el ejército imperial de Federico II, en el que militan hasta 10.000 sarracenos, autores de grandes desmanes. Cuando aparecen ante el convento de San Damián, Clara les hace retirarse, presentándose ante ellos con la custodia eucarística y orando:
"No entregues, Señor, a las bestias, las almas que te alaban. Guarda a tus siervas, que redimiste con tu preciosa sangre". En la Pascua de 1253 cae enferma. La visita Inocencio IV, de paso por Asís. Escribe su Testamento: "Sed siempre enamoradas de Dios". Sus últimas palabras: "Gracias, Señor, por haberme creado". Era el 11 de agosto de 1253. Francisco la esperaría, como aquella noche en la Porciúncula, para ofrendarla al Amor. Inocencio IV preside los funerales. Su sucesor Alejandro IV la canonizó. Pío XII la nombró Patrona de la Televisión, por haber "contemplado" una noche, enferma en su lecho, la Misa de la Porciúncula.
De la ilustre familia de los Guzmán nació en Caleruega (Burgos) el 1171. Sus padres Félix de Guzmán y su madre la Beata Juana de Aza. De esta gran mujer recibió Domingo su primera educación. Cuando sólo contaba seis años fue entregado a un tío suyo, arcipreste, para que le educara en las ciencias. A los catorce años fue enviado al Estudio General de Palencia, que era el más famoso de España para que se formara en todo el saber de aquel tiempo, que abarcaba las ciencias humanas y la misma teología. Era canónigo de Osma, cuando se sintió llamado a evangelizar a las tribus nómadas de Rusia. Pero el papa Inocencio III le envió a la región de Toulouse,que sufría los embates de la herejía cátara (1206). Domingo comprendió que no conduciría a los hombres a Cristo sino predicándoles el Evangelio y viviendo en medio de ellos conforme al dicho Evangelio. Predicación y pobreza constituyeron desde entonces el alma de su acción apostólica. Al sumársele algunos compañeros, no tuvo otro programa que ofrecerles: serían Predicadores, apasionadamente solidarios de la verdad, y Mendicantes, a ejemplo de aquellos que arrastraba tras de sí Francisco de Asís. Mientras los hermanos se entregarían a esta suerte de apostolado, las hermanas les sostendrían desde la clausura con sus oraciones. El papa Honorio III aprobó tal programa en 1216. El Señor le concedió a Domingo sólo cinco años para cumplir su misión de sembrador. Durante este tiempo, Domingo peregrinó sin descanso a través de Francia, España e Italia. Una de sus religiosas trazó el siguiente retrato de Domingo: «Era de estatura mediana, cuerpo delgado, hermosos ojos, manos largas y bellas y de una voz sonora. Su cabellera se mantenía completa, salpicada, por algunos cabellos blancos. Se mostraba siempre sonriente y alegre, a no ser que le dominara la compasión por alguna aflicción del prójimo». Nos hallamos ante un hombre gigante. De él se han dicho elogios bien merecidos. He aquí algunos: "Apóstol de Francia. Gloria de España. Protector de Italia. Monje y caballero del espíritu. Alma de silencio y lengua de verdad. Cenobita y trovador del Evangelio. Ilustre fundador de la Orden de Predicadores. Dante en la Divina Comedia le llama "Esplendor de luz querúbica". Y la liturgia: "Como la estrella de la mañana, como la luna llena en el estío, como el sol refulgente, así brillas tú en la Iglesia de Dios". A él se atribuye también el origen del Santo Rosario que "como compendio del Evangelio" y "devoción de las almas sencillas y contemplativas" tanto bien ha hecho y hace a quienes lo rezan con devoción. Ya en vida gozó de gran fama de santidad no sólo por los muchos milagros que el Señor obró por su medio sino por la vida tan santa que llevaba y comunicaba a los demás. En Bolonia volaba al cielo, a los cincuenta años de edad, el 6 de agosto de 1221.
Alfonso significa: "listo para el combate". Nació cerca de Nápoles el 27 de septiembre de 1696. Sus padres fueron Don José, Marqués de Ligorio y Capitán de la Armada naval, y Doña Ana Cabalieri.
Nuestro santo fue el primogénito de siete hermanos, cuatro varones y tres niñas. Siendo aún niño fue visitado por San Francisco Jerónimo el cual lo bendijo y anunció: "Este chiquitín vivirá 90 años, será obispo y hará mucho bien".
A los 16 años, caso excepcional obtiene el grado de doctor en ambos derechos, civil y canónico, con notas sobresalientes en todos sus estudios.
Para conservar la pureza de su alma escogió un director espiritual, visitaba frecuentemente a Jesús Sacramentado, rezaba con gran devoción a la Virgen y huía como de la peste de todos los que tuvieran malas conversaciones.
Su padre, que deseaba hacer de él un brillante político, lo hizo estudiar varios idiomas modernos, aprender música, artes y detalles de la vida caballeresca. Y en su profesión de abogado iba obteniendo resaltantes triunfos. Pero todo esto no lo dejaba satisfecho, por el gran peligro que en el mundo existe de ofender a Dios.
A sus compañeros les repetía: "Amigos, en el mundo corremos peligro de condenarnos".
Más tarde escribiría: "Las vanidades del mundo están llenas de amargura y desengaños. Lo sé por propia y amarga experiencia"
Su padre quería casarlo con alguna joven de familia muy distinguida para que formara un hogar de alta clase social. Pero cada vez que le preparaban algún noviazgo, la novia tenía que exclamar: "Muy noble, muy culto, muy atento, pero... ¡Vive más en lo espiritual que en lo material!.
Hubo un pleito famoso entre el Doctor Orsini y el gran duque de Toscana. El Dr. Alfonso defendía al de Orsini. Su exposición fue maravillosa, brillante. Sumamente aplaudida. Creía haber obtenido el triunfo para su defendido. Pero apenas terminada su intervención, se le acerca el jefe de la parte contraria, le alarga un papel y le dice: "Todo lo que nos ha dicho con tanta elocuencia cae de su base ante este documento".
Alfonso lo lee, y exclama: "Señores, me he equivocado", y sale de la sala diciendo en su interior: "Mundo traidor, ya te he conocido. En adelante no te serviré ni un minuto más".
Se encierra en su cuarto y está tres días sin comer. No hace sino rezar y llorar.
Después se dedica a visitar enfermos, y un día en un hospital de incurables le parece que Jesús le dice: "Alfonso, apártate del mundo y dedícate sólo a servirme a mí". Emocionado le responde: "Señor, ¿qué queréis que yo haga?".
Y se dirige luego a la Iglesia de Nuestra Señora de la Merced y ante el sagrario hace voto de dejar el mundo. Y como señal de compromiso deja su espada ante el altar de la Sma. Virgen.
Pero tuvo que sostener una gran lucha espiritual para convencer a su padre, el cual cifraba en este hijo suyo, brillantísimo abogado, toda la esperanza del futuro de su familia. "Fonso mío - le decía llorando - ¿Cómo vas a dejar tu familia? - y él respondía: Padre, el único negocio que ahora me interesa es el de salvar almas".
Al fin, a los 30 años de edad logra ser ordenado sacerdote. Desde entonces se dedica trabajar con las gentes de los barrios más pobres de Nápoles y de otras ciudades. Reúne a los niños y a la gente humilde, al aire libre y les enseña catecismo.
Su padre que gozaba oyendo sus discursos de abogado, ahora no quiere ir a escuchar sus sencillos sermones sacerdotales. Pero un día entra por curiosidad a escucharle una de sus pláticas, y sin poderse contener exclama emocionado: "Este hijo mío me ha hecho conocer a Dios". Y esto lo repetirá después muchas veces.
Se le reunieron otros sacerdotes y con ellos, el 9 de noviembre de 1752, fundó la Congregación del Santísimo Redentor (o Padres Redentoristas). Y a imitación de Jesús se dedicaron a recorrer ciudades, pueblos y campos predicando el evangelio. Su lema era el de Jesús: "Soy enviado para evangelizar a los pobres".
Durante 30 años, con su equipo de misioneros, recorre campos, pueblos, ciudades, provincias, permaneciendo en cada sitio 10 o 15 días predicando, para que no quedara ningún grupo sin ser instruido y atendido espiritualmente.
La gente al ver su gran espíritu de sacrificio, corría a su confesionario a pedirle perdón de sus pecados. Solía decir que el predicador siembra y el confesor recoge la cosecha.
Es admirable como a San Alfonso le alcanzaba el tiempo para hacer tantas cosas. Predicaba, confesaba, preparaba misiones y escribía. Hay una explicación: Había hecho votos de no perder ni un minuto de su tiempo. Y aprovechaba este tesoro hasta lo máximo. Al morir deja 111 libros y opúsculos impresos y 2 mil manuscritos. Durante su vida vio 402 ediciones de sus obras.
Su obra ha sido traducida a 70 lenguas, y ya en vida llegó a ver más de 40 traducciones de sus escritos. Para su libro más famoso, Las Glorias de María, empezó San Alfonso a recoger materiales cuando tenía 38 años de edad, y terminó de escribirlo a los 54 años, en 1750. Su redacción le gastó 16 años.
Sus obras las escribió en sus últimos 35 años, que fueron años de terribles sufrimientos. En 1762 el Papa lo nombró obispo de Santa Agueda. Quedó aterrado y dijo que renunciaba a ese honor.Pero el Papa no le aceptó la renuncia. "Cúmplase la Voluntad de Dios. Este sufrimiento por mis pecados" - exclamó - y aceptó. Tenía 66 años.
Estuvo 13 años de obispo. Visitó cada dos años los pueblos. En cada pueblo de su diócesis hizo predicar misiones, y él predicaba el sermón de la Virgen o el de la despedida.
Vino el hambre y vendió todos sus utensilios, hasta su sombrero y anillo y la mula y el carro del obispo para dar de comer a los hambrientos.
Cuando le aceptaron su renuncia de obispo exclamó: Bendito sea Dios que me ha quitado una montaña de mis hombros.
Dios lo probó con enfermedades. Fue perdiendo la vista y el oído. "Soy medio sordo y medio ciego - decía - pero si Dios quiere que lo sea más y más, lo acepto con gusto".
Su delicia era pasar las horas junto al Santísimo Sacramento. A veces se acercaba al sagrario, tocaba a la puertecilla y decía: "¿Jesús, me oyes?"
Le encantaba que le leyeran Vidas de Santos. Un hermano tras otro pasaban a leerle por horas y horas.
Preguntaba: ¿Ya rezamos el rosario? Perdonadme, pero es que del Rosario depende mi salvación . "Traedme, a Jesucristo", decía, pidiendo la comunión.
San Alfonso muere el 1 de agosto de 1787, (Tenía 90 años).
El Papa Gregorio XVI lo declara Santo en 1839. El Papa Pío IX lo declara Doctor de la Iglesia en 1875.
Para un devoto de la Virgen ninguna lectura más provechosa que Las Glorias de María de San Alfonso.
No hay gente débil y gente fuerte en lo espiritual, sino gente que no reza y gente que sí sabe rezar. (San Alfonso)
Como el océano recibe todas las aguas, así María recibe todas las gracias. Como todos los ríos se precipitan en el mar, así las gracias que tuvieron los ángeles, los patriarcas, los profetas, los apóstoles, los mártires, los confesores y las vírgenes se reunieron en María